Escribo con premeditación,
nocturnidad y alevosía, lo reconozco… lo hago amparado por las sombras de
la noche, arropado por el silencio que me rodea, envuelto en las ideas que
quiero plasmar en estas líneas… sí, lo hago adrede, lo hago cuando la ciudad
duerme y lo hago sabiendo que no obtendré una respuesta inmediata y todo ello
me hace sentirme un delincuente, como si estuviese cometiendo un delito,
sintiendo que tengo que moverme agazapado entre portales, esquivando farolas o
las luces de vehículos… tratando de esquivar tu mirada, evitando cruzarme
contigo o, como ahora, esperando a que duermas para enviarte cuatro
pensamientos…
miércoles, diciembre 28, 2022
secretos de miel (2003, el barrio)
martes, mayo 05, 2020
22 balas (2010, Richard Berry)
Lo reconozco, desde que planteé esta idea de escribir acerca de los números, el veintidós tenía nombre y apellido… Elgin Gay Baylor… no había otra posibilidad, no existe otro veintidós más veintidós que él… quizás, podría entenderse que Baylor no es “un sí, pero no”… sinceramente creo que, a pesar de ser “Rookie of Year” [1958-59], de sus 11 Partidos de las Estrellas [incluyendo un MVP], y sus 10 inclusiones en el Quinteto Ideal de la Liga, lo es… lamentablemente, lo es…
No lo tuvo fácil, es justo reconocerlo… llega a Minneapolis [se trasladarían dos años después a Los Ángeles], último equipo de la temporada anterior, una franquicia en crisis deportiva y económica, y, no nos engañemos, Rosa Parks hace apenas dos años y medio que se sentó en un autobús en Montgomery [“provincia” de Alabama]… incluso, en una temporada descomunal [38’3 puntos y 18’6 rebotes por partido], la mejor de nadie en la historia de la NBA, lo hace mientras cumple como reservista en Seattle… entre semana, militar, los fines de semana, jugador de los Lakers…
Pero, porque siempre hay un pero en estas historias… a Elgin, jugador tremendamente físico, con penetraciones endiabladas… dos lesiones le condicionan… especialmente la segunda… primero la rodilla [cuando no había los avances actuales en medicina]… la vertiginosas entradas se transforman en tiros alejados… la segunda, el tendón de Aquiles le deja a punto de la retirada… entre su debut, y su retirada… OCHO finales perdidas [siete contra los Celtics de Russell]… en la temporada que se retira, se siente incómodo, cree que no ayuda al equipo… juega 9 partidos y lo deja… esa temporada, los Lakers ganan, por fin, la Liga… no hubo anillo para él…
Porque destacó, pero esa etiqueta de perdedor… por esos motivos… Elgin Baylor es mi número veintidós…
domingo, mayo 03, 2020
hora veinticinco (1967, Henri Verneuil)
Si te llaman “The Jet” tienes que ser bueno, seguro… si te llamas Chester y te acortan a “Chet”, no eres malo, seguro… si te llaman Chet “The Jet” no sólo eres muy bueno, sino que, además vas a hacer una gran carrera en la NBA… 13 temporadas en la liga… más de 1.000 partidos jugados… media de más de 18 puntos por encuentro… un “NBA Championship”… y mínimo 76 partidos jugados por año… eres bueno, Chet “The Jet”…
Sigamos un poco más… durante sus “doce más una” temporadas, el equipo en el que estuvo SIEMPRE jugó partidos de Playoffs… y él NUNCA se perdió ni uno de esos partidos [¿de qué estaban hechos antes los cuerpos? ¿de adamiantum?]… en todos esos partidos, tanto con Syracuse/Philadelphia como con Chicago, siempre usó el veinticinco… siete veces en el Partidos de las Estrellas [prácticamente los mismos promedios de puntos y rebotes que de normal]… y un seguro en los tiros libres [11 temporadas entre los 20 mejores]…
El traspaso de Chet a los Bulls fue una sorpresa para todos, estaba en un equipo que, además de haber sido campeón un par de años antes, era siempre uno de los candidatos… pero en Chicago había un “cazatalentos” [vamos, uno en el equipo de scouting] que estaba convencido que podía lograrse… el tipo era Jerry Krause [wait a moment!! same Krause that…?? el mismito!!]… y para acabar, la misma historia de siempre… se retira en 1975 y se convierte en “Hall of Fame” en 1993… anécdota final, ganó un Emmy, como co-productor, por una “tv-movie” basada en la vida de una madre soltera y sus nueve hijos… Mary Thomas [la madre de Isiah Thomas]
Por todo eso… porque fue uno de los grandes, pero se nos olvida, Chet Walker es mi número veinticinco…
sábado, mayo 02, 2020
ochenta y ocho minutos (2007, Jon Avnet)
Pensemos en records de la NBA… ahora, dejemos a un lado las hazañas y centrémonos en los nombres… a ver si adivino… Abdul-Jabbar, Jordan, Chamberlain, Russell, Stockton… era fácil… hablar hoy de Henderson [87], Heard [86] o McLemore [también 86] resultaba muy tentador… pero hacerlo del 88, con alguien que en 14 temporadas siempre vistió el número 8, y que, no es especialmente conocido, era una “casualidad” [no creo en ellas, ni en las coincidencias, ni en la suerte… ni en el horóscopo] que no podía dejar escapar…
En teoría, una “regular season” tiene 82 partidos, pero el bueno de Walter Jones Bellamy, en la temporada 1968/69 jugó ¡¡OCHENTA Y OCHO PARTIDOS!! [promedio de 17’4 puntos y 12’5 rebotes, ojo ahí]… explicación fácil: el calendario NBA se adapta a viajes [larguísimos algunos… especialmente desde “el Canadá”], giras, eventos… y puede ser que cuando se abre el plazo de traspasos [mitades de diciembre…] un equipo lleve varios encuentros más que otro… y eso pasó… Bellamy jugaba en los Knicks [35 partidos cuando lo traspasan] y ficha por los Pistons [29]… saquemos cuentas y ¡¡TACHÁN!!
Pero Walt, no era un cualquiera… pivot titular en los JJOO de Roma’60 [oro, of course… y 10 de los 12 seleccionados, son “Hall of Famers” con Jerry West, Oscar Robertson o Jerry Lucas, entre ellos…], cuatro veces All-Star en sus primeras cuatro temporadas, Rookie del Año… record de partidos jugados en Temporada Regular [y no tengo claro que vayamos a verlo superado]… por cierto, retirado en 1974, Hall of Fame desde 1993 [estoy viendo que lo de los 5 años mínimo para ser incluido se les está escapando de las manos…]
Porque es uno de los grandes, pero se nos olvida… porque es un sí, pero no… Walt Bellamy es mi número ochenta y ocho…
viernes, mayo 01, 2020
los once (2009, Pierre Michon)
El penalti de Panenka, no es únicamente el penalti del bueno de Antonín, es mucho más, es algo que ha quedado ya en el imaginario colectivo, algo que ha pasado a formar parte de la Historia [de nuevo con mayúsculas] del fútbol… es la suerte en que se lanzó, es el momento en que se chutó [tanda de penales, tras la prórroga, en la final de la Eurocopa de 1976], es lo que supuso [único título continental ganado por Checoslovaquia a la todapoderosa Alemania Federal (la buena, a que ganaba partidos y títulos)]… pero, cambiando la perspectiva, es también el penalti de Sepp Maier…
Once metros… si el tipo éste, bigotudo, desgarbado, marca serán campeones… si lo paro, tendremos una nueva oportunidad… ¿por qué Uli [Höness] ha chutado tan mal?... once metros… lo tengo claro… clavo los pies en la línea de cal… once metros… ha cogido demasiada carrerilla, se ha salido de la media luna… once metros… miro el balón… veo a los lejos a Franz, a Berti… once metros… oigo al italiano pitar… once metros… viene muy rápido… lo voy a parar… once metros…
¡Lo tengo! Es diestro, tirará a mi izquierda… un pasito al frente y me tiro… es un pálpito, lo va a tirar ahí… ¡AHORA! lo veo… me ha engañado… en el aire me he dado cuenta que me ha timado… ¿cómo ha podido hacer eso? No ha ido a colocar… no ha tirado a romper… ¿qué ha hecho? ¡era el último p*t* penalti! Lo ha tirado suave, manso, al centro… me ha engañado… lo ha metido haciendo una parábola… ¿tan tranquilo estaba? ¡era el último p*t* penalti! ¿cómo me voy a quedar quieto? estaba convencido…
Por eso, porque, aquel día, el penalti también fue suyo… Josef Dieter «Sepp» Maier es mi número once…
jueves, abril 30, 2020
black is black (1966, Los Bravos)
Al principio fue la NBL… después la ABL [un añito duró]… más tarde llegó la ABA… y finalmente, la NBA… del mismo modo que antes de Jackie Robinson [primer jugador en romper las barreras para la integración de jugadores negros en las ligas profesionales con su fichaje por Brooklyn Dodgers] fue William “Pop” Gates… no sólo fue pionero como jugador, también lo fue al ser el primer entrenador afroamericano… desde los New York Harlem Yankees hasta los New York Celtics [ojito con el nombre] pasando por los Washington Bears, Rochester, New York Rens y Harlem Globetrotters [incluso como “coach” aquí] todo ello entre finales de los 30’s hasta principio de los 50’s… quince añitos de carrera…
Afroamericano, durante la “Gran Depresión”, con la II GM… todos los ingredientes para no sólo no triunfar, sino para ser un número más de las estadísticas, un nombre más en listas… pero no, cuentan las crónicas de la época que era “a complete ballplayer on offense, a defensive specialist, and a strong rebounder”… nada más que añadir, su señoría… jugó en un buen número de equipos y logró títulos y reconocimientos [algunos tardíos, porque fue incluido en el “Hall of Fame” ¡¡TREINTA Y CUATRO AÑOS!! después de retirarse]…
Pero queda para la Historia [sí, con mayúsculas] la racha de 68 partidos consecutivos ganados a domicilio en el World Professional Tournament Championship en 1939… y sí, también ganó el WPTC tanto con los Rens [me da miedo pensar que soy demasiado “freaky” y que sólo yo los conozco] como con los Bears… fue jugando con el 5 en Buffalo donde rompió barreras en 1946...
Porque no lo tuvo fácil y no se resignó… porque fue un desconocido y no creo que se lo merezca… por todo eso William “Pop” Gates es mi número cinco…
miércoles, abril 29, 2020
cuatro elementos (2009, La Musicalité)
El cuatro simboliza a aquél que se queda fuera del podio, al que casi gana pero no… por un gol, una canasta, unos segundos, unos metros… elegir un número cuatro con todas las posibilidades que se ofrecen resulta complicado… creía que lo tenía claro y debía elegir entre Wayne Robinson [aún lo recuerdo con aquella camiseta de Cacaolat Granollers], Adrian Dantley [ojo, “Hall of Famer”] o Byron Scott [3 veces NBA Champion]… pero en la ingente cantidad de “spam” que almaceno en mi cerebro, de repente, le hizo destacar…
No hay un cuatro mejor que él… cuatro veces subió a un podio olímpico, las cuatro como segundo… cuatro veces a uno mundial, una en lo más alto, el resto como segundo… se retiró a finales de 2004 [¡benditos giros del destino!], siendo su última gran carrera en los Juegos Olímpicos de Atenas, donde finalizó ¡¡cuarto!!… La verdad, Frankie Fredericks, porque es él el número cuatro, tuvo que lidiar con Linford Christie, Donovan Bailey, Michael Johnson, Carl Lewis o Ato Boldon entre otros…
Eligió un deporte en que todo lo entrenado, se pretende resumir en menos de diez segundos y cuanto menos, mejor… Y quedarse, casi siempre, a las puertas de la gloria, ver cómo las lesiones también se convierte en aliadas de tus contrincantes, estar siempre a punto de... pero no... te hacen, a los ojos del gran público, ser considerado como un eterno “outsider”… Era, es de rigor decirlo, un tipo educado, de buenas maneras y caballeroso, en el mundo de la alta velocidad, era un oasis, siendo sinceros…
Por estos motivos, por otros que no toca ahora exponer, porque no aparecía en nuestras quinielas como ganador cuando participaba, pero siempre sacaba mejor resultado de lo que todos pensábamos… por todo eso, Frankie Fredericks es mi número cuatro…
martes, abril 28, 2020
treinta y uno de febrero (1986, Julian Symons)
La idea era hablar de Kurt Rambis [las segundas gafas más icónicas de la historia de la NBA] y Fred Roberts, dos números 31 de Lakers y Celtis de la segunda mitad de los 80’s, que compartían número, puesto y rol residual [más el del equipo de Massachusetts] en las franquicias punteras del momento… pero cuando se ha cruzado por tu vida, en algún momento, un tipo con un nombre que podría engrosar la lista de los hermanos Marx… la balanza se decanta descaradamente hacia ese lado…
Porque Zelmo, que es a él a quien me estoy refiriendo, fue un caso atípico… drafteado en la NBA por los Hawks [de cuando residían en St. Louis…] en tercera posición… jugó con ellos 6 años hasta que se fue a la ABA [¡ojo ahí!] y campeón con los Utah Stars en el primer año… volvió a la NBA, a los Lakers [otros seis años después] para acabar su carrera… siempre con el treinta y uno… resumen: All Star en ambas ligas varias veces, promedio de 16 puntos y más de 10 rebotes en toda su carrera…
Y ojo con el tema de los rebotes, que Zelmo no llegaba a los 2 metros y se emparejaba con tipos como Wilt Chamberlain [el amigo de Conan], Bill Russell [¿necesita presentación?], Artis Gilmore [en la época de pelo afro y rodilleras], Nate Thurmond [pura fibra y potencia desde la punta de los dedos de los pies hasta donde le empezaba la frente] y Willis Reed [¡esa foto puño en alto en los pasillos del Madison!]
Porque Zelmo Beaty, “Big Z”, no siguió el camino fácil… porque fue “Hall of Fame” ¡¡CUARENTA AÑOS!! después de retirarse… porque lo fue ¡¡TRES AÑOS!! Después de fallecer… por todo eso, Zelmo Beaty es mi número treinta y uno…
lunes, abril 27, 2020
la partida de ajedrez (1509, Lucas van Leyden)
Una vez que has sido Pedrito, nunca volverás a ser Pedro…, una vez que has sido Juanito, nunca volverás a ser Juan… una vez que has sido Arturito, nunca volverás a ser Arturo… aunque fueses un niño prodigio del ajedrez y has crecido… aunque hayas logrado tablas con Bobby Fischer… aunque hayan sido en setenta y siete movimientos… una vez que has sido Arturito, nunca volverás a ser Arturo… siempre serás Arturito Pomar…
Todo empieza cuando Arturito, con 12 años, y el país recomponiéndose de los desastres de la guerra fratricida, hace tablas [vamos, saca un empate] en un torneo internacional de ajedrez con el que era el campeón del mundo Alexander Alekhine y claro... no hace falta nada más para que en todas partes le consideren poco menos que el nuevo mesías del ajedrez… pero el niño, deja de serlo, pasa a ser adolescente y luego adulto [el ciclo natural de la vida…] y se olvidan de él… quién había sido prácticamente héroe nacional y figura del NO-DO [millennials, otro día os explico] cae en el absoluto olvido… hasta que con 31 años y ya siendo Gran Maestro [sólo le supera ser Campeón del Mundo] vuelve a acordar unas tablas , en Estocolmo, con quien ya era un genio de la especialidad, Bobby Fischer…
77 movimientos para empatar, 77 movimientos para que no haya ganador… 77 movimientos durante nueve horas... 77 movimientos para que tu contrincante, después, comente “pobre cartero español, con todo el talento que tienes y ahora tienes que volver a España a pegar sellos”… Pomar había sacado tiempo antes, plaza de funcionario de Correos…
Porque pudo ser, pero no fue… porque tenía que pedir vacaciones para ir a los torneos… porque todo se lo pagaba él… don Arturo Pomar es mi número setenta y siete…
domingo, abril 26, 2020
veintitrés veces no (2019, Nora Vázquez)
Hagamos un ejercicio de imaginación… Boston Celtics ha ganado el último campeonato, Kareem Adbul-Jabbar ha sido el MVP y Alvin Adams [ojo, one-man team y camiseta retirada por Phoenix Suns] el ROY… Milwaukee en “Regular Season” ha sido el decimoquinto mejor equipo [de 18, primera temporada en que KAJ ya no estaba en el equipo]… y en el “draft” eligen, entre otras opciones, en el número veintitrés… hasta aquí, bueno, gimnasia cerebral, pero tampoco nada exagerado…
El muchacho elegido, un chavalito delgado, escuchimizado podría decirse, y con apariencia frágil, con unos brazos largos, larguísimos, fue infrautilizado y traspasado a Indiana donde comenzó a despuntar, pero fue en Denver donde “Poetry in motion” comenzó a mostrarse como un anotador superlativo, con una mecánica de tiro, fluida eso sí, pero poco ortodoxa, acompañada de una técnica individual muy bien trabajada y una inteligencia en el juego muy por encima de la media de aquellos momentos…
Pero claro, en esos 80’s, eran el rubito de Indiana y el mago de Michigan quienes centraban la atención cada noche que sus equipos pisaban una pista... y él, al igual que otros cuantos jugadores de aquella época, quedó eclipsado, a pesar actuaciones al más alto nivel y que su equipo era habitual de los partidos de “postseason”… tampoco era de quien la prensa pudiera sacar grandes declaraciones dado su carácter correcto y educado… Tuvo suerte, es cierto, en tener a Doug Moe [un tipo con apariencia de capataz de obra en película de serie B norteamericana] para quien el tema de la defensa era un mal necesario y pudo explotar todas las virtudes y recursos de su “starting forward”…
Porque es, quizás, uno de los anotadores más minusvalorados de la NBA, porque, aun así, es un ”Hall of Fame”… Alex English, es mi número veintitrés…
sábado, abril 25, 2020
fifteen (2008, Taylor Swift)
Ya tenía cara de veterano antes de serlo en la NBA, de hecho, creo que siempre tuvo cara de veterano… quizás esa frente amplia ayudaba a ello… posiblemente también esos bíceps hiperdesarrollados y esos marcados cuádriceps en aquellas equipaciones ochenteras colaboraban para conferirle un aspecto de jugador que afrontaba su última temporada, sus último partido, sus últimos minutos en la pista…
Además, gastaba apodo, que hacía ver que ya estaba curtido en mil batallas y que los vestuarios y campos visitantes no le eran ajenos… ¨microondas¨ le llamaban, que lejos de ser peyorativo era un piropo dado por un rival [Danny Ainge, un “celtic boy”] tras anotar 22 puntos en el último período saliendo desde el banquillo… vamos lo de “microwave” es como el “it's just God disguised as Michael Jordan” pero en la versión ideal para estas líneas…
Hay que reconocer que ganó 2 NBA Championship y que los Pistons retiraron su camiseta, sí, el 15, en su honor… pero, quizás, su sobrenombre, su rol dentro del equipo, no le ayudaron a convertirse en ese jugador al que los niños en los “playgrounds” [o en los más cercanos patios de colegio] quisieran imitar… y, aunque fue muy valorado, en su momento, como sexto hombre de la rotación [justamente el primero que no sale de titular], tampoco recibió condecoración alguna más allá de portadas de las revistas deportivas del momento… y, ojo, eso sí, anotó la canasta que daba un título a falta sólo de siete décimas con esa mecánica tan suya [les faltó tiempo a los periodistas norteamericanos para llamarle 007…]
Porque podía haber sido un “allstar” en cualquier equipo, pero prefirió ser jugador en Detroit, porque se sacrificó siempre por el resto de “Bad Boys”… porque pudo ser y no quiso… Vinnie Johnson es mi número quince…
viernes, abril 24, 2020
78/52 (2017, Alexandre O. Philippe)
Descartados Jamaal Wilkes [Hall of Fame y camiseta colgando en lo alto del Staples], Mike Smrek [2 veces campeón de la NBA sin apenas presencia], Happy Hairston [no llega a ser un sí, pero no] y Eric Piatkowski [14 temporadas en la NBA y todas con ese número] la elección estaba clara, sólo podía ser el equipo de Louis "Red" Klotz… el eterno rival, el “sparring” repetitivo, el infinito perdedor, el “clown” frente al augusto…
Los historiadores no llegan a ponerse de acuerdo si fueron tres o seis las victorias que lograron frente a su archienemigo, aunque parece que la primera opción es la más acertada… más de DIECISIETE MIL DERROTAS frente a los Harlem Globetrotters… pero la última victoria, ¡oh, esa última victoria!… en Martin [Tennessee], en 1971… en el último segundo… anotada por Klotz [propietario/presidente/entrenador/jugador]… con cincuenta castañas… poniendo fin a una racha de DOS MIL CUATROCIENTAS NOVENTA Y CINCO derrotas CONSECUTIVAS… “nos miraban como si hubiésemos matado a Santa Claus…”
Los Washington Generals, pues ellos son el número cincuenta y dos, fueron ese equipo simpático, al menos para mí, que acabas deseando que gane al todopoderoso, que salga victorioso frente al favorito, que, por una vez, el viento le sople desde la popa y, por fin, en el marcador, aparezca por encima de los exitosos Harlem Globetrotters… Seguramente, cuando Louis "Red" Klotz [ojo, camiseta retirada por sus antagonistas] y Abe Saperstein acordaron ser rivales, en 1952, para mayor gloria de los tricolores, no pensaban que esa unión de intereses sería tan provechosa para unos y humillante para otros… porque está bien dar espectáculo, pero ser objeto de burla y tantas derrotas, es otra cosa…
Porque son el mejor ejemplo de perdedor, porque son un sí, pero no… los Washington Generals son mi número cincuenta y dos…
jueves, abril 23, 2020
la fuente de los siete valles (2019, Félix G. Modroño)
Manejo en mi cabeza una cantidad de datos, nombres, números o fechas que no pueden servir sino para acertar alguna pregunta en el Trivial Pursuit y lograr algún quesito esporádico… a toda esta información [quizás] inútil, la defino como mi “spam cerebral”… y he tenido que rebuscar en él para encontrar un siete adecuado… descartados de inicio Kelly Tripucka [él ya era un Bad Boy], Dee Browm [y sus Reebok Pump], “Bingo” Smith [ojo, historia de los Cavs] y Alcides Ghighia [sí, el del “Maracanazo”] la elección era sencilla…
Su momento de gloria llegó a mitades de febrero de 1989, en Houston, donde este tipo ganó el concurso de mates a Clyde Drexler… ese tipo que fue MVP del Campeonato del Mundo Junior de 1983, en Palma de Mallorca… que fue uno de los mejores jugadores del baloncesto universitario USA de su generación… que fue número 5 del draft de la NBA [maldito aquel de 1986] … que fue elegido por los Knicks, ¡¡por aquellos Knicks!!
Y, sin embargo, a pesar de aquellas cualidades atléticas, de esa capacidad que se le presuponía, pero que no fue, me viene a la mente ese “fade haircut” de manera especial, en su versión alta… En Nueva York pensaban “yo iba a ser el tipo que sustituiría a Bernard King, pero yo no era Bernard King…” y no cuajó… vino a la ACB, y aquí, sí, incluyendo un concurso de mates, Kenny Walker [“Skywalker” después que aquel fin de semana del 89…] era una súper estrella, pero las lesiones no le permitieron alargar demasiado su carrera… un par de temporadas en Washington [cuando aún eran Bullets] donde aún jugó menos que en la “Gran Manzana” y fin…
Parecía que iba a ser, pero no fue… así que Kenny Walker es mi número siete…
miércoles, abril 22, 2020
el cabo del miedo (1991, Martin Scorsese)
Lo fácil era acudir a Dennis Rodman o a Metta World Peace [el antiguo Ron Artest] para hablar de este número hoy… sin embargo, el noventa y uno, en mi cabeza, siempre estará asociado a un diecinueve de julio, a una etapa del Tour de Francia, al descenso del mítico Tourmalet, a ciclismo de ataque y contraataque, a abanicos en largas rectas francesas… y quizás, influye el paisanaje, pero, claro, ese noventa y uno, ese mil novecientos noventa y uno, es el primer Tour de Miguel Indurain…
Porque el noventa y uno es de Gianni Bugno, de quien se esperaba que fuese el nuevo Fausto Coppi y de quien se esperaba que fuese el gran antagonista del de Villava… el noventa y uno es él… y sí, fue dos veces campeón del Mundo… y, sí, dominó en el Giro de Italia de 1990 llevando la “maglia rosa” desde la primera etapa hasta la última… pero el noventa y uno es Gianni Bugno…
No sólo “Il Campionissimo” o “El Extraterrestre” planeaban sobre él, también en su propio país lo hacían, de manera opuesta, sus seguidores y los de Claudio “El Diablo” Chiappucci… inteligencia frente a temperamento… pero me estoy desviando, Bugno es el noventa y uno porque no arriesgó en aquella bajada del Tourmalet, porque perdió casi minuto y medio ese día [curioso, casi 91 segundos] y, con ello, el Tour… porque lo intentó las etapas que siguieron a aquella, pero no fue suficiente… porque, lo que parecía que iba a ser un duelo épico y legendario, sólo duró un par de años… y eso que “Miguelón” siguió ahí arriba…
Por eso, porque pudo ser y no fue… porque casi sí, pero no… porque pudo tenerlo y no lo consiguió… por eso, Gianni Bugno es mi número noventa y uno…
martes, abril 21, 2020
los 33 (2015, Patricia Riggen)
Me resultaba muy atractivo hablar de Patrick Ewing o Grant Hill, toda vez que el anteriormente conocido como Lew Alcindor y “the Hick from French Lick” quedaban descartados por razones obvias… pero, en resumen, los cuatro mencionados son miembros del Salón de la Fama, así que, había que buscar nuevos objetivos… me deshice de la idea de Otis Thorpe y de Ali Dia [goglee, querido lector, goglee…]… y, de pronto, apareció él y lo tuve claro…
Un tipo que jugó trece temporadas en la NBA, que el año que menos partidos jugó fueron cincuenta [sí, sobre cincuenta… de nuevo la temporada del asterisco], que promedió casi quince puntos por partido en casi mil veces que pisó la pista, que fue titular en el noventa y cuatro por ciento de los novecientos ochenta y tres partidos que jugó [ojo, estas cifras son sólo de “regular season”], que estuvo en el “roster” de la selección USA en Seúl [sí, aquella que por primera vez no jugó una final de unos JJOO, sin contar Moscú’80] y, que una lesión le hizo perderse la mitad de los partidos de aquel verano… así, como decía, este tipo tenía que aparecer por aquí…
Hersey Hawkins jugó en los 76ers [y él era la segunda opción de ataque tras un tal Charles Barkley], dos temporadas en Charlotte [jugó todos los partidos en ambas temporadas y todos como titular, junto a Alonzo Mourning, Larry Johnson y Bogues], tres en los Sonics [de nuevo, jugándolo todo y como titular, con el mejor Shawn Kemp, Gary Payton, Sam Perkins y Schrempf], y acaba en Chicago, dos años después de “El Sexto Anillo” [aun así, con Toni Kukoc, Elton Brand, o un rookie [aún] Ron Artest]
Definitivamente, “Hawk”, fue un sí, pero no… él es mi número treinta y tres…
lunes, abril 20, 2020
los catorce de Iñaki (2011, Jorge Nagore)

El tipo que con nueve años apuntaba a estrella del baseball… el tipo que se acarició más de DOS MIL veces la mejilla a quince pies de distancia del aro… el tipo al que Andrés Montes apodaba “el Virginiano” [¡¡qué acierto, don Andrés!!]… el tipo que ganó 2 concursos de triples consecutivos en 3 años [entre medias, la famosa “temporada del asterisco”] a Hubert Davis [¿quién se acuerda?] y a un tal Dirk Nowitzki… el tipo que, a pesar de ser reconocido como uno de los mejores tiradores de la NBA, nunca será un “Hall of Famer”…
Ese tipo es mi número 14… podía haber sido Johan Cruyff, Lopez-Iturriaga [Itu, Itu…], Dan Fouts [legendario Quaterback de los San Diego Chargers], u Oscar Bezerra Schmidt [ojito con el orden correcto de los apellidos], pero no, es Jeff Hornacek, un tipo con pinta de oficinista, de vendedor de seguros, de contable en una multinacional…
El tipo, cierto es, tuvo fortuna al llegar a Utah, y convertirse en la tercera opción de ataque, pero claro, delante estaban dos que sí son miembros del “Hall of Fame”, esos mismos dos formaron parte del Dream Team y, entonces, aunque uno de ellos, blanquito, tenga pinta de visitador médico y el otro de portero de discoteca, los focos no te iluminan tanto, y tal vez, “Scarecrow” [que así se referían a él al otro lado del Atlántico] tampoco quería alfombra roja, luces y cámaras…
Y, por cosas como esas, este tipo, que en nueve de sus temporadas en la NBA estuvo entre los 20 mejores porcentajes de tiro de 3 puntos y en diez de ellas también desde el tiro libre, por estas cosas, este tipo, que, curiosamente, jugó durante catorce temporadas en la NBA… por estas cosas, decía, este tipo es mi número catorce…
viernes, julio 29, 2016
algo para recordar (1993, nora ephron)
[inspirado a partir de un escrito de Dani]
Ella siempre se iba la primera a dormir. Caía dormida en una duermevela en el sofá, hasta que el cuerpo le pedía meterse en la cama y estirarse allí. Él, por el contrario, era de los que se cargaban de energía por la noche, y, sin embargo, por ella, se estaba “reformando”. Ella bromeaba diciéndole que, en realidad, tenía miedo a dormir. Le costaba quedarse dormido y, por no molestarla, mientras cogía sueño, esperaba, hasta que consideraba que estaba profundamente dormida y, entonces, se deslizaba dentro de la cama. Siempre, siempre, siempre acababa despertándola unos segundos y, entre ensoñaciones, la besaba y le deseaba buenas noches y felices sueños. La razón por la que la despertaba era que, al meterse dentro de la cama, no podía evitar abrazarla desde su espalda, rodeándola entera con sus brazos.
Mentía, por supuesto. Decía que era porque tenía frío. Mentira. Daba igual que fuese octubre o marzo, un día nevado o el más caluroso del año… Mentía. Le mentía. No quería reconocer que ese momento, ese abrazar nocturno, alevósico y premeditado, ese momento era tan íntimo para él… el instante en que más próximo, más unido se sentía a ella… también el que más seguro se encontraba, el ratito en que nada temía, en el que ni fantasmas ni monstruos podían alcanzarle, los segundos en que se sentía invencible. Él solía decir que ése era el mejor momento del día. Ahí no mentía. Era totalmente sincero.
Después de eso, él se daba la vuelta y dormían espalda con espalda, como si un duelo al sol se tratase, y, sin embargo, ella no era consciente que él procuraba que siempre hubiese un punto común de contacto. Un lugar en el que ambos cuerpos estuvieran tocándose, porque ella no sabía, que era la toma a tierra de él, la persona que le daba la seguridad que necesitaba para cada día, el punto de unión con la realidad. Y, girado, con ese contacto y una sonrisa dibujada en los labios, se dejaba mecer en los brazos de Morfeo. Ella no lo sabía en ese momento. No sabía…
PD: ¿Existe mejor sensación que meterse en la cama cuando se han colocado sábanas limpias? ¿Todos sentimos esa relajación cuando nos metemos en la cama y podemos estirarnos del todo? ¿En qué postura acostumbramos a dormirnos?
viernes, enero 08, 2016
adoración de los reyes magos (1568, doménikos theotokópoulos "el greco")
Aunque este blog nunca fue pensado como un medio de opinión, sino, más bien, para evitarme un psicoanalista y sacar parte de las pedradas que tengo en la cabeza... voy a soltar cuatro ideas que pienso. Yo SÍ CREO en los Magos de Oriente. No en las personas físicas que los representan, sino en el espíritu que conllevan... Creo en la ilusión, creo en la esperanza, creo en la felicidad que se refleja en los ojos de los niños, creo en los zapatos junto a la ventana o bajo el árbol, creo en la leche con galletas para los Tres Reyes, creo en el recipiente con agua para los camellos, creo en dormir con los puños apretados esa noche, creo en....
Pero resulta, que todo el mundo ha decidido si debo creer o no. Si Baltasar tiene que ser negro o blanco “pintado”... ¿De verdad ese es el mayor problema? ¿Qué pediremos luego? Un pelirrojo real, imagino... [tengo una amiga que dice que deberían extinguirse, pero eso ya es otro tema...] Porque si vamos a hacer discriminación positiva, no nos quedemos en la superficie, hagámosla del todo. Después, supongo, que melenas y barbas sean de verdad... Tal vez, más adelante, que los ropajes sean lo más fieles posibles a los que pudieran llevar hace más de dos mil años y no estos lujos actuales... Posteriormente, digo yo, que no deberán arrojar caramelos y globos, sino polvo de oro, incienso como si no hubiese un mañana y mirra a espuertas, a puñados pediremos que nos lancen esa resina...
Y todo ello sin hablar que la epifanía aparece en la Biblia, que en ella no se mencionan ni nombre, ni que perteneciesen a la realeza, ni número... Es más, el “Magos” debería ser sustituido por “Sabios”... pero monárquicos, republicanos, católicos, ateos... todos dan su opinión y parece que lo más importante es que Baltasar sea negro... Ajá... porque los adultos necesitamos que las cosas sean de verdad, para creerlas, para tener ilusión, es eso, ¿no? En definitiva, que un jersey, es eso que se pone un niño cuando la madre tiene frío...
PD: ¿En qué momento se nos ha ido la cabeza? ¿Por qué ahora hay que ser tan políticamente correcto en todo? ¿Por qué el “problema” es un “color” de piel?
miércoles, noviembre 25, 2015
había una vez un circo (1972, enrique carreras)
He perdido mi nariz, mi nariz de payaso. Era una de esas narices de payaso rojas, grandes, blanditas, esponjosas, brillantes… De hecho, si cierras los ojos y repites esta descripción, posiblemente seas capaz de recordarla… o al menos, eso es lo que me ocurre a mí, que aparece vivamente en mi cabeza… No fue ayer, ni el día anterior, ni el anterior del anterior, ni… bueno, en realidad, no sé cuándo pasó.... Fui consciente hace varios días, sin embargo, uno tiende a pensar que, dada su capacidad “desorganizativa”, la ha dejado en otro sitio, la ha colocado fuera del lugar habitual y que, más tarde, la encontrará…. Pero esta vez no ha sido así. No sé dónde está. He mirado por todas partes, en casa, en el trabajo, en los últimos lugares que recuerdo haber estado con ella… y nada no aparece.
Hasta fotos me había sacado con ella, fotos que ahora miro con cierta nostalgia. Imágenes llenas de luz, de color, de sonrisas… tal vez, porque alguna vez le había comentado que, ver la vida desde detrás de ella, te permitía sonreír con tranquilidad… es más, creo que si alguien nos ha visto juntos, también sonrió…. No quiero pensar que me la han quitado, simplemente que, por mi mala cabeza, la he perdido. Quizás, dentro de un tiempo, aparezca de nuevo…. quizás, no…. Supongo, también, que la esperanza es lo último que se pierde, con la utópica idea que se hallará lo extraviado.
Le doy vueltas a la idea que se me escapase, huyese de mí, quisiese alejarse y, dando vueltas haya llegado a otras manos, a otras personas a las que quiera hacer sonreír e, incluso, esas personas se sientan del mismo modo en que tener esa nariz de payaso me hacía sentir a mí…. Sí, lo sé, las narices de payaso no tienen vida propia… pero no dejo de dudar si ésta la tuviese y además, la capacidad de dar calor interno a quien la guardase y cuidase…. Lo mismo, era una nariz mágica y por eso ya no la tengo. Porque no la cuidé suficientemente bien….
PD: ¿Alguna vez has tenido un objeto fetiche? ¿Algo que sabías que no te daba suerte, pero que te hacía sentir bien? ¿Lo perdiste, lo olvidaste, lo conservas?
viernes, septiembre 11, 2015
boom boom (1961, john lee hooker)
Frágil… en singular… en plural… Una palabra que, a lo largo de las últimas semanas, me ha venido con cierta frecuencia a la cabeza. Se ha paseado por dentro sin que tuviese, en ocasiones, un motivo concreto para hacerlo. Y cuando lo hace, la primera imagen que aparece es una mano femenina sosteniendo una copa de champagne hecha de un cristal finísmo y como se resbala entre sus dedos y, a cámara lenta, desde un plano cenital, va cayendo hasta estallar en mil pedazos al contactar con la baldosa del suelo. Está claro que original en mis pensamientos no soy….
Y eso me ha hecho pensar en lo débiles e indefensos que somos en general, cómo una decisión, propia o ajena, puede revelar todas nuestras debilidades, cómo puede ocurrir que mostremos nuestros miedos, nuestros temores, nuestros “fantasmas”… cómo el exponernos así al resto de la gente nos da una sensación de desprotección que nos angustia, que nos provoca ansiedad, que nos duele en ese ligerísimo hueso de los sentimientos… y cómo, para ello, nos protegemos, buscamos corazas, armaduras, máscaras, caretas, cascos, yelmos, golas, guanteletes y grebas… Cualquier cosa que nos defienda, posiblemente, de nosotros mismos… y, probablemente, el modo que tenemos de negarnos esas “taras” para no vernos enteros. Eso, claro, cuando decidimos afrontar las cosas y no huir o hacer el avestruz…
Supongo que ir por la vida a pecho descubierto, tampoco es la solución, como, imagino, no lo es, escudarnos en que no lo hacemos porque tenemos los hombros cargados o la espalda ancha y podemos con todo y con más, o aprovechar el agua de la ducha para que se confunda con las lágrimas cuando ya estamos a rebosar buscando esa intimidad tan personal…. Reconozco que poquísima gente me ha visto llorar por algo que sentía muy dentro, que no soy de lágrima fácil, pero, reconozco también, que han sido esos momentos, los de mayor libertad interna e interior que he tenido, que esa sensación de ser un pingajo, al mismo tiempo, me daba una tranquilidad conmigo mismo que pocas veces he conseguido. Paradojas de la fragilidad….
PD: ¿Por qué ese momento de fragilidad se produce cuando mejor estamos anímicamente? ¿O simplemente creemos estarlo? ¿Por qué tapamos nuestros sentinientos?
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