
miércoles, mayo 25, 2011
la guarida (1963, robert wise)

jueves, mayo 19, 2011
campamento flipy (2010, rafa parbus)

miércoles, mayo 11, 2011
tin cup (1996, ron shelton)

martes, mayo 10, 2011
la nuit du carrefour (1932, jean renoir)

viernes, abril 22, 2011
la saeta (1969, joan manuel serrat)

miércoles, abril 20, 2011
you're the one [una historia de entonces] (2000, josé luis garci)

martes, abril 19, 2011
cabaret (1972, bob fosse)

sábado, abril 16, 2011
vine del norte (1998. ismael serrano)

viernes, abril 08, 2011
una novela de barrio (2007, francisco gonzález ledesma)

miércoles, abril 06, 2011
el hombre sin sombra (2000, paul verhoeven)

viernes, abril 01, 2011
lavadora blues (1988, ilegales)

Ahora, viviendo en la capital del reino, comparto piso [y gastos] con dos muchachos, Efe Lipe y Miau Ricio [lo sé, son raros, pero no sé si es prudente dar los reales]. Miau lleva poco nosotros, apenas un mes, así que aún estamos conociéndonos y poco puedo decir de él, salvo que es argentino [lo cual, me parece hasta una profesión… tiene que ser duro ser argentino siempre]. De Efe ya conté una anécdota de él. Es de Ciudad Real [es descriptivo, no descalificativo]. Es una fuente inagotable de vivencias… para los demás. Y luego quedo yo, que soy… yo… En fin, me considero un tipo de fácil convivencia, las cosas fáciles y claritas. Miau se asemeja bastante a mí en ese sentido. Efe… Efe no es de este planeta… o algo así.
Viene a cuento porque estoy pensando en citarlo tras la catedral de mi pueblo, cuando los primeros rayos comiencen a despuntar y batirnos. Llevaré a "Silbadora", naturalmente. Mi querido “ciudarealeño” lleva dos días de desencuentros conmigo. Esto es, la lía y procura que no nos encontremos. Y, al final, como siga así, voy a acabar haciéndome el encontradizo… Entiendo que la convivencia puede ser difícil entre extraños, cada uno es como es y tiene la educación que ha recibido, pero con un poquito de buena voluntad… El caso es que Efe hizo colada el lunes por la noche y decidió dejar secar la ropa en un tendedero plegable en lugar de en las cuerdas. El martes por la mañana la hice yo y cuando estaba a puntito de acabar el programa, a la hora de comer, en un descuido mío, recogió la ropa del tendedero y la puso en las cuerdas.
Bueno, no pasa nada, pensé… Ya tenderé a la tarde… Doce horas después me fui a dormir. Su ropa seguía en la cuerda. La mía, en la lavadora. El miércoles por la mañana su ropa ya no estaba. La mía tampoco. Había decidido sacar mi colada de la lavadora, meterla en un barreño y dejarlo en el salón. En la lavadora, más ropa suya, daba vueltas en el tambor…
PD: ¿Nos resulta tan difícil decir las cosas que sabemos que pueden molestar? ¿Nos movemos por la vida a nuestra “bola” sin importarnos el resto? ¿Realmente nos cuesta convivir y socializarnos?
miércoles, marzo 30, 2011
el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886, robert louis stevenson)

Ven. Acércate. Siéntate. Aquí. A mi lado. Déjame que te cuente una historia, una fábula si lo prefieres, un cuento en definitiva. Trata sobre dos pícaros, sobre un par de pillos, una pareja de truhanes al fin y al cabo. Pongámosles nombre. Dime una letra. La que quieras. ¿La ge? Hmmmm… Está bien. Se llamarán… Gonzalo y… Ginés. Buenos nombres ¿no te parece? Son amigos, casi me atrevería a decir que buenos amigos. Y unos excelentes timadores. Desde luego, no son honrados, en ocasiones, ni tan siquiera el uno con el otro, pero son buenas personas. Lo que a mí me gusta llamar buena gente. Son la noche y el día, y, sin embargo, todo lo que les diferencia, es lo que les une.
Ginés es un ratero de poca monta, un trilero. Casi sin estudios, simpático y campechano. Se cree un Casanova [no sé porqué, pero me recuerda a José Álvarez “Juncal”] y, en ocasiones, se excede con la ingesta de alcohol. Gonzalo, por su parte, es todo lo contrario, un hombre de negocios, un estafador distinguido [con un aire a Arturo Valdés, pero más natural, menos forzado]. Culto, educado y sofisticado. Como te he dicho, son muy diferentes y, al mismo tiempo, son casi idénticos. En uno prevalece el lenguaje de la calle, el haber vivido a través de las experiencias; en el otro, prima la apariencia, la imagen, el que los demás no se enteren de la verdad. En ambos, fluye la idea de una vida mejor, sin trampas, sin escaramuzas… Son dos pero forman un uno. Seguramente entiendes lo que quiero decir. Son tan diferentes y tan complementarios, que son cara y cruz de la misma moneda. Antagonistas, pero inseparables.
En la vida de los dos se cruzan vivencias, personas, ciudades. Cada uno las ve e interpreta a su modo. Las experiencias, gentes y lugares son los mismos, pero cada cual los ve desde su prisma y ellos son interpretados en función de lo que muestran y esconden. Ginés y Gonzalo son nobles, de buen corazón, con sus defectos y virtudes… En el fondo, Gonzalo y Ginés componen mi yo. Tu tú…
PD: ¿Has sentido alguna vez ser dos personas diferentes? ¿Qué te comportabas como si no fueses tú y que te resultase natural? ¿Soy el único que siendo zen, en, ocasiones estallo como un energúmeno?
viernes, marzo 25, 2011
el camarada perdido (????, gustave henry mosler)

El otro día me di cuenta. Notaba que faltaba algo, pero no sabía acertar con qué era. Era esa sensación que te abraza, que te inunda, que la sientes muy dentro y, sin embargo, no eres capaz de encontrar, de discernir el motivo. En este caso, uno sabe que es por la ausencia de algo, por su inexistencia, pero no logra averiguar de qué se trata, hasta que, de pronto, cruza esa imagen por la imaginación y lo ve todo claro. Las brumas mentales se despejan y se vislumbra el camino de baldosas amarillas que lleva hasta esa idea perdida y no encontrada, hasta esa ocurrencia que sólo estaba difuminada y que en ese preciso momento comienza a verse diáfana.
Y ahora lo veo claro y nítido. Veo, paseando por la calle de cualquier ciudad o pueblo, contenedores donde depositar el cartón, el papel, el vidrio, los restos de comida, el plástico… incluso, donde dejar ropas que ya no usaremos… pero echo de menos la presencia de contenedores de tristeza. No tenemos contenedores de tristeza. No hemos sido capaces de crear unos recipientes en los que arrojar aquello que no queremos, que nos sobra, que nos daña… No hemos creado nada donde poder deshacernos de la pena, el desconsuelo, la aflicción, la amargura, la melancolía, la pesadumbre, el pesar, el quebranto, la tribulación, la desdicha o la nostalgia...
Le doy vueltas al tema y [forzando un poquito] me planteo cómo será nuestra evolución si no hemos sido lo suficientemente inteligentes como para crear un depósito en que acumular congojas, desconsuelos, abatimientos, angustias, desolaciones, ahogos, desesperaciones, desánimos, pesimismos, melancolías, morriñas, añoranzas... para poder reciclar todos estos sentimientos y darle nuevos usos, nuevas aplicaciones. Sí, lo sé... no pido una desaparición total y completa de la tristeza. En el fondo es lo que equilibra a nuestras alegrías, venturas y satisfacciones y lo ideal es punto medio. Acepto todo eso, pero... tengo la sensación que los momentos de “felicidad” son más cortitos y los aprovechamos menos que los de “infelicidad” que se nos hacen eternos y nos duelen más....
PD: ¿Cuál es tu solución cuando estás triste? ¿En qué o en quién te refugias? ¿Cuánto dura esa sensación?
martes, febrero 22, 2011
paseo por la playa (1909, joaquín sorolla)

El viernes de la semana pasada, bueno, mejor dicho, hace diez días, hizo buen día aquí, en la capital del Reino. No fue un día de verano, pero sí que se aproximaba a los recuerdos primaverales que uno guarda en la memoria. Estuve paseando, poco importan las calles o los lugares. Y me senté en un banco, en una larga avenida. Junto a mí, compartiendo aquel asiento, un anciano con su perro [lo siento, soy malísimo para las razas de perros pero parecía un cocker]. Y ahí estábamos los tres. Sentados. Dejando que el sol nos calentara la cara. Y, estando ahí, no sé porqué extraña razón, qué curiosa relación establezco en mi cabeza... me sentí como si estuviese en una isla. Y estaba allí solo, en esa isla, que no tiene nombre y que, cuando no sé cómo denominar algo, llamo Catatonia, ese sitio en que los sueños y la realidad se mezclan, ese lugar al que acudimos cuando empezamos a dormirnos...
Mientras estuve en la Isla de Catatonia, en mis oídos, a través del emepetrés, Sinatra me cantaba “Moon River” y Van Morrison me iba susurrando eso del “Bright side of the road”... Podía ver las palmeras, la marea yéndose despacio para volver con nueva furia, toallas multicolores extendidas sobre la arena o en los hombros de paseantes y bañistas.... Incluso, sentí esa brisa que acariciaba mi cara y me impedía sofocarme. Nada era verdad, desde luego, todo producto de mi imaginación...
Quizás, la lástima, es que sólo haya ocurrido en Catatonia, que sólo fuese durante unos minutos, que no haya habido realmente ni playa, ni toallas, ni bañistas, ni marea, ni... sólo sol y brisa. Aunque, bien pensado, tal vez, es lo mejor. Que exista Catatonia, como isla, como montaña, como pueblo, como país, o península, o continente, o ... Que exista un lugar, donde los sueños y la realidad puedan mezclarse y, durante un ratito, podamos alcanzar cierto grado de felicidad. Desde luego, para mí, existe Catatonia, es real, con sus árboles, flores, nubes, playa y montaña, y tiene un castillo con princesa, príncipe, hada y hasta un dragón.
PD: ¿Cuál es ese lugar imaginario en el que te refugias? ¿Dónde se encuentra ese sitio en que rozas la felicidad? ¿Imaginario o real?
domingo, febrero 06, 2011
el húsar (1986, arturo pérez-reverte)

En uno de esos múltiples paseos solitarios que suelo hacer por la Villa y Corte, mirando hacia arriba, buscando no sé muy bien qué, si balcones poblados de plantas, si unos rayitos de sol, si una gárgola o una señora asomada a la ventana, y fijándome en los nombres de las calles, uno de ellos me hizo pensar. La calle era Juan Martínez El Empecinado. Hasta ahí nada extraño. Es más, vagamente, recordaba algo leído, quizás en los años escolares, o, tal vez fue escuchado en algún programada de radio o televisión, que fue uno de los guerrilleros que encabezaron la Guerra de la Independencia. Sin embargo, el apodo, mote, alias o sobrenombre, me hizo reflexionar. ¿Cómo fue este tipo para que le llamasen El Empecinado? Es más ¿cómo eran quienes así le apodaron? ¿Se habían afrancesado?
Quiero decir, suponiendo que eran campesinos, poco leídos y, prácticamente analfabetos... me resulta más sencillo, creer que le hubiesen llamado "El terco", "El testarudo", "El tozudo" o "El obstinado"... pero no, tenía que ser "El empecinado". He llegado a pensar que, tal vez, le decían... "- Juan, no seas así, no te empecines, que esta guerra está perdida.... no hagas locuras.... no te empecines, por favor...." Bueno, poco más o menos, pero aún así, consideraba que era algo forzado. Me resultaría más factible creer que le dijesen... "-Juan, no seas cabezón, que no, que los "franchutes" nos van a masacrar... déjate de tonterías y vuelve al campo...."
La explicación es más sencilla que mis conjeturas, mucho más fácil... Resulta que Juan Martínez nació en un pueblecito de la provincia de Valladolid, donde hay un riachuelo pequeñito y sus humedales, en las afueras de la localidad, han creado unas balsas de cieno negro que se denominan pecinas. de este modo, quienes nacían a las orillas de ese barro, en los pueblos de la comarca, les llamaban "empecinados", esto es, nacidos de un arroyuelo y de tierra oscura. Ésta es la historia real... pero no sé, creo que me gustaba más lo que me había inventado yo... bueno, al fin y al cabo, la imaginación es libre....
PD: ¿Alguna vez imaginaste algo que no era real? ¿Algo que tú dedujiste sin que nadie te dijera nada? ¿Supuso una decepción comprobar que la realidad era totalmente distinta a lo que habías pensado?
miércoles, febrero 02, 2011
que se llama soledad (1987, joaquín sabina)

Fue la semana pasada. Trato ahora de recordar el día exacto, pero no lo logro. Quizás fue el miércoles, o tal vez el martes... creo que el jueves no fue… Había terminado de preparar la cena. Me senté a la mesa. Dejé el plato sobre ella. Tenedor, cuchillo, servilleta, pan… la luz encendida y, sin embargo, ese día parecía más tenue, más débil, menos brillante. Iba descalzo por la casa. Bueno, con calcetines. Me senté. Empecé a cenar y sentí frío. Mucho frío. No venía provocado por los pies descubiertos, no. Era diferente de otro tipo. No tenía el ordenador que, en ocasiones, me acompaña a la hora de comer o cenar. Un libro. Recuerdo que había llevado el libro. Y las gafas, ésas que sólo me pongo cuando de acuerdo de utilizarlas, a pesar de que, tantas horas delante de la pantalla o frente a papeles y libros me aconsejarían usarlas con más frecuencia. Ahora no sé si el libro lo abrí o no. Creo que sí. O no. No sé…
Recuerdo que me detuve, que dejé de utilizar los cubiertos y que sentí más frío aún. Sentado delante de esa mesa, con la lámpara iluminando la sala, con la comida humeando en el plato… sentí frío. Miré a la ventana… ¿Quizás, inconsciente mente la había dejado abierta o mal cerrada? ¿Vendría de ahí ese aire gélido que notaba que me estaba abrazando? No. Cerrada. Bien cerrada. Me quité las gafas. Miré al frente. A esa silla vacía al otro lado del tablero. A la pared desnuda. A…
Y me di cuenta. En ese momento, con la cena a medio terminar, con el libro sobre la mesa, mientras sostenía cuchillo y tenedor. En ese momento. Lo entendí. Entendí el frío que me rodeaba. Entendí la luz que, paradojas, se iba volviendo más sombría. Entendí todo. El rompecabezas encajaba y todo tenía, de nuevo, un significado. Entendí la silla solitaria. Entendí la pared desierta. Lo entendí. En ese momento fui consciente. En ese instante lo advertí. La semana pasada, cenando, descalzo, en esa sala, me di cuenta que estaba solo….
martes, febrero 01, 2011
quiz show. el dilema (1994, robert redford)

Se me ha ocurrido hacer un experimento. No sé cuándo lo haré público… bueno, no lo sé aún, al menos al empezar a escribir estas líneas… Con un poco de suerte, al final de esta entrada quizás ya lo haya decidido. La idea es la siguiente. Quiero hacer una entrada comunal. Imagina que estás leyendo esto, pues bien, a ti, que has tenido la amabilidad de entrar en este cuaderno de bitácora, a ti que paseas la vista por estas palabras, a ti… te pido ayuda. Me gustaría que escribieses veinte, treinta, cuarenta palabras… las que quieras… Y que me las enviases al correo que aparece en mi perfil. No en los comentarios, al correo….
El tema no existe o, lo que es lo mismo, habla de lo que quieras. Cuéntame con tus palabras lo que quieras transmitir. El límite son el número de palabras que he dicho antes. La idea es, con esas colaboraciones crear una entrada congruente, mejor dicho, con esas frases escritas crear una entrada que aporte algo. Si falta texto hasta las trescientas cincuenta palabras habituales, me encargo yo de completar. Si, por el contrario [y eso me encantaría…], sobrasen palabras, ningún problema, esa entrada pasará de la cantidad acostumbrada. La ocasión creo que merece la pena. Vale, quizás pienses que estoy como una cabra.
Tuve esta idea hace unos días y pensé que podía utilizarlo para conmemorar algo, sin embargo, después creí que no era necesario un motivo extraordinario para hacerlo. Simplemente quiero intentarlo. Si sale, perfecto, genial, fantástico. Mi ego y yo te estaremos eternamente agradecidos por habernos ayudado. Si no participas, bueno, no pasa nada, seguramente, inventaré algo que, quizás, la próxima vez, te motive más. Esto para mí es un reto. La pregunta es… ¿lo es para ti, escribirme veinte o treinta palabras? O, tal vez podría preguntarte… ¿me ayudas a conseguir este reto que he creado? Al principio decía que no sabía cuándo publicaría. Bien, ya lo he decidido. Una semana. Dentro de una semana exacta. El martes que viene publicaré lo que haya recibido. O lo que no haya recibido.
PD: ¿Cómo te comportas ante un nuevo reto? ¿Lo meditas, afrontas sin pensarlo, dudas? ¿Te creas nuevos desafíos?
miércoles, enero 26, 2011
la vida que te espera (2004, manuel gutiérrez aragón)

Hace unos meses comenté ciertos recuerdos e hice una vuelta a mis orígenes. Bueno, en realidad creo que fue más un paseo que una vuelta en toda regla. El caso es que en los últimos tiempos ando dándole vueltas a un regreso físico a ese lugar, a ese pueblo perdido entre las montañas cántabras, a ese entorno marcado por vacas, a esos pequeños muretes de piedra delimitando las fincas, a esa arquitectura rural, que relaciona el modo de vida ganadero y la muda. Muchos de mis recuerdos de infancia vienen, irremediablemente, marcados por los veranos pasados allí. Recuerdos en sepia algunos, en blanco y negro otros, algunos coloreados y otros en vivos colores... Supongo que están relacionados con la viveza de las experiencias vividas, pero, principalmente, por la sensación de tranquilidad respirada allí, entre pasiegos, unos pocos veraneantes, una serpenteante carretera comarcal, flores de manzanilla los días soleados y “caza” de caracoles los nublados [abundantes estos días, con la niebla, especialmente al atardecer]
Las casas, no lo son propiamente, o sí.. no lo sé... son cabañas, en las que el lugar de los animales está en la planta baja y en la superior se ubica el pajar y la habitación. Son de planta rectangular, con tejado de lastras, y solana, a la que se accede a través de una escalera exterior. Las más antiguas son menores y datan del siglo XVIII. La mayoría de ellas, están acondicionadas a la vida actual. Y, sin embargo, estar allí es como desconectar del mundo, es sentirse aislado y abrir la posibilidad a olvidar problemas, dudas, inquietudes... y crearse nuevos horizontes, nuevas metas, nuevas ideas...
Hace mucho que no voy, posiblemente diecisiete años. Demasiados. Demasiados incluso para mí. Porque aquello no es sólo parte de mi infancia, aquello, ese pueblo de poquísimos habitantes, ese pueblo que queda aislado con los primeros copos de nieve en invierno, ese pueblo de leche recién ordeñada, de juegos infantiles, de cuévanos, dalle y trashumancia... ese pueblo es también mi abuelo. Están relacionados. Están unidos. Y para mí, el uno carece de sentido sin el otro. Creo que debo volver....
PD: ¿Dónde se desarrollan tus recuerdos de infancia? ¿Mantienes los colores, los aromas, el tacto? ¿Qué recuerdas de aquellos años?
miércoles, enero 19, 2011
acantilado rojo (2008, john woo)
Declaración de principios. Me gustan las pelis de chinos. Ya está. Fin. Bueno, intento explicarlo... A ver cómo sale... Me encantan esas películas por las coreografías que desarrollan. De acuerdo, principalmente en peleas, batallas y/o guerras, pero es pura coreografía. Lo sé, ahora los saltos y vuelos no nos impresionan tanto porque ya sabemos de arneses, de cables y demás zarandajas que utilizan para esos saltos imposibles. Pero no deja de ser pura coreografía. Principalmente esas luchas cuerpo a cuerpo, en que todos los intervinientes se desplazan al mismo tiempo y los movimientos son medidos, pausados, sincronizados. ¡Cuánto ha cambiado la historia de aquellas películas en que el protagonista, rodeado por varios, era atacado por ellos pero de uno en uno!
De todos modos, los orientales saben tratar y retratar el pasado, su pasado, con auténtico cariño y respeto. Vamos, lo que mismo que por estas tierras, que se hace una película de El Cid y lo interpreta Charlton Heston [amosnomejodas] que ya no sé si es Rodrigo Díaz de Vivar, Moisés, Ben-Hur o un astronauta que hablaba con monos... Por suerte, aún hicimos algo bien con Don Quijote y Sancho Panza [don Alfredo, soy consciente que le debo una entrada]. Pues eso, que tratan mejor su pasado y su historia que nosotros el nuestro, o, al menos, esa es mi sensación. Pero también puedo estar equivocado...
Retomando lo de las coreografías y las películas, me queda aún ver a algún chino bailar que dan hostias como panes, en perfecta coreografía sí, pero no sé yo si sentido el ritmo tienen mucho. Vamos, que hacen lo mismo que en su momento Bud Spencer, pero éste, con economía de movimientos. Y ya, antes de acabar, quiero reivindicar a Donald O’Connor [sí, quien acompañaba a Gene kelly en “Cantando bajo la lluvia”]. Si en la famosa escena del "Make’em laugh” ofrece un virtuosismo bailando, en la misma película y en coreografía perfecta con don Gene, lo que hace es sencillamente ES-PEC-TA-CU-LAR. “Moses supposes” se llama la escena. ¡¡Búscala y disfruta!!
Quería hablar de samuráis y he acabado con películas musicales... Se me va la pinza...
PD: ¿Te gusta bailar? ¿Sabes hacerlo? ¿Talento natural o estudio? ¿Te da vergüenza?
martes, enero 18, 2011
pero, ¿quién mata a los grandes chefs? (1978, ted kotcheff)

Quería escribir unas cuantas líneas llenas de dulzura y mi retorcida mente me ha traicionado y lo primero que se me ha ocurrido ha sido: mantequilla. Lo cual, dicho sea de paso, y por mi carácter arisco, tampoco es muy de extrañar. Así que, voy a intentar ser dulce, sin resultar empalagoso ni almibarado y decir unas cuantas cosas que hace tiempo que quiero decir y que hasta ahora no me había atrevido. Ahí voy.... Mantequilla. Sacarina. Caramelos de fresa. Tarta de queso. Chocolatinas. Pastel. Bombón. Nata. Gominola. Piruleta. Flan. Tiramisú. Natillas. Macedonia de frutas. Galletas. Helado de vainilla. Guindas. Mandarinas. Arroz con leche. Caramelos de limón.
No sé si estoy siendo suficientemente dulce, así que seguiré... Tarta de Santiago. Filloas. Bicas. Melindres. Frisuelos. Quesada. Cuajada. Postre San Prudencio. Pantxineta. Ahorcaditos. Goshua. Adoquines del Pilar. Dobladillos de miel y canela. Tortas de alma. Brescajus. Xuxos. Cocas de Montserrat. Manjar blanco. Nicanores. Leche frita. Chevaliers. Paciencias de Almazán. Almendras garrapiñadas. Mantecados de Portillo. Ponche segoviano. Bollo maimón. Yemas de santa Teresa. Picatostes. Albóndigas en dulce. Mazapán de Toledo. Mostachos. Tortillas de Rodilla. Miguelitos. Pá-nolí. Peladillas. Turrón. Paparajotes. Sapillos. Perrunillas. Merengas de café. Tortas de aceite. Roscos de Priego. Hornazo de san Marcos. Pestiños. Huevos moles. Bollos de panizo.
Y aún puedo ser más dulce y decir cosas como... Ensaimadas o bienmesabe. Y también Trenzas de Agustina o pastel de naranjas. Aún se me ocurre alguna más como edulcorante, caramelos de fresa, granadina o bizcocho... pero creo que ya es suficiente. Creo que he sido muy dulce. Otra vez, quizás sea tierno o cariñoso o, incluso, ambas cosas a la vez. Pero hoy me apetecía ser dulce. Creo que lo he logrado. No lo sé... Aun así, tengo la sensación de que se me olvida algo, que completaría todo la dulzura que tengo dentro. No, no es fardalejo, ni granizado, ni horchata, ni profiterol, ni flan, ni milhojas, ni canutillos, ni sobao, ni.... No sé, ya me acordaré... Si va a resultar al final que no soy tan arisco y áspero como parecía. ¡Ah, me acordé! Me faltaba decir algo.... crema catalana....
PD: ¿Cuál es nuestro estado habitual de carácter? Dicho de otro modo ¿cómo creemos que somos? ¿Nos ven así los demás? ¿Lo hemos comprobado?
