viernes, abril 22, 2011

la saeta (1969, joan manuel serrat)

Hoy es Viernes Santo. Día de procesiones por excelencia. Al menos, en mi pueblo, que somos pocos y no nos da para más de una cofradía y, por tanto, una única procesión. Sí, lo sé, hable de este día y estos actos, pero fue ya hace cuatro años y no pasa nada por comentar algunas cosas que, en aquel momento me dejé en el tintero. Partiendo de la idea que no soy especialmente religioso, ni particularmente anti-religioso, me gustan estas fechas, de manera concreta, el día [o la noche, mejor] de la procesión. Supongo, o creo, o no sé cómo describirlo, que puedo percibir esa devoción o, tal vez únicamente se trata de respeto, en las personas que acuden a este acto y, quizás, no sea exclusivamente un fervor religioso, lo que les hace presenciar o participar en ello.


Cada ciudad, cada pueblo, cada localidad del reino tiene, estoy convencido de ello, su sobriedad, su templanza, sus sentimientos contenidos… pero, personalmente, donde más he disfrutado de la Semana Santa y de las procesiones ha sido en Sevilla. Por todo. Por la ciudad. Por su gente. Por el aroma a azahar. Por la pasión. Por el respeto. Por… Y enamorado, desde que la vi, de Esperanza de Triana y del Cristo de las Tres Caídas. Tampoco sé el motivo concreto, no sé porqué, pero fue entrar en la calle Pureza y sentir, notar, percibir algo distinto, diferente… Presentarme ante esa capilla de los Marineros y percatarme de que allí ocurría algo difícilmente de describir y que, sin embargo, te atrapaba por dentro.


No sé qué me cautivó, ese legionario romano con la capa al viento… ese Cristo que parece andar realmente con el paso de los costaleros… esa Esperanza caminando entre la muchedumbre… esos aplausos… esas flores… o ése “¡¡TRIANERAAAAAA!!” “GUAPAAAAAAAAA y GUAPAAAAAAAAA”. A pesar de esta devoción declarada aquí y ahora de manera pública, estoy dispuesto a apreciar cualquier otra procesión o Semana Santa de cualquier lugar… Sólo necesito que me inviten… Aceptaré gustosísimamente…. Posiblemente, sólo se trata que tengo pocas experiencias de éstas y me aferro a las conocidas…



PD: ¿Sueles acudir a procesiones o actos religiosos estos días? ¿Los aprovechas como realmente días de vacaciones? ¿Y las torrijas y demás gastronomía de estas fechas las degustas?
miércoles, abril 20, 2011

you're the one [una historia de entonces] (2000, josé luis garci)

Hace mucho tiempo me inventé un pueblo. Camoira. En él, vivía, vive aún, Martín y, también, Bernardo. Camoira no existe. Mejor dicho, no como tal, no figura en ningún mapa, en ningún plano, con la única excepción de un archivo en mi ordenador y el dibujo mental que yo tengo de él. Camoira no es distinto ni igual a ninguno de los pueblos, villas o aldeas que cualquiera pueda conocer. Tiene mar y montañas. Oficios artesanos y modernidades, tren, carretera comarcal y parada de autobús. No tiene cine, eso no, pero tiene tabernas de madera con serrín en el suelo. Entre sus habitantes hay de todo, amables, desprendidos, gruñones, avaros, socarrones, impacientes, descreídos, escépticos…


El otro día pensé en lavarle la cara. Pensé que podría tener río y cascada, incluso. Pensé que la carretera que la atraviesa pudiera ser general y no una comarcal. Que podría tener más habitantes en lugar de apenas poco más de dos o tres centenas. Que las casas podrían tener la fecha en que se erigieron grabadas con un buril en la piedra en lugar del número de portal. 1879, 1787, 1903… También podría tener más callejuelas y placitas y más balcones a la calle y que siempre luciese un sol cálido y agradable. Incluso, en lo alto, un mirador y casas decoradas con piedras de río en sus fachadas…. Y alguna casona abandonada, y además del aroma a salitre, podría oler a caballos, a vacas, a hierba recién segada, y oírse redoblar de campanas, cencerros a lo lejos, gallos que tratan de llamar la atención…


Pero, a pesar de todo ello, las sensaciones que se vivían en él, que aún se viven, los sentimientos que florecen estando allí, no varían sea cual sea la fisonomía del pueblo. Camoira [o como tú lo quieras llamar] te atrapa, te adormece, te hace sentir feliz, vivo, libre, tranquilo…. El tiempo se detiene allí y vives en un estado permanente de serenidad. Nada de lo que suceda en el resto del mundo tiene importancia suficiente y, aunque solamente lleves unas horas, sientes como si hubieras nacido allí…. Yo llamo a ese sitio Camoira y está en Catatonia… pero podemos llamarle de otra manera, si quieres, y ubicarlo en otro lugar…



PD: ¿Existe un lugar así real? ¿Un pueblo, una aldea en la que el tiempo parece detenerse? ¿Conoces o tienes tu propio Camoira?
martes, abril 19, 2011

cabaret (1972, bob fosse)


Alguna vez me he planteado si contar las vivencias con Efe Lipe está bien. No conoce la existencia de este blog. Bueno, en realidad, sabe que lo tengo, pero digamos, que pasa de mí y de este cuaderno de bitácora. Me lo cuestiono por la entrada de hoy. La situación ocurrió hace diez días y he estado pensando si publicarla o no. Al final, dado que tú [quienquiera que seas] lees estas líneas, obviamente, ha vencido el sí. Como decía, hace diez días, el sábado, concretamente, Efe fue junto a una misteriosa mujer [misteriosa porque no ha comentado ni su nombre…] al teatro a ver la obra “40 El Musical”. Hasta ahí, nada anormal, ni extraño, ni nada reseñable. Luego se fue con Mau Ricio de fiesta por ahí, dado que la enigmática mujer tenía la celebración de un cumpleaños. Como digo, nada paranormal, hasta el momento.


El domingo le pregunté qué tal el teatro, si le había gustado… esas cosas banales que uno pregunta en el cuarto de estar de su casa a un compañero de piso. la conversación, si me dicen que la firma don Miguel Mihura, me lo creo. Fue, poco más o menos, así… “Efe, ¿qué tal en el teatro? ¿Te gustó? ¿Estuvo bien?” “Buffff… Fue un coñazo. Casi tres horas cantando. Era un musical ¿sabes?” “…” “Sí, era de unos pavos, de los cuales, dos son hermanos, que se van por ahí y, por ejemplo cuando se van de su casa, al padre le cantan eso de ‘adiós, papá’” “…” “No me gustó nada, es que a mí no me gustan los musicales” “…”. Fin de la conversación. Miles de dudas me asaltaban, pero, ojiplático como esta fui incapaz de pronunciar ninguna.


Quizás el título de la obra no le dio ninguna pista. Tal vez no leyó en ningún sitio el argumento y no pudo enterarse de que había casi CIEN canciones en directo. Y, lo mismo, el hecho que la emisora “Los 40 principales” esté íntimamente ligada a la obra no fuese significativo. Efe Lipe es así. Y por eso le queremos… o no….



PD: ¿De verdad existe gente así en el mundo o mi compañero de piso es un “superdotado”? ¿Hacemos cosas que nos no gustan únicamente por las apariencias, por quedar bien? ¿Tenemos una cultura de musicales en el reino o sólo son influencias anglosajonas?
sábado, abril 16, 2011

vine del norte (1998. ismael serrano)

A ver, que, entre pitos y flautas [más flautas que pitos, la verdad sea dicha…] tengo esto, #emepetrés y #barbatriste algo abandonado y no puede ser. Se me ocurren mil cosas para contar, pero, al final, no logro plasmarlas por escrito. Apenas unas notas en la moleskine [estoooo…. sí, tengo unas cuantas, de las de verdad, en las que anoto ideas, dibujos… esas cosas…] y poco más. Intentaré centrarme en contar cada día una cosita diferente y no mezclar asuntos distintos, pero, conociéndome, no sé si será posible. Uno es consciente de que tiene muchos pájaros en la cabeza… En fin… Hace unos días creé una nueva etiqueta. La que da nombre a esta entrada. Desde luego, no tiene el significado que el autor quiso darle. O, tal vez, de un modo remoto, sí lo tenga. Bajo ella pretendo englobar las situaciones que vivo [normales y anodinas, ya lo puntualizo ahora] y me gustaría, también, unir con esta etiqueta, aquellas ideas que me surgen a partir de lo que veo en la calle, en casa, en una cafetería, en el metro...


Este “vine del norte” es otro “maestro de esgrima” o “capitán barbatriste”, desde otro prisma, quizás, más personal. El significado es sencillo. En otras ocasiones ya lo he contado, nací, crecí y he vivido casi todo el tiempo en el Reyno; mis ancestro proceden de allí o bien del “Pueblo que habita en las peñas”. Por tanto, tengo una visión [como otras muchas personas] muy particular de las cosas, de la vida, de las personas. Ni mejor, ni peor que las de quienes viven de Despeñaperros hacia abajo, o bañados por el Mediterráneo, o en una gran urbe. Simplemente es mi punto de vista. El de alguien de provincias y, además, del interior.


Poco a poco, aquellas entradas anteriores que pudieran auspiciarse bajo este epígrafe, las iré incluyendo. Sin prisa ya aviso. Al fin y al cabo, sólo se trata de un modo de organizar mis pensamientos, ilusiones, desesperanzas, sentimientos…. Tampoco le va la vida a nadie, pero, con la tontería, he llegado a las trescientas cincuenta palabras…



PD: ¿Tienes alguna vez la sensación de que piensas distinto que el resto de tu entorno? ¿Crees que las experiencias nos marcan en nuestra forma de pensar? ¿La propia filosofía de vida puede venir marcada por aspectos puramente geográficos?
viernes, abril 08, 2011

una novela de barrio (2007, francisco gonzález ledesma)

En mi día a día estoy rodeado de personas anónimas que, sin embargo, me hacen la vida más fácil. Vale, de acuerdo, nada diferente a lo que pueda tener cualquiera en sus vidas. En mi caso es un poco más acentuado, dado que vivo en una ciudad que no es la mía, no se trata del entorno en el que me he desenvuelto de manera habitual. Hablé en otro momento de Gerardo y, creo que, moralmente, les debo una entrada a José Luis, Francisco y Andy, los porteros/conserjes/seguridad de mi edificio. Desde luego, también que tendrán su correspondiente cuota de protagonismo Ángel, Antonio y José, mi habituales camellos de cafeína. De igual modo que Elena y Jorge, que, con menor frecuencia, también se preocupan de que mi sangre no note la falta del café.

No puedo olvidarme de José Luis, el guarda de seguridad del supermercado, ni de la señora brasileña [a la cual nunca he conseguido entenderle el nombre] que se encarga de la limpieza de rellanos, escaleras y portales en mi edificio. De Antonio ya hablé, pero, quizás deba hacerlo también de su señora y de sus empleados. No puedo olvidarme de Carmen, esa dulce mujer que estudia francés junto a un refresco en un bar y que sueña con ver publicados alguna vez esas líneas que cada noche escribe en cuadernos de espiral. Sería injusto que me olvidase de los guardas jurados de la parada de metro con los que cada día me detengo unos minutillos para charlar sobre banalidades, pero que me agradecen la conversación con una amplia sonrisa y un sentido apretón de manos.

Tal vez deba escribir sobre Amalia, la veterana cajera colombiana del supermercado y, desde luego, Efe Lipe y Mau Ricio también deben tener sus trescientas cincuenta palabras en exclusiva. Aunque, claro, Álex, Miguel, Juan, Samuel, Dani, Robert y Ramón tendrían que tener una mención especial… Ahora que lo pienso, empieza a ser mucha gente, pero si me planteo que cuando viví en Kallipolis, en mis primeros tres meses ya tenía trato frecuente con más de un centenar, quizás no sea tanto….


PD: ¿Nos damos cuenta de la cantidad de gente que tratamos frecuentemente cada día? ¿Nos molestamos simplemente en saludar o preguntar qué tal va el día? ¿Y si no girasen a nuestro alrededor y somos nosotros los que lo hacemos en torno a ellos?
miércoles, abril 06, 2011

el hombre sin sombra (2000, paul verhoeven)

Aprovechándome de un comentario que hizo Ros en una entrada hace unos días, desarrollo una idea que llevaba rondándome desde hace tiempo por la cabeza. Existen pero no se ven. Hacen su vida con normalidad, con total cotidianeidad, sin más sobresaltos de los que supone el mero hecho de vivir. Están pero parecen ausentes, olvidados, desaparecidos… Y, sin embargo, cuando necesitas de ellos, de su sabiduría [porque un hecho común a todos ellos es que son sabios], de su visión de las cosas o, simplemente de su compañía, para sentirlos cerca… aparecen. Toman cuerpo y forma. Quizás su aspecto físico ha cambiado… llevan el pelo más largo, han engordado o adelgazado desde la última vez, se han teñido el pelo… Son los AMIGOS INVISIBLES.


En mi caso, tengo dos o tres de ellos por cada sexo. Lo sé, supone que tengo más amigos invisibles que reales. Nunca dije que yo fuese un tipo fácil. Y con amigos me refiero a los que lo son con A mayúscula. Esas personas en las que puedes confiar plena y totalmente. Sin miedo. No los veo mucho. Ni tan siquiera le llamo. Sí, soy bastante rarito… Pero si, en algún momento preciso de ellos, bastan unos pocos minutos para ponernos al día de los meses o años que hace que no nos vemos. Y al cabo de ese ratito, todo encaja perfectamente, como si ese tiempo de “incomunicación” no hubiera existido nunca, como si ayer hubiésemos cafeteado juntos….


Me siento afortunado por contar con ellos, por tenerlos en mi entorno más cercano. Y, pese a todo, me he dado cuenta de que, por alguna extraña razón, voy acumulando más amigos invisibles que de los “palpables”. Incluso aquí, en la capital del Reino. Si mamalussor tuviese conocimiento de este blog, le diría que tranquila que estoy bien, y que simplemente me estoy refiriendo a … Bueno, ella sabría a quiénes me refiero, pero disculpa que no dé sus nombres, pero son… mis AMIGOS INVISIBLES y, quizás, quieran seguir siéndolo. Soy afortunado decía… y es que sé positivamente, que yo soy también uno de los suyos.



PD: ¿Existen o es algo que me he inventado para escribir una entrada? ¿Tú los tienes? ¿Cuánto hace que ejercen como amigos invisibles?
viernes, abril 01, 2011

lavadora blues (1988, ilegales)

Ahora, viviendo en la capital del reino, comparto piso [y gastos] con dos muchachos, Efe Lipe y Miau Ricio [lo sé, son raros, pero no sé si es prudente dar los reales]. Miau lleva poco nosotros, apenas un mes, así que aún estamos conociéndonos y poco puedo decir de él, salvo que es argentino [lo cual, me parece hasta una profesión… tiene que ser duro ser argentino siempre]. De Efe ya conté una anécdota de él. Es de Ciudad Real [es descriptivo, no descalificativo]. Es una fuente inagotable de vivencias… para los demás. Y luego quedo yo, que soy… yo… En fin, me considero un tipo de fácil convivencia, las cosas fáciles y claritas. Miau se asemeja bastante a mí en ese sentido. Efe… Efe no es de este planeta… o algo así.


Viene a cuento porque estoy pensando en citarlo tras la catedral de mi pueblo, cuando los primeros rayos comiencen a despuntar y batirnos. Llevaré a "Silbadora", naturalmente. Mi querido “ciudarealeño” lleva dos días de desencuentros conmigo. Esto es, la lía y procura que no nos encontremos. Y, al final, como siga así, voy a acabar haciéndome el encontradizo… Entiendo que la convivencia puede ser difícil entre extraños, cada uno es como es y tiene la educación que ha recibido, pero con un poquito de buena voluntad… El caso es que Efe hizo colada el lunes por la noche y decidió dejar secar la ropa en un tendedero plegable en lugar de en las cuerdas. El martes por la mañana la hice yo y cuando estaba a puntito de acabar el programa, a la hora de comer, en un descuido mío, recogió la ropa del tendedero y la puso en las cuerdas.


Bueno, no pasa nada, pensé… Ya tenderé a la tarde… Doce horas después me fui a dormir. Su ropa seguía en la cuerda. La mía, en la lavadora. El miércoles por la mañana su ropa ya no estaba. La mía tampoco. Había decidido sacar mi colada de la lavadora, meterla en un barreño y dejarlo en el salón. En la lavadora, más ropa suya, daba vueltas en el tambor…



PD: ¿Nos resulta tan difícil decir las cosas que sabemos que pueden molestar? ¿Nos movemos por la vida a nuestra “bola” sin importarnos el resto? ¿Realmente nos cuesta convivir y socializarnos?

miércoles, marzo 30, 2011

el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886, robert louis stevenson)

Ven. Acércate. Siéntate. Aquí. A mi lado. Déjame que te cuente una historia, una fábula si lo prefieres, un cuento en definitiva. Trata sobre dos pícaros, sobre un par de pillos, una pareja de truhanes al fin y al cabo. Pongámosles nombre. Dime una letra. La que quieras. ¿La ge? Hmmmm… Está bien. Se llamarán… Gonzalo y… Ginés. Buenos nombres ¿no te parece? Son amigos, casi me atrevería a decir que buenos amigos. Y unos excelentes timadores. Desde luego, no son honrados, en ocasiones, ni tan siquiera el uno con el otro, pero son buenas personas. Lo que a mí me gusta llamar buena gente. Son la noche y el día, y, sin embargo, todo lo que les diferencia, es lo que les une.


Ginés es un ratero de poca monta, un trilero. Casi sin estudios, simpático y campechano. Se cree un Casanova [no sé porqué, pero me recuerda a José Álvarez “Juncal”] y, en ocasiones, se excede con la ingesta de alcohol. Gonzalo, por su parte, es todo lo contrario, un hombre de negocios, un estafador distinguido [con un aire a Arturo Valdés, pero más natural, menos forzado]. Culto, educado y sofisticado. Como te he dicho, son muy diferentes y, al mismo tiempo, son casi idénticos. En uno prevalece el lenguaje de la calle, el haber vivido a través de las experiencias; en el otro, prima la apariencia, la imagen, el que los demás no se enteren de la verdad. En ambos, fluye la idea de una vida mejor, sin trampas, sin escaramuzas… Son dos pero forman un uno. Seguramente entiendes lo que quiero decir. Son tan diferentes y tan complementarios, que son cara y cruz de la misma moneda. Antagonistas, pero inseparables.


En la vida de los dos se cruzan vivencias, personas, ciudades. Cada uno las ve e interpreta a su modo. Las experiencias, gentes y lugares son los mismos, pero cada cual los ve desde su prisma y ellos son interpretados en función de lo que muestran y esconden. Ginés y Gonzalo son nobles, de buen corazón, con sus defectos y virtudes… En el fondo, Gonzalo y Ginés componen mi yo. Tu tú…



PD: ¿Has sentido alguna vez ser dos personas diferentes? ¿Qué te comportabas como si no fueses tú y que te resultase natural? ¿Soy el único que siendo zen, en, ocasiones estallo como un energúmeno?

viernes, marzo 25, 2011

el camarada perdido (????, gustave henry mosler)

El otro día me di cuenta. Notaba que faltaba algo, pero no sabía acertar con qué era. Era esa sensación que te abraza, que te inunda, que la sientes muy dentro y, sin embargo, no eres capaz de encontrar, de discernir el motivo. En este caso, uno sabe que es por la ausencia de algo, por su inexistencia, pero no logra averiguar de qué se trata, hasta que, de pronto, cruza esa imagen por la imaginación y lo ve todo claro. Las brumas mentales se despejan y se vislumbra el camino de baldosas amarillas que lleva hasta esa idea perdida y no encontrada, hasta esa ocurrencia que sólo estaba difuminada y que en ese preciso momento comienza a verse diáfana.


Y ahora lo veo claro y nítido. Veo, paseando por la calle de cualquier ciudad o pueblo, contenedores donde depositar el cartón, el papel, el vidrio, los restos de comida, el plástico… incluso, donde dejar ropas que ya no usaremos… pero echo de menos la presencia de contenedores de tristeza. No tenemos contenedores de tristeza. No hemos sido capaces de crear unos recipientes en los que arrojar aquello que no queremos, que nos sobra, que nos daña… No hemos creado nada donde poder deshacernos de la pena, el desconsuelo, la aflicción, la amargura, la melancolía, la pesadumbre, el pesar, el quebranto, la tribulación, la desdicha o la nostalgia...


Le doy vueltas al tema y [forzando un poquito] me planteo cómo será nuestra evolución si no hemos sido lo suficientemente inteligentes como para crear un depósito en que acumular congojas, desconsuelos, abatimientos, angustias, desolaciones, ahogos, desesperaciones, desánimos, pesimismos, melancolías, morriñas, añoranzas... para poder reciclar todos estos sentimientos y darle nuevos usos, nuevas aplicaciones. Sí, lo sé... no pido una desaparición total y completa de la tristeza. En el fondo es lo que equilibra a nuestras alegrías, venturas y satisfacciones y lo ideal es punto medio. Acepto todo eso, pero... tengo la sensación que los momentos de “felicidad” son más cortitos y los aprovechamos menos que los de “infelicidad” que se nos hacen eternos y nos duelen más....



PD: ¿Cuál es tu solución cuando estás triste? ¿En qué o en quién te refugias? ¿Cuánto dura esa sensación?

martes, febrero 22, 2011

paseo por la playa (1909, joaquín sorolla)

El viernes de la semana pasada, bueno, mejor dicho, hace diez días, hizo buen día aquí, en la capital del Reino. No fue un día de verano, pero sí que se aproximaba a los recuerdos primaverales que uno guarda en la memoria. Estuve paseando, poco importan las calles o los lugares. Y me senté en un banco, en una larga avenida. Junto a mí, compartiendo aquel asiento, un anciano con su perro [lo siento, soy malísimo para las razas de perros pero parecía un cocker]. Y ahí estábamos los tres. Sentados. Dejando que el sol nos calentara la cara. Y, estando ahí, no sé porqué extraña razón, qué curiosa relación establezco en mi cabeza... me sentí como si estuviese en una isla. Y estaba allí solo, en esa isla, que no tiene nombre y que, cuando no sé cómo denominar algo, llamo Catatonia, ese sitio en que los sueños y la realidad se mezclan, ese lugar al que acudimos cuando empezamos a dormirnos...


Mientras estuve en la Isla de Catatonia, en mis oídos, a través del emepetrés, Sinatra me cantaba “Moon River” y Van Morrison me iba susurrando eso del “Bright side of the road”... Podía ver las palmeras, la marea yéndose despacio para volver con nueva furia, toallas multicolores extendidas sobre la arena o en los hombros de paseantes y bañistas.... Incluso, sentí esa brisa que acariciaba mi cara y me impedía sofocarme. Nada era verdad, desde luego, todo producto de mi imaginación...


Quizás, la lástima, es que sólo haya ocurrido en Catatonia, que sólo fuese durante unos minutos, que no haya habido realmente ni playa, ni toallas, ni bañistas, ni marea, ni... sólo sol y brisa. Aunque, bien pensado, tal vez, es lo mejor. Que exista Catatonia, como isla, como montaña, como pueblo, como país, o península, o continente, o ... Que exista un lugar, donde los sueños y la realidad puedan mezclarse y, durante un ratito, podamos alcanzar cierto grado de felicidad. Desde luego, para mí, existe Catatonia, es real, con sus árboles, flores, nubes, playa y montaña, y tiene un castillo con princesa, príncipe, hada y hasta un dragón.



PD: ¿Cuál es ese lugar imaginario en el que te refugias? ¿Dónde se encuentra ese sitio en que rozas la felicidad? ¿Imaginario o real?

domingo, febrero 06, 2011

el húsar (1986, arturo pérez-reverte)

En uno de esos múltiples paseos solitarios que suelo hacer por la Villa y Corte, mirando hacia arriba, buscando no sé muy bien qué, si balcones poblados de plantas, si unos rayitos de sol, si una gárgola o una señora asomada a la ventana, y fijándome en los nombres de las calles, uno de ellos me hizo pensar. La calle era Juan Martínez El Empecinado. Hasta ahí nada extraño. Es más, vagamente, recordaba algo leído, quizás en los años escolares, o, tal vez fue escuchado en algún programada de radio o televisión, que fue uno de los guerrilleros que encabezaron la Guerra de la Independencia. Sin embargo, el apodo, mote, alias o sobrenombre, me hizo reflexionar. ¿Cómo fue este tipo para que le llamasen El Empecinado? Es más ¿cómo eran quienes así le apodaron? ¿Se habían afrancesado?


Quiero decir, suponiendo que eran campesinos, poco leídos y, prácticamente analfabetos... me resulta más sencillo, creer que le hubiesen llamado "El terco", "El testarudo", "El tozudo" o "El obstinado"... pero no, tenía que ser "El empecinado". He llegado a pensar que, tal vez, le decían... "- Juan, no seas así, no te empecines, que esta guerra está perdida.... no hagas locuras.... no te empecines, por favor...." Bueno, poco más o menos, pero aún así, consideraba que era algo forzado. Me resultaría más factible creer que le dijesen... "-Juan, no seas cabezón, que no, que los "franchutes" nos van a masacrar... déjate de tonterías y vuelve al campo...."


La explicación es más sencilla que mis conjeturas, mucho más fácil... Resulta que Juan Martínez nació en un pueblecito de la provincia de Valladolid, donde hay un riachuelo pequeñito y sus humedales, en las afueras de la localidad, han creado unas balsas de cieno negro que se denominan pecinas. de este modo, quienes nacían a las orillas de ese barro, en los pueblos de la comarca, les llamaban "empecinados", esto es, nacidos de un arroyuelo y de tierra oscura. Ésta es la historia real... pero no sé, creo que me gustaba más lo que me había inventado yo... bueno, al fin y al cabo, la imaginación es libre....



PD: ¿Alguna vez imaginaste algo que no era real? ¿Algo que tú dedujiste sin que nadie te dijera nada? ¿Supuso una decepción comprobar que la realidad era totalmente distinta a lo que habías pensado?

miércoles, febrero 02, 2011

que se llama soledad (1987, joaquín sabina)

Fue la semana pasada. Trato ahora de recordar el día exacto, pero no lo logro. Quizás fue el miércoles, o tal vez el martes... creo que el jueves no fue… Había terminado de preparar la cena. Me senté a la mesa. Dejé el plato sobre ella. Tenedor, cuchillo, servilleta, pan… la luz encendida y, sin embargo, ese día parecía más tenue, más débil, menos brillante. Iba descalzo por la casa. Bueno, con calcetines. Me senté. Empecé a cenar y sentí frío. Mucho frío. No venía provocado por los pies descubiertos, no. Era diferente de otro tipo. No tenía el ordenador que, en ocasiones, me acompaña a la hora de comer o cenar. Un libro. Recuerdo que había llevado el libro. Y las gafas, ésas que sólo me pongo cuando de acuerdo de utilizarlas, a pesar de que, tantas horas delante de la pantalla o frente a papeles y libros me aconsejarían usarlas con más frecuencia. Ahora no sé si el libro lo abrí o no. Creo que sí. O no. No sé…


Recuerdo que me detuve, que dejé de utilizar los cubiertos y que sentí más frío aún. Sentado delante de esa mesa, con la lámpara iluminando la sala, con la comida humeando en el plato… sentí frío. Miré a la ventana… ¿Quizás, inconsciente mente la había dejado abierta o mal cerrada? ¿Vendría de ahí ese aire gélido que notaba que me estaba abrazando? No. Cerrada. Bien cerrada. Me quité las gafas. Miré al frente. A esa silla vacía al otro lado del tablero. A la pared desnuda. A…


Y me di cuenta. En ese momento, con la cena a medio terminar, con el libro sobre la mesa, mientras sostenía cuchillo y tenedor. En ese momento. Lo entendí. Entendí el frío que me rodeaba. Entendí la luz que, paradojas, se iba volviendo más sombría. Entendí todo. El rompecabezas encajaba y todo tenía, de nuevo, un significado. Entendí la silla solitaria. Entendí la pared desierta. Lo entendí. En ese momento fui consciente. En ese instante lo advertí. La semana pasada, cenando, descalzo, en esa sala, me di cuenta que estaba solo….



PD: ¿Te has sentido alguna vez verdaderamente solo? ¿Has sentido ese frío que te envuelve? ¿Cómo lo combatiste?
martes, febrero 01, 2011

quiz show. el dilema (1994, robert redford)

Se me ha ocurrido hacer un experimento. No sé cuándo lo haré público… bueno, no lo sé aún, al menos al empezar a escribir estas líneas… Con un poco de suerte, al final de esta entrada quizás ya lo haya decidido. La idea es la siguiente. Quiero hacer una entrada comunal. Imagina que estás leyendo esto, pues bien, a ti, que has tenido la amabilidad de entrar en este cuaderno de bitácora, a ti que paseas la vista por estas palabras, a ti… te pido ayuda. Me gustaría que escribieses veinte, treinta, cuarenta palabras… las que quieras… Y que me las enviases al correo que aparece en mi perfil. No en los comentarios, al correo….


El tema no existe o, lo que es lo mismo, habla de lo que quieras. Cuéntame con tus palabras lo que quieras transmitir. El límite son el número de palabras que he dicho antes. La idea es, con esas colaboraciones crear una entrada congruente, mejor dicho, con esas frases escritas crear una entrada que aporte algo. Si falta texto hasta las trescientas cincuenta palabras habituales, me encargo yo de completar. Si, por el contrario [y eso me encantaría…], sobrasen palabras, ningún problema, esa entrada pasará de la cantidad acostumbrada. La ocasión creo que merece la pena. Vale, quizás pienses que estoy como una cabra.


Tuve esta idea hace unos días y pensé que podía utilizarlo para conmemorar algo, sin embargo, después creí que no era necesario un motivo extraordinario para hacerlo. Simplemente quiero intentarlo. Si sale, perfecto, genial, fantástico. Mi ego y yo te estaremos eternamente agradecidos por habernos ayudado. Si no participas, bueno, no pasa nada, seguramente, inventaré algo que, quizás, la próxima vez, te motive más. Esto para mí es un reto. La pregunta es… ¿lo es para ti, escribirme veinte o treinta palabras? O, tal vez podría preguntarte… ¿me ayudas a conseguir este reto que he creado? Al principio decía que no sabía cuándo publicaría. Bien, ya lo he decidido. Una semana. Dentro de una semana exacta. El martes que viene publicaré lo que haya recibido. O lo que no haya recibido.



PD: ¿Cómo te comportas ante un nuevo reto? ¿Lo meditas, afrontas sin pensarlo, dudas? ¿Te creas nuevos desafíos?

miércoles, enero 26, 2011

la vida que te espera (2004, manuel gutiérrez aragón)

Hace unos meses comenté ciertos recuerdos e hice una vuelta a mis orígenes. Bueno, en realidad creo que fue más un paseo que una vuelta en toda regla. El caso es que en los últimos tiempos ando dándole vueltas a un regreso físico a ese lugar, a ese pueblo perdido entre las montañas cántabras, a ese entorno marcado por vacas, a esos pequeños muretes de piedra delimitando las fincas, a esa arquitectura rural, que relaciona el modo de vida ganadero y la muda. Muchos de mis recuerdos de infancia vienen, irremediablemente, marcados por los veranos pasados allí. Recuerdos en sepia algunos, en blanco y negro otros, algunos coloreados y otros en vivos colores... Supongo que están relacionados con la viveza de las experiencias vividas, pero, principalmente, por la sensación de tranquilidad respirada allí, entre pasiegos, unos pocos veraneantes, una serpenteante carretera comarcal, flores de manzanilla los días soleados y “caza” de caracoles los nublados [abundantes estos días, con la niebla, especialmente al atardecer]


Las casas, no lo son propiamente, o sí.. no lo sé... son cabañas, en las que el lugar de los animales está en la planta baja y en la superior se ubica el pajar y la habitación. Son de planta rectangular, con tejado de lastras, y solana, a la que se accede a través de una escalera exterior. Las más antiguas son menores y datan del siglo XVIII. La mayoría de ellas, están acondicionadas a la vida actual. Y, sin embargo, estar allí es como desconectar del mundo, es sentirse aislado y abrir la posibilidad a olvidar problemas, dudas, inquietudes... y crearse nuevos horizontes, nuevas metas, nuevas ideas...


Hace mucho que no voy, posiblemente diecisiete años. Demasiados. Demasiados incluso para mí. Porque aquello no es sólo parte de mi infancia, aquello, ese pueblo de poquísimos habitantes, ese pueblo que queda aislado con los primeros copos de nieve en invierno, ese pueblo de leche recién ordeñada, de juegos infantiles, de cuévanos, dalle y trashumancia... ese pueblo es también mi abuelo. Están relacionados. Están unidos. Y para mí, el uno carece de sentido sin el otro. Creo que debo volver....



PD: ¿Dónde se desarrollan tus recuerdos de infancia? ¿Mantienes los colores, los aromas, el tacto? ¿Qué recuerdas de aquellos años?

miércoles, enero 19, 2011

acantilado rojo (2008, john woo)

Declaración de principios. Me gustan las pelis de chinos. Ya está. Fin. Bueno, intento explicarlo... A ver cómo sale... Me encantan esas películas por las coreografías que desarrollan. De acuerdo, principalmente en peleas, batallas y/o guerras, pero es pura coreografía. Lo sé, ahora los saltos y vuelos no nos impresionan tanto porque ya sabemos de arneses, de cables y demás zarandajas que utilizan para esos saltos imposibles. Pero no deja de ser pura coreografía. Principalmente esas luchas cuerpo a cuerpo, en que todos los intervinientes se desplazan al mismo tiempo y los movimientos son medidos, pausados, sincronizados. ¡Cuánto ha cambiado la historia de aquellas películas en que el protagonista, rodeado por varios, era atacado por ellos pero de uno en uno!


De todos modos, los orientales saben tratar y retratar el pasado, su pasado, con auténtico cariño y respeto. Vamos, lo que mismo que por estas tierras, que se hace una película de El Cid y lo interpreta Charlton Heston [amosnomejodas] que ya no sé si es Rodrigo Díaz de Vivar, Moisés, Ben-Hur o un astronauta que hablaba con monos... Por suerte, aún hicimos algo bien con Don Quijote y Sancho Panza [don Alfredo, soy consciente que le debo una entrada]. Pues eso, que tratan mejor su pasado y su historia que nosotros el nuestro, o, al menos, esa es mi sensación. Pero también puedo estar equivocado...


Retomando lo de las coreografías y las películas, me queda aún ver a algún chino bailar que dan hostias como panes, en perfecta coreografía sí, pero no sé yo si sentido el ritmo tienen mucho. Vamos, que hacen lo mismo que en su momento Bud Spencer, pero éste, con economía de movimientos. Y ya, antes de acabar, quiero reivindicar a Donald O’Connor [sí, quien acompañaba a Gene kelly en “Cantando bajo la lluvia”]. Si en la famosa escena del "Make’em laugh” ofrece un virtuosismo bailando, en la misma película y en coreografía perfecta con don Gene, lo que hace es sencillamente ES-PEC-TA-CU-LAR. “Moses supposes” se llama la escena. ¡¡Búscala y disfruta!!


Quería hablar de samuráis y he acabado con películas musicales... Se me va la pinza...



PD: ¿Te gusta bailar? ¿Sabes hacerlo? ¿Talento natural o estudio? ¿Te da vergüenza?

martes, enero 18, 2011

pero, ¿quién mata a los grandes chefs? (1978, ted kotcheff)

Quería escribir unas cuantas líneas llenas de dulzura y mi retorcida mente me ha traicionado y lo primero que se me ha ocurrido ha sido: mantequilla. Lo cual, dicho sea de paso, y por mi carácter arisco, tampoco es muy de extrañar. Así que, voy a intentar ser dulce, sin resultar empalagoso ni almibarado y decir unas cuantas cosas que hace tiempo que quiero decir y que hasta ahora no me había atrevido. Ahí voy.... Mantequilla. Sacarina. Caramelos de fresa. Tarta de queso. Chocolatinas. Pastel. Bombón. Nata. Gominola. Piruleta. Flan. Tiramisú. Natillas. Macedonia de frutas. Galletas. Helado de vainilla. Guindas. Mandarinas. Arroz con leche. Caramelos de limón.


No sé si estoy siendo suficientemente dulce, así que seguiré... Tarta de Santiago. Filloas. Bicas. Melindres. Frisuelos. Quesada. Cuajada. Postre San Prudencio. Pantxineta. Ahorcaditos. Goshua. Adoquines del Pilar. Dobladillos de miel y canela. Tortas de alma. Brescajus. Xuxos. Cocas de Montserrat. Manjar blanco. Nicanores. Leche frita. Chevaliers. Paciencias de Almazán. Almendras garrapiñadas. Mantecados de Portillo. Ponche segoviano. Bollo maimón. Yemas de santa Teresa. Picatostes. Albóndigas en dulce. Mazapán de Toledo. Mostachos. Tortillas de Rodilla. Miguelitos. Pá-nolí. Peladillas. Turrón. Paparajotes. Sapillos. Perrunillas. Merengas de café. Tortas de aceite. Roscos de Priego. Hornazo de san Marcos. Pestiños. Huevos moles. Bollos de panizo.


Y aún puedo ser más dulce y decir cosas como... Ensaimadas o bienmesabe. Y también Trenzas de Agustina o pastel de naranjas. Aún se me ocurre alguna más como edulcorante, caramelos de fresa, granadina o bizcocho... pero creo que ya es suficiente. Creo que he sido muy dulce. Otra vez, quizás sea tierno o cariñoso o, incluso, ambas cosas a la vez. Pero hoy me apetecía ser dulce. Creo que lo he logrado. No lo sé... Aun así, tengo la sensación de que se me olvida algo, que completaría todo la dulzura que tengo dentro. No, no es fardalejo, ni granizado, ni horchata, ni profiterol, ni flan, ni milhojas, ni canutillos, ni sobao, ni.... No sé, ya me acordaré... Si va a resultar al final que no soy tan arisco y áspero como parecía. ¡Ah, me acordé! Me faltaba decir algo.... crema catalana....



PD: ¿Cuál es nuestro estado habitual de carácter? Dicho de otro modo ¿cómo creemos que somos? ¿Nos ven así los demás? ¿Lo hemos comprobado?

domingo, enero 16, 2011

zodiac (1986, robert graysmith)

La historia viene de dieciséis años atrás, pero parece que le hemos dado un poco más de importancia en los últimos días. Todo viene a cuento de la “aparición” de un nuevo signo del zodíaco. Ofiuco, le llaman e identificado con una serpiente. Vaya por delante que no creo ni en casualidades, coincidencia, suerte ni horóscopo, pero quiero dar mi particular visión de todo esto. No deja de ser todo una confrontación entre astrónomos y astrólogos en los que aquellos acusan de timadores a estos. Parece ser que, desde que hace más de dos mil años, cuando los babilonios crearon los signos zodiacales, se ha producido un “bamboleo” en la rotación de la Tierra por efecto del campo gravitatorio lunar, que significa que los astros se han movido de su lugar relativo. Lo mismo hasta es cierto. No lo sé.


Total, que desde Minnesota han aconsejado introducir ese decimotercer signo zodiacal. Pero, claro, el año sigue siendo el mismo con sus meses y sus días, así que se reduce el tiempo de “actuación” de cada signo. Explicado de otra manera... antes era todos tenían una duración de un mes, pero resulta que un día iba Escorpio conduciendo por los espacios siderales y Ofiuco le ha adelantado por la derecha. Total, que ahora sólo son sagitarios los que han nacido entre el 23 y el 29 de noviembre. Punto. ¿Y cuál es la consecuencia de todo eso? Básicamente dos: por un lado, una crisis de identidad zodiacal; y por otro lado, la hecatombe, tanto en el mundo adivinatorio como en el de los tatuajes.


Con todo, se nos olvidan los grandes perjudicados de todo esto: Cetus, que sería un nuevo signo del zodíaco y pertenecerían los nacidos entre las 14 horas del 27 de marzo y las 2 horas del 28 de marzo y cuyo símbolo sería una ballena... [¡¡tócate los cojones!!] y el asesino del Zodíaco, que tanto matar para al final te has enterado que no, que te has equivocado y que hay que empezar de nuevo... Bueno, y la serie de dibujos, “Los caballeros del zodiaco”. Ciento diecinueve capítulos y resulta que faltaba uno....



PD: ¿Ahora ya no soy imaginativo, sensible, amable, compasivo, intuitivo, soñador, idealista, y de voluntad algo débil como buen piscis? ¿Ahora tengo que ser simpático, humanitario, honesto, leal, original, brillante, independiente, intelectual, impredecible y poco emocional como un acuario que se precie?

miércoles, enero 12, 2011

la del pirata cojo (1992, joaquín sabina)

Estaba convencido que ya había hablado de ello, pero, revisando entradas anteriores, parece que no lo he hecho. El caso es que, alguna vez, soñé en ser un pirata. Uno como Henry Morgan, o como Francis Drake, o, tal vez como Walter Raleigh o como Henry Avery, o, quizás como Barbarroja o Barbanegra. Incluso pensaba en esos corsarios ficticios como Barba Azul, Long John Silver y hasta el simpático Garrapata... Alguna vez soñé con tener un parche, pata de palo, garfio, cicatriz en una mejilla, un pendiente de aro y hasta un barco en el que ondease una bandera negra con dos huesos cruzados bajo un cráneo. Y también quise tener un mapa del tesoro, con su recorrido serpenteante trazado con línea discontinua, llevándome hacia una gran equis negra en una isla bajo una palmera... Sueños de niños...


Pero, resulta que me he cruzado con un pirata en la vida real. Quizás, ni eso. Posiblemente, ni eso, todo lo más, un corsario, un filibustero o un triste bucanero. Y nada de parches, heridas de abordajes o loros sobre el hombro. No, nada de eso, en su lugar, gomina, traje, corbata y zapatos brillantes. Y por si fuera poco, no habitaba en un viejo galeón confiscado a españoles, franceses o portugueses, ni sus dominios eran la Isla de la Tortuga, Madagascar o Port Royal... No, nada de eso. Vivía en la habitación de al lado. Aquí, en la capital del Reino. En mi casa...


El botín que se ha llevado en menos de quince meses no ha sido un cofre repleto de doblones, joyas y alhajas. Ni tan siquiera, un arcón con piedras diamantes, esmeraldas, rubíes o gemas.... Menos todavía, un baúl con lingotes de oro, diademas u obras de arte. No. Nada de eso. En cuatrocientos cuarenta y cuatro días su gran tesoro ha sido de apenas ciento treinta y tres mil ciento ocho reales [para mi gusto, poca ganancia en tanto tiempo]. En fin... seguiré soñando con MIS piratas y creeré realizar abordajes junto a la corsaria Prudence 'Spitfire' Stevens o junto al bucanero Geoffrey Torpe.... Sueños de niño....



PD: ¿Acabaremos alguna vez con los piratas de la vida real? ¿Por qué me resultan más.. “humanos” los piratas sobre los que leí o vi en el cine? ¿Por qué cuando imagino un pirata pasan por mi mente durante unos segundos Errol Flynn y Burt Lancaster?

martes, enero 04, 2011

deshojando alcachofas (2005, esther bendahan)

Bueno, día cuatro de año y ya he decidido que voy a incumplir todos mis bueno propósitos para este año. He tardado un poco más que el anterior, que ya lo hice el mismo día en que empezaba el dos mil diez. éste he tardado un poco más. En realidad he tardado algo más en manifestarlo por escrito y públicamente, porque claro lo tenía desde hace tiempo. He pensado que así, teniéndolo claro desde el primer momento, me quedan más días para deshacerme de los remordimientos y centrarme en el sobrevivir diario que me lleva la mayor parte del tiempo. Creo que los motivos para no cumplir responden, más bien a un pragmatismo [quizás sea también una practicidad] que tengo de la vida. Tampoco lo sé ni me queda claro, pero vamos, que he hecho un planteamiento “racional” y como que no veo claro porqué voy a hacer unos propósitos de ,os cuales no estoy plenamente convencido.


Por ejemplo, lo de aprender un idioma... no lo veo, si, total, mis camellos de café, hablan mi misma lengua, es más, no necesito ni hablar con ellos, que ya, en cuanto me ven acercarme, comienzan a preparar mi dosis... Lo de perder peso.... estos días creo que he cogido unos kilillos de más [cinco, concretamente, pesado ayer], pero no es algo que tenga en cuenta... además... me gusta comer, disfruto comiendo... así que no voy a privarme... Lo del gimnasio... tampoco, tampoco, que pagar para no ir... prepararé la media maratón como el año pasado y ya veremos si me animo a algo más... No sé si me dejo algún propósito más....


Bueno, sí, uno. Pero ése tengo claro desde el mismo momento de las uvas que sería imposible llevar a cabo. De todos modos, es así mejor. Mamalussor y yo hemos creado ese modo de comunicación. Enfrentándonos verbalmente [y dentro de las buenas maneras y educación], vamos que discutimos constantemente. A ambos se nos haría raro cambiar y no discutir, no reñir, no defender nuestros puntos de vista... Discuto cada día con ella... y nos queremos.... ¡¡Suerte con vuestros propósitos!!



PD: ¿Tratamos de engañarnos con esos nuevos propósitos? ¿Realmente cuánto aguantamos manteniéndolos? ¿Los creamos porque no nos gusta lo que hacemos?

viernes, diciembre 31, 2010

un año más (1988, mecano)

Como siempre, deprisa y corriendo. A última hora. Variando la hora habitual de publicación [esto ha sido, más o menos, conscientemente]. Mitad a hurtadillas, mitad entre compromisos de este día. Tratando de escribir rápido para aprovechar el tiempo en otras cosas. Hoy, parece ser, toca repaso de os últimos trescientos sesenta y cinco días. Al volver la memoria, aparecen un montón de imágenes que me resulta difícil describir [y mucho más en sólo trescientas cincuenta palabras]. Han existido momentos buenos, menos buenos, risas, alegrías, lágrimas, tristezas... Lo normal. Pero hay algunas cosas que me gustaría reseñar. Por un lado, he vuelto a redescubrir la alegría por escribir [tanto lo que aparece en este cuaderno de bitácora, como lo que pasa a formar parte de distintos relatos] y a saber que hay quien lo lee y piensa sobre ello.


Otro hecho es que mi vida “dospuntocero” ha crecido, y bastante. He conocido virtualmente a unas cuantas personas. Y he desvirtualizado a algunas de ellas. Y eso ha supuesto un estímulo, llamémosle, vital. Saber, conocer, aprender, descubrir... a personas que son como uno, no necesariamente piensan ni se comportan igual, pero son normales. Con sus buenos y malos días, con sus problemas y sus soluciones... A veces, tengo la sensación, que ser normal es anormal. Y me niego a creer eso. Quiero pensar que estoy rodeado de personas normales y que hay gente buena por ahí y no todo el mundo es un canalla, un bandido o no tiene escrúpulos.


Para mañana dejaré los buenos propósitos que no pienso cumplir. Creo que cuanto antes deje de cumplirlos, más tiempo tendré para deshacerme de los remordimientos por ese incumplimiento. Mientras tanto y, aprovechando las escasas horas que restan para el cambio de año, quiero felicitarte el año. A ti, seas quien seas, donde quiera que estés y que has caído por accidente o de manera voluntaria, en este pequeño diario, que has llegado leyendo hasta esta líneas y que aún sigues leyendo. A ti, FELIZ AÑO 2011. Que todo lo que desees se te cumpla durante los próximos trescientos sesenta y cinco días.



PD: ¿Tanta importancia tiene un cambio de año? ¿Realmente necesitamos un día para creer que podemos cambiar? ¿Por qué nos hacemos buenos propósitos que luego no cumplimos?

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