miércoles, noviembre 25, 2015

había una vez un circo (1972, enrique carreras)

He perdido mi nariz, mi nariz de payaso. Era una de esas narices de payaso rojas, grandes, blanditas, esponjosas, brillantes… De hecho, si cierras los ojos y repites esta descripción, posiblemente seas capaz de recordarla… o al menos, eso es lo que me ocurre a mí, que aparece vivamente en mi cabeza… No fue ayer, ni el día anterior, ni el anterior del anterior, ni… bueno, en realidad, no sé cuándo pasó.... Fui consciente hace varios días, sin embargo, uno tiende a pensar que, dada su capacidad “desorganizativa”, la ha dejado en otro sitio, la ha colocado fuera del lugar habitual y que, más tarde, la encontrará…. Pero esta vez no ha sido así. No sé dónde está. He mirado por todas partes, en casa, en el trabajo, en los últimos lugares que recuerdo haber estado con ella… y nada no aparece.

Hasta fotos me había sacado con ella, fotos que ahora miro con cierta nostalgia. Imágenes llenas de luz, de color, de sonrisas… tal vez, porque alguna vez le había comentado que, ver la vida desde detrás de ella, te permitía sonreír con tranquilidad… es más, creo que si alguien nos ha visto juntos, también sonrió…. No quiero pensar que me la han quitado, simplemente que, por mi mala cabeza, la he perdido. Quizás, dentro de un tiempo, aparezca de nuevo…. quizás, no…. Supongo, también, que la esperanza es lo último que se pierde, con la utópica idea que se hallará lo extraviado.

Le doy vueltas a la idea que se me escapase, huyese de mí, quisiese alejarse y, dando vueltas haya llegado a otras manos, a otras personas a las que quiera hacer sonreír e, incluso, esas personas se sientan del mismo modo en que tener esa nariz de payaso me hacía sentir a mí…. Sí, lo sé, las narices de payaso no tienen vida propia… pero no dejo de dudar si ésta la tuviese y además, la capacidad de dar calor interno a quien la guardase y cuidase…. Lo mismo, era una nariz mágica y por eso ya no la tengo. Porque no la cuidé suficientemente bien….


PD: ¿Alguna vez has tenido un objeto fetiche? ¿Algo que sabías que no te daba suerte, pero que te hacía sentir bien? ¿Lo perdiste, lo olvidaste, lo conservas?
viernes, septiembre 11, 2015

boom boom (1961, john lee hooker)

Frágil… en singular… en plural… Una palabra que, a lo largo de las últimas semanas, me ha venido con cierta frecuencia a la cabeza. Se ha paseado por dentro sin que tuviese, en ocasiones, un motivo concreto para hacerlo. Y cuando lo hace, la primera imagen que aparece es una mano femenina sosteniendo una copa de champagne hecha de un cristal finísmo y como se resbala entre sus dedos y, a cámara lenta, desde un plano cenital, va cayendo hasta estallar en mil pedazos al contactar con la baldosa del suelo. Está claro que original en mis pensamientos no soy….

Y eso me ha hecho pensar en lo débiles e indefensos que somos en general, cómo una decisión, propia o ajena, puede revelar todas nuestras debilidades, cómo puede ocurrir que mostremos nuestros miedos, nuestros temores, nuestros “fantasmas”… cómo el exponernos así al resto de la gente nos da una sensación de desprotección que nos angustia, que nos provoca ansiedad, que nos duele en ese ligerísimo hueso de los sentimientos… y cómo, para ello, nos protegemos, buscamos corazas, armaduras, máscaras, caretas, cascos, yelmos, golas, guanteletes y grebas… Cualquier cosa que nos defienda, posiblemente, de nosotros mismos… y, probablemente, el modo que tenemos de negarnos esas “taras” para no vernos enteros. Eso, claro, cuando decidimos afrontar las cosas y no huir o hacer el avestruz…

Supongo que ir por la vida a pecho descubierto, tampoco es la solución, como, imagino, no lo es, escudarnos en que no lo hacemos porque tenemos los hombros cargados o la espalda ancha y podemos con todo y con más, o aprovechar el agua de la ducha para que se confunda con las lágrimas cuando ya estamos a rebosar buscando esa intimidad tan personal…. Reconozco que poquísima gente me ha visto llorar por algo que sentía muy dentro, que no soy de lágrima fácil, pero, reconozco también, que han sido esos momentos, los de mayor libertad interna e interior que he tenido, que esa sensación de ser un pingajo, al mismo tiempo, me daba una tranquilidad conmigo mismo que pocas veces he conseguido. Paradojas de la fragilidad….


PD: ¿Por qué ese momento de fragilidad se produce cuando mejor estamos anímicamente? ¿O simplemente creemos estarlo? ¿Por qué tapamos nuestros sentinientos?
domingo, agosto 09, 2015

la rendición de granada (1882, francisco pradilla)

Mi entorno más próximo [curioso, todo él es femenino] conoce la atracción que siento por los perdedores, por quienes permitieron a otros vivir la gloria y pasar a la historia [e, incluso, a la Historia]. Soy un rendido admirador de Bugno y Chiappucci en 1991 y 1992, de Robert Scott, de Boris Spaski, de George Foreman en Kinsasa, de Dominique Wilkins en los concursos de mates, de Sepp Maier frente a Panenka, de cualquiera de los que pelearon contra Rocky Marciano, de George Mallory, de Stirling Moss, de Raymond Poulidor, de Deborah Kerr, Peter O’Toole y Richard Burton en las noches de los Oscars, de….

Bueno, pero también soy un incondicional de personas anónimas que permiten a otros conocer los laureles del éxito de manera cotidiana… de quien con paso decidido se dirige al último taburete libre del bar o asiento del autobús y es ocupado en el instante final por otra persona, del muchacho totalmente enamorado que “pierde” a la chica porque se va con otro y ambos [el muchacho y ella] saben que se equivoca, de quien recibe un “vuelvo en media hora” y espera, permanece ahí aunque los minutos se transformen en horas, días, meses... de quien no llama por no molestar.... Soy y seré un defensor de quienes pierden pequeñas batallas, y eso no les impide luchar por ganar el combate final...

Quizás esta fascinación viene dada porque, en el fondo, sólo uno puede ganar y eso nos iguala al resto... tal vez, porque estos perdedores siguen levantándose, se sacuden el polvo, cogen el pico y la pala y vuelven a la carga, intentando que, en la próxima ocasión, ser ellos los triunfadores... posiblemente, porque se enfrentan a todo sin armaduras ni máscaras, aunque les puedan partir la cara... sin duda, porque van con todo, y creen que sólo quedan en la memoria los triunfos más honestos y que aunque no siempre gane el mejor, creen que el mejor saldrá ganando... y principalmente, porque se niegan a conformarse, a pensar que las cosas sólo salen bien en las películas o en los libros de Corín Tellado...


PD: ¿Cuántas veces necesitamos caer para ganar? ¿Hay quien gana siempre? ¿Nos ganan en igualdad de condiciones?

Posiblemente, la banda sonora de esta entrada, si la relees, pueda ser ésta.
jueves, julio 23, 2015

más dura será la caída (1956, mark robson)

En los últimos días me he sentido como el viejo boxeador que se aferra a un nosesabequé interno para dejarlo todo a sus espaldas e irse sin mirar atrás. Me he sentido como esa vieja gloria que lanza sus puños hacia adelante pero no consigue que impacte ninguno, provocando una imagen de balanceo que, visto desde el graderío, no deja sino una secuencia ridícula y absurda y, por el contrario, siente recibir jabs y uppercuts de distintas partes, uno tras otro, y que cuando casi se ha recuperado del anterior, llega el siguiente, en las costillas, que le deja sin aire y, aun así, se niega a abandonar el centro del cuadrilátero, como si salir de ahí fuese una huida que le avergonzase…

Piensa, el ya canoso deportista, que se enfrenta a rivales más jóvenes, y quizás no lo son, y se trata, simplemente, que las piernas ya no son tan veloces, que los brazos ya no tienen tan fuerza y que cada vez le cuesta más esquivar las ofensivas del rival que él siente cada vez con más fuerza. Cree el maduro contendiente, enrabietado, con el fin de ir ganando tiempo y algo de resuello, que la única táctica valida en estos momentos, sea abrazarse al contrario para impedir que siga golpeando. No obstante, bien es sabido, que los veteranos de las doce cuerdas, son buenos encajadores y, salvo aquellas veces que doblan las rodillas, dado que el golpe ha sido demasiado fuerte o inesperado, no tocarán la lona. Son, los miembros de esta vieja guardia, gente que no se quejará, que no se inmutará ante los crochets recibidos y seguirá recibiendo puñetazo tras puñetazo. Algo en su interior, les obliga a permanecer en pie…

Queda un último asalto. El viejo púgil, sentado en el taburete, en su esquina, sostiene, sobre sus cuarteados y despellejados guantes, con la mirada perdida en ella, la toalla. Está en trance. Miles de imágenes se le agolpan antes de que suene la campana. Y duda… Duda si tirar esa tela al suelo y abandonar. Piensa que le sobran ausencias… que le faltan presencias….


PD: ¿Por qué hay veces que un grano de arena se nos antoja una cordillera inalcanzable? ¿Cuántas veces somos capaces de caernos y levantarnos? ¿Alguno de los golpes será el definitivo o será la suma de todos ellos?

PD: creo que a esta entrada le va ideal, como banda sonora, esta canción...
viernes, abril 04, 2014

evasión o victoria (1981, john huston)

Hace un par de semanas, Vitor Borba Ferreira Gomes [vamos, Rivaldo] anunció que lo deja, que se retira, que ya no sigue. Lo hace faltando menos de un mes para cumplir cuarenta y dos “castañas”. Y, claro, teniendo en cuenta que él es mayor que yo, eso me ha hecho pensar que aún tengo una posibilidad, ya que como decía Publio Sirio “la oportunidad se presenta tarde y se marcha pronto” y me estaba preguntando si no será éste mi caso y, resulta que, simplemente, estaban esperando mi momento de máxima madurez para hacerme una oferta irrechazable, a la cual no me pudiera negar…

Con ocho o nueve años me hicieron una prueba para un equipo de fútbol [bueno, en realidad, insistí a mis padres en ir…] Con tan tierna edad, remataba como "Santillana", el mismísimo Arconada parando, galopaba por la banda con medias bajas cual Gordillo en el Betis… o eso, creía yo… La audición para el noble arte de darle patadas a un balón se saldó con un "ya te llamaremos…". Y en ello estoy… Creo que se les ha debido traspapelar el número de teléfono y tampoco es cuestión que sientan que les hago un reproche si les llamo ahora, más de treinta años después, pero el caso es que acabo de alcanzar los cuarenta y ya sólo me queda el último contrato bueno… Y primero… Y único… Bueno, eso, e instalarme en la depresión y crisis de los cuarenta...

El caso es que, si Rivaldo con cuarenta y dos lo va a dejar, yo, más joven y muchísimo menos castigado por las lesiones que él, tengo una oportunidad. Lo mismo, ahora, alguien, al leer esto, se acuerda y dice “¡¡Ostras!! ¡¡Sí!! ¡¡El chaval éste!! Que no lo llamamos…” Bueno, que no guardo rencor, que aún estoy disponible, que un despiste así nos puede pasar a cualquiera…. Ocurre que, si no llaman pronto, tendré que hacer como el marqués de Del Bosque allá por 2003 [con fotógrafo de Marca, por supuesto] e ir al INEM. Y no queda bien, decir que aún no tengo experiencia como futbolista…


PD: ¿Por qué hay cosas que se nos quedan marcadas desde críos? ¿Por qué, al recordarlo, sigue habiendo un cierto regusto amargo? ¿Será que aún nos duele?
viernes, noviembre 01, 2013

sleepy halloween (1999, tim burton)

Se nos ha ido de las manos el tema de Jalogüín [sí, ya sé que está mal escrito, que correctamente es Jálogüin]. Partiendo de la idea que me toca mucho la parte escrotal que los norteamericanos copien algo que, de por sí, es inimitable, y hagan correr a unos bisontes por un trazado vallado, imagino también que al hijo de miss Dorothy, natural de la bella localidad de Willimantic, en el condado de Windham, en Connecticut, le sorprenderá ver, a través de internet, que en Villanueva del Pardillo, provincia de Madrid, los infantes se dediquen a ir casa por casa disfrazados de muertos vivientes o cualesquiera de los personajes que a mayor gloria interpretó Bela Lugosi, pidiendo chucherías varias a cambio de no tirarle huevos a las ventanas. Porque claro, el willimanticeño piensa que, con lo que les costó re-adaptar una festividad celta, no está bien que otros se aprovechen ahora de ese esfuerzo.

Todo esto viene a cuento porque volviendo de entrenar me he encontrado con innumerable chavalería disfrazada de Príncipe de los Cárpatos, nativas de Salem de finales del siglo XVII y otros personajes de la literatura fantástica… Pero no sólo eso, junto a ellos iban presuntos adultos responsables caracterizados de algún modo que no logro entender, y que me evocaban más a Ramón García desde el Hostal Americano la última noche del año que otra cosa… Y sin embargo, tengo la sensación de que los disfraces se repiten, que las ideas son las mismas, que no hay innovación y, sobre todo, que no hay pasión.

En fin, que me desvío, decía al principio que se nos ha ido de las manos y creo que el mayor ejemplo es [y ojo, es una true story de Champions League] una niña que he visto que estaba reutilizando el traje de la Primera Comunión [sin las gasas y adornos] aunque no me ha quedado claro si iba disfrazada de la niña de la curva, la novia cadáver o Christina Ricci vestida de gala… Tampoco creo que todo tenga que ser Tenorio y huesos de santos, pero hay un punto medio…


PD: ¿Por qué nos influyen las tradiciones y festejos de otros lugares? ¿Qué ejerce esa atracción? ¿Por qué no somos capaces de ser originales?
martes, junio 11, 2013

cinderella man (2005, ron howard)

1935. Viernes. Día trece, además. Diciembre. Nueva York. Madison Square Garden [“El Mádison” que diría un barbero que yo conozco…]. Nueve de la noche…. Hace frío en la calle, sin embargo, no cabe un alma en el recinto. Tres meses han pasado desde que se anunció lo de hoy y, en unas horas, se agotó el billetaje. Si quienes protagonizaran el evento fuesen Marlene Dietrich y Jean Harlow, no hubiesen levantado tanto interés como quienes hoy los han congregado. Enfundados en sendos albornoces con sus nombres impresos en la espalda, ambos contendientes se refugian en sus respectivos rincones. Concentrados. Cada uno pensando en los puntos débiles del contrario y en cómo ocultar los propios.

Arthur Donovan, pantalones grises, camisa blanca y pajarita negra, mira al cronometrador, asiente y suena la campana. Los púgiles se levantan como resortes de los taburetes de madera y se dirigen hacia el centro del cuadrilátero. Las miradas están llenas de tensión, y, sin embargo, carecen de expresión alguna. Se tantean. Se mueven en perfecta sincronía el uno alrededor del otro. Durante los tres minutos de cada uno de los dos primeros asaltos apenas hay nada reseñable, intercambio de golpes inanes entre el “Bombardero” y el “Toro” y poco más. Pero algo ocurrió en el tercer asalto, al final… El guipuzcoano conecta una serie de golpes que culminan con un uppercut que impacta en el pecho del adversario que se tambalea y trata de mantener la distancia. El español vuelve a la carga está dispuesto a soltar una serie de golpes, pero, ¡oh, destino!, suena la campana y ambos se retiran a las esquinas.

Comienza el cuarto asalto, el final del anterior ha activado todos los sentidos de Louis. Sale mucho más activo. Tiene una idea fija. Entre los guantes de Paulino ve el objetivo. Mete el puño por ahí, golpea el mentón de Uzcudun y éste cae. Donovan comienza a contar… uno… dos… tres… siete… Paulino se levanta, lanza tres puñetazos sin saber dónde está siquiera Joe… Ahí, es cuando se para el combate. Única derrota por KO de Paulino Uzcudun y último combate profesional...


PD: ¿No te has sentido nunca en un estado tal que has comparado con haber sido apalizado por un boxeador? ¿Qué te ha provocado esa sensación? ¿Se trataba sólo de cansancio físico o había también fatiga mental?
viernes, mayo 10, 2013

alfredo el grande (2008, marcos ordóñez)

Mire, don Alfredo, no le voy a mentir, tenía pensado dedicarle una entrada desde hace un montón de tiempo, al menos, que yo recuerde, dos o tres años, pero, ya sabe, lo va uno dejando, dejando, dejando… y se encuentra con lo de ayer… que ya es tarde para haberlo hecho y, lo de hoy, suena más a homenaje a deshora, que propiamente un reconocimiento merecido por todo lo que nos ha dado…. Fíjese, ¿quién le iba a decir a usted que aquel extra sin acreditar en “La vuelta al mundo en 80 días” con Niven y Cantiflas iba a acabar como Joaco ¡¡CINCUENTA Y UN AÑOS!! después? No me diga que lo esperaba, porque no le creo…

Se preciaba de ser navarro y de ser el que mejor jugaba al mus desde que se inventó, mire, le ennoblece lo de ser navarro, pero lo del mus, me perdonará, pero, si acaso, el segundo mejor, ya me entiende… Lo cierto, lo que nunca podremos agradecer suficiente es que nos diera al apocado Castrillo atracando un banco a las tres, al subdesarrollado Timoteo Fonseca, al cateto Miguel Cañete, a Pepe que se fue a Alemania, a ese Manolo Olmedillo, a Jenaro que acertó los catorce, al Padre Saturio, a Juan durante un puente, a Germán Areta, a José Rebolledo y las verdes praderas, a Paco, el Bajo, al brigada Castro con la vaquilla, a Ceferino Reyes, al sargento Pérez y la banda, a El Americano, a Sancho Panza, a Fray Papilla, a Bartolomé y la marrana o a Don Pepe Gil Cebollada… ¡¡Joder, don Alfredo, vaya historial!! Decían que usted era el Jack Lemmon español… ¡¡qué coño!! ¡¡Él fue el Alfredo Landa americano!!

Mire, le vamos a guardar durante unos años a Pepe Sacristán, que aún lo necesitamos… Mientras, salude de nuestra parte a José Luis Ozores, Manuel Aleixandre, José Bódalo, a Tony Leblanc, a José Luis López-Vázquez, a Agustín González, a Paco Rabal, a Fernando Fernán Gómez… Enséñeles a jugar al mus, ríase con ellos, recuerden anécdotas… y dígales que les añoramos mucho… ¡¡¡CasoenSoria, esto tenía que haberlo escrito antes!!!


PD: ¿Por qué hay actores que nos han marcado tanto? ¿Por qué hay una generación de personas que hemos sentido como de la familia aun sin haberlos conocido? ¿Por qué hacemos los homenajes tan tarde?
miércoles, marzo 27, 2013

yo, cecilia... (2011, alejandra govea hernández)

El otro día fui en tren [que, por otro lado, ya sería noticiable y se merecería una entrada propia] y viajé al lado de Cecilia. Digo bien, viajé junto a ella, porque, lo cierto, es que no dejó de sorprenderme a lo largo de todo el trayecto. Antes de que se pusiese en marcha el tren parecía totalmete abducida por la blackberry de trabajo [lo supe porque luego sacó el teléfono personal enfundado en una carcasa blanca con orejitas de conejo… qué monada, Cecilia…] y empezó a llamar a la oficina y hablaba más y más deprisa cada vez, aludiendo que se iba a perder la cobertura en cuanto arrancase el tren. Después llamó a un holandés y en un perfecto inglés estuvo dialogando dando más y más instrucciones [este hecho, me hizo advertir que mi conocimiento del idioma de la Pérfida Albión es más notable y cuantioso de lo que yo creía…]

Una vez que acabó la conversación, pensé que se relajaría y disfrutaría del viaje, mas… ¡¡¡craso error!!! Cecilia desenfundó el portátil [por cierto, para todos los aparatos electrónicos utiliza la misma contraseña…] y continuó con lo que debía ser un proyecto en diapositivas de su propia boda, realizando fotomontajes con distintas instantáneas. Debo reconocer que la chica iba muy mona, que él parecía, digamos, aturdido en el chaqué, que los fuegos artificiales fueron preciosos, que el mini amarillo descapotable fue un detallazo… pero una cosa, Cecilia, el tema de esa penúltima diapositiva, con la liga ya en sus sitio, antes de ponerte el vestido, no veo yo muy claro que sea algo para enseñar, pero no me hagas caso, que lo mismo soy poco progre…

En el fondo, todos estamos, en algún momento, con un Cecilio o una Cecilia, es más, todos lo somos, en algún momento... En una cafetería, en una parada de bus, esperando turno en la carnicería… Todos, hacemos cosas que nos resultan normales en un momento determinado y, sin embargo, a quienes nos rodean, no se lo parece… Ellos son, a partir de ahora, mis Cecilios, mis Cecilias. Yo mismo soy un Cecilio…


PD: ¿Nos extrañan personas que hacen o dicen cosas inapropiadas en el lugar en el que están y luego, nosotros hacemos lo mismo? ¿Sólo nos llaman la atención las situaciones absurdas? ¿Pasa con más frecuencia de lo que nos parece
viernes, diciembre 21, 2012

casablanca (1942, michael curtiz)

Recuerdo la primera vez que traspasé el umbral de aquella doble puerta maciza de madera, bajo ese cartel luminoso decorado con arabescos. Recuerdo la sensación de cruzar a algo prohibido. Quizás esperaba encontrarme señoritas sirviendo benjamines de champán, flirteando con los clientes, pero no, no fue así… Recuerdo verme envuelto por el humo de los cigarrillos, por esa densa neblina formada por ese tabaco de picadura tan gruesa que deja ramas en la boca. Recuerdo deambular entre mesas vestidas con mantel de hilo, rodeado de paredes encaladas, sintiendo el aroma de las especias flotando en el ambiente… Me senté al final del local, observando, casi sin pestañear, por miedo a perderme algo, todo lo que me rodeaba, hasta que las luces se iban apagando, retiraban los vestidos a las mesas y, acodado, pensaba en el pianista que estaba en la otra punta y que me recordaba a Louis Armstrong, pero él decía llamarse Sam…

Recuerdo apoyarme en la barra y ver a un francés, con la guerrera llena de condecoraciones y apellido de automóvil, quejarse por descubrir que se hacen apuestas en el local, al tiempo que recoge sus ganancias por las mismas. Y a Ugarte, reconocible por aquellos ojos saltones y esa mirada triste, delante de un tablero de ajedrez, trapicheando con unos salvoconductos, al cual yo recordaba, también, persiguiendo un halcón maltés. Entre sombras furtivas aparece la figura de Laszlo, siempre en penumbras y no retengo bien sus facciones, viviendo en la clandestinidad…

Recuerdo, desplazarme por el café, absorto en mis pensamientos, a cámara lenta, observándoles a los dos, a Rick, a Ilsa, sin que ellos se miren y, sin embargo, sin perderse de vista. Él, cínico, solitario, pero, sobre todo, amargado, con un dolor en el alma que le impide hacer algo más que una mueca al sonreír con un whisky doble, vestido de esmoquin blanco. … Ella, un ángel, una luz en el local, con pamela y con esa mirada desbordada por las lágrimas, inundada por la ternura y la nostalgia… SETENTA AÑOS ha cumplido ya, y cada vez que la vemos, parece la primera vez…


PD: ¿Por qué hay películas que nos atrapan y nos empujan a verla una y otra vez? ¿Nos vemos reflejados en ellas? ¿Nos gustaría haber vivido esas historias?
viernes, noviembre 23, 2012

mi amigo maigret (1949, george simenon)

Balduino Pito, Jupiter Jones, Pete Crenshaw y Bob Andrews, Hercules Poirot y su fiel Hastings me acompañaron en mi infancia y adolescencia. Los Hollister, Los Cinco y Los Gemelos me parecieron siempre insufribles. Con miss Marple me pasa algo similar a lo de Jessica Fletcher [ya lo comenté hace tiempo], me parecen unas auténticas gafes, Parker Pyne nunca me atrajo y Sherlock Holmes y Watson me resultan… no sé, pero no acabo de cogerles el truco. Y a Carvalho no puedo dejar de imaginármelo con la imagen de Eusebio Poncela [lo de Patxi Andión fue un error…]. Sin embargo hay algo en otros, que me atrapa, que me seduce, que me hace buscar más de ellos. Todo comenzó, sin duda, con el comisario Maigret. Con él he recorrido Paris [literaria y literalmente] y he querido entrar en el Quai des Orfèvres, fumar en su pipa, charlar con Janvier, Lapointe, Lucas… y encargar bocadillos y cerveza a la Brasserie Dauphine.

Desde luego, me gustaría ir a Suecia y compartir café y unos “florida” con Martin Beck, mirarme, mirarle en esos ojos tristes y, tal vez, compartir silencios con él y con Kollberg, Melander, Larsson y Röhn… Por supuesto, visitar a Bernie Gunther en la Alemania pre y post-nazi y compartir unos cuantos schnnaps con este tipo honesto, cínico, crítico, irónico y sincero. Compartir conversación en torno a una cocido y un filete en La vaca Verónica con Bevilacqua y Chamorro, caústico, irreverente y rebelde él, prudente y sensata ella, tiene que ser un curso acelerado del estudio de las personas. Viajar a Vigàta y conocer la deliciosa cocina siciliana con Salvo Montalbano mientras se intercambian silencios y bromas con retorcido sentido del humor debería estar en una lista de “cosas a hacer…”

Indudablemente, quiero una tertulia de sobremesa con Leo Caldas, Toni Romano y Corazón Rodriguez, y charlar con ellos de la vida y de las personas… El paciente del doctor Sugrañés me haría llorar de risa con sus ocurrencias y peripecias. Con Julio Alsina compartiría una botella de Licor 43. A Méndez, Basilio Céspedes y Carlos Clot espero conocerlos pronto…


PD: ¿Por qué hay personajes que nos atrapan sin remedio? ¿Por qué en los libros que nos gustan siempre vemos reflejado algo de nosotros? ¿Por qué nos gusta leer?
lunes, noviembre 19, 2012

a mis niños de 30 años (1999, miliki)

Ayer se me fue un trozo de infancia, se nos fue a todos, a muchos… un gran pedazo de nosotros mismos, de aromas, de colores, de recuerdos… de miles de sentimientos y sensaciones… Ayer perdimos, perdí, parte de esa inocencia infantil… Ayer, don Emilio Alberto Aragón Bermúdez falleció. Ayer, y no quiero utilizar los tópicos para decir que se reunió con sus hermanos, padres y tíos, ayer, como decía, desapareció el último soporte físico de una generación. Ayer se desvaneció el “nanania nananiana, nana naniana”. Desde ayer, los bocadillos de nocilla, de mortadela, de chorizo mientras vemos la tele, ya no van a saber igual… Desde ayer, toda una generación nos hicimos mayores de golpe…

Se fue Miliki y también, con él, el último de “Los payasos de la tele”, el último de la saga familiar que elevó a otra categoría la imagen del payaso de circo. Gaby dejó de ser ese payaso serio, de cara blanca, ceja exageradamente arqueada y gorro de cucurucho, aunque seguía siendo el “serio”, el objeto de bromas y burlas por parte de sus hermanos. Fofó y Miliki eran augusto y contraugusto, pero no necesitaron pintarse, ni la nariz roja para hacernos reír, pero, principalmente, para hacernos cantar. Su gran mérito fue, interactuar con nosotros, con “sus niños”, hacernos responder a sus preguntas, reír, cantar con ellos… Con su ausencia, cubriremos de polvo en la memoria el “Rojo, amarillo y... ¡verdeeee!” o el “¡Sorroco! ¡Auxillo!”… Se va Miliki, se ha ido, y nos quedarán esas largas camisolas rojas, esos pantalones azules y esos enormes zapatones… Y queda, para siempre, el “feliz, feliz en tu día…”

Desde ayer, don Pepito, don José, Susanita y su ratón, Manuela y su porompompóm… están más solos. Desde ayer, el auto de papá no tiene quien lo conduzca, la nariz ya no picará, mi barba seguirá teniendo sólo tres pelos, la gallina Turuleca ya no será ponedora, y el barquito de cáscara de nuez irá a la deriva…. Y nosotros, una generación entera, cuando oigamos o recordemos un “¿Como están ustedeeeeees?” gritaremos, quizás mentalmente, un “bieeeeeeeeeeeeeeennnnn” y esbozaremos una sonrisa…


PD: ¿Qué tienen nuestros recuerdos de infancia que nos hacen sonreír? ¿Qué tiene nuestra inocencia infantil que nos hace añorarla? ¿Por qué muchos de esos recuerdos son en blanco y negro?
viernes, noviembre 09, 2012

everybody will needs somebody to love (2010, solomones)

Tal día como hoy, hace siete años, empezó esto. Medio en broma, medio en serio. Con una idea que se transformó en otra y luego en otra, y luego en otra… Y ha sido como yo, inconstante, distraído, concienzudo, irónico, reflexivo… Y he hablado de gárgolas, de cine, de ideas, de sentimientos, de… bueno, de un montón de cosas y poco, muy poco de mí… Así que trataré, de manera excepcional, de paliar esa desinformación, quizás, simplemente, porque se lo debo a esta “crema-catalana” y, como esos memes que circulan por ahí, voy a realizar uno propio. En las doscientas cuarenta y cuatro palabras que faltan.

Nesquik. Café. Coca-cola. Amarillo. Azul. Carne. Café solo. Lentejas. Garbanzos. Guisantes. Sin cebolla. Café solo y solo. Muy poco hecha. Leer. Baloncesto. Twitter. Bueno, también con cebolla. Mediterráneo. Montaña. Magic. Indurain. Estiarte. Azul. Cuatro. Diecisiete. Sol. Morgan Freeman. Tren. Cantábrico. Pamplona. Los clicks. Loquillo. Sabino Méndez. Martin Beck. Germán Areta. Niebla. Rocky Marciano. Paulino Uzcudun. Nueces. Sangüesa. Chorizo. Playa. Clint Eastwood. Los mercados públicos. El Barrio. Maristas. Rubén Bevilacqua. San Pedro del Romeral. James Stewart. Las gafas de Kareem. Arconada. Ceferino Reyes. Epi. Margaret Dumont. Aurora Redondo. Barcelona. Arcángel Rafael. Barba. Sean Connery. Lluvia. Sabina. Kennedy. Cary Grant. Grace Kelly. Los abrazos.

Steve McQueen. Cervera. Beatles. Mikan. Chamberlain. Churchill. Norma Jean. Nieve. Serrat. Plátanos. Madrid. Las caricias. Hablar. Mortadelo y Filemón. La rodillera de Chendo. El minuto 112 en Wembley en 1992. Escribir. Joe Louis. Alí. Joe Montana. Spitz. Una BH roja. El discurso de Jack Palance en los oscars. Paris. La ginebra. Los relojes. El tres-cuatro-tres. La media maratón. El Coyote. Las canciones que hablan de mí. Las que no lo hacen. El faro de Santander. Tres besos seguidos y otro más fuerte, todos sonoros. Vía Dalma. Russell. Las bufandas de lana. Duncan Dhu. Sir Tim O’Theo. El 23. Bird. Trasnochar. Audrey. Maigret. Piscis. El golpe de Seve en la Ryder de 1983. Ducados. Soy también todos mis aciertos y errores, mis virtudes y defectos. Y, principalmente, soy todas esas personas que conocí, los libros que leí, la gente con la que hablé…


PD: de manera extraordinaria, hoy no hay reflexión, simplemente, a ti, darte las GRACIAS, por haber llegado hasta esta última palabra…
miércoles, octubre 03, 2012

007 al servicio secreto de su majestad británica (1969, peter r. hunt)

De vez en cuando, me vienen a la mente ideas acerca de los “desafortunados” [sabiendo que no creo en la suerte, la casualidad, la coincidencia… ni el horóscopo…] y, si bien es cierto, en algunos momentos a todos nos falta un poco de fortuna en un aspecto o momento concreto, hay quienes no tienen la suerte de cara. Entrecomillo “desafortunados” porque no son unos cualesquiera, no son personas desfavorecidas en el sentido que podamos darle actualmente a esa expresión. Concretamente y, con motivo del medio siglo que cumple James Bond, estaba pensando en el “pobre” George Lazenby. Ahora mismo, ni recuerdo su cara….

Es mala suerte [si se cree en ella…] que seas James Bond inmediatamente después del mejor Bond de todos los tiempos [opinión personal, desde luego] y que tu sustituto sea el mismo al que sustituiste. Que estés “Al servicio secreto de Su Majestad”, mientras Sean pensaba que “Sólo se vive dos veces” y posteriormente que son los “Diamantes para la eternidad”. Reconócelo George, es mala suerte eso… Lo es que al anterior le diesen un trasto volador o un submarino o vaya a una nave espacial antes que tú, y después de ti tenga un simulador de voz o un cepo de dedos o huellas digitales postizas y tú sólo tengas unos esquíes. De verdad, querido George, te miró un tuerto…

Por cierto, George, en el poster de tu peli, eres posiblemente el Bond “menos aguerrido” de todos, aunque otro con el amigo Timothy te sigue muy cerquita. Te reconozco el mérito de soltar al inicio eso de "Esto nunca le pasó al otro tipo…" pero nene, es que el “otro tipo” luego fue Daniel Dravot, Robin Hood, Juan Sanchez Villa-Lobos Ramirez, William of Baskerville, Jim Malone, Marko Ramius, el rey Ricardo, el rey Arturo e, incluso, Allan Quatermain… Sólo le ha faltado ser Dios… pero ahí, MorganFríman ha sido más rápido…. Así que, mi querido George, lo tuyo ha sido mala suerte, pero también una pizca de falta de talento, ¿no te parece? Pero tienes razón, "Esto nunca le pasó al otro tipo…" Cosas que pasan…

PD: ¿Por qué nos atraerán las películas de Bond? ¿Quizás porque nunca seremos agentes secretos? ¿Por ese “martini, shaken, not stirred”?
jueves, septiembre 06, 2012

el guateque (1968, blake edwards)

El otro día, y, en realidad hace dos semanas de ello, participé en la elaboración de un cóctel muy especial. Voy a dar la receta que, siendo sencilla, no es tan fácil de elaborar dada la dificultad, en ocasiones de encontrar al mismo tiempo todos sus ingredientes. Lo primero y, básico es encontrar un recipiente en el que quepan todos ellos. No tiene porqué tratarse de uno muy grande, puede ser suficiente uno pequeño, pero deben entrar todos sin que sobre ninguno. Una vez hallado, hay que incorporar, progresivamente, una parte de “Tarracoseta”, otra de “Gironina” [puede sustituirse por “Blanesesa”], dos partes de “Tremposía”, dos de “Pamplonebra” y dos gotas de “Tarraconada”. Agítese o mézclese, porque no va a perder la fuerza ni sabor, y sírvase frío o caliente o templado…. La virtud de este cóctel es su idoneidad para cualquier estación del año… refresca y revitaliza en verano, calienta y reconforta en invierno, ayuda a pasar las lluviosas tardes en otoño y combate las alergias primaverales. Bien es cierto, que, en mi caso, le hubiera añadido una parte de “Cariñot Chandon” y otra [o dos] de “Tortosina”, pero no hubo manera de encontrar ambos ingredientes.

Cierto es que uno no está acostumbrado a estas bebidas. Bien es sabido por quienes me quieren, y de quienes yo me siento querido, que lo mío es el café solo, negro, amargo… Cuestión de carácter, imagino… Y, tal vez, al principio, durante unos instantes, me cuesta asimilar este nuevo sabor, supongo que por el contraste en el paladar, pero luego, uno prueba, mezcla, hace combinaciones… uno poco de “Tremposía” por aquí, más “Tarracoseta” por allá, algo de “Pamplonebra”, ahora de esta otra “Tremposía”… me quedé con la sensación de no haber probado suficiente “Gironina”, creo que la próxima vez lo haré y me quedó el cosquilleo de no haber podido tomar un buen par de sorbos de “Cariñot Chandon” y de “Tortosina”.

Aún tengo el sabor en la boca de ese cóctel, y, me encantaría repetir, pero, supongo, lo mejor es dejarlo reposar e ir tomando de los ingredientes por separado… de momento…


PD: ¿Por qué nos gusta tanto estar rodeados de amigos? ¿Por qué no nos importa el número y sí la calidad de la gente que nos rodea? ¿Por qué me hago estas preguntas?
miércoles, agosto 22, 2012

carros de fuego (1981, hugh hudson)

Poco menos de diez días desde que la llama se extinguió en el pebetero, sólo poco más de doscientas horas desde que comenzó una nueva olimpiada y, ahora, a la espera de que transcurran de nuevo cuatro años para vivir, una vez más, dos semanas en las que deportistas del mundo entero en distintas disciplinas, volverán a intentar alcanzar la gloria del Olimpo, y morar como allí lo hacían los mejores de entre los dioses griegos… decía, ahora, después de haber terminado los juegos olímpicos, me vienen al recuerdo imágenes de los anteriores, ésas que, están asociadas a mi infancia, a mi adolescencia, a… no sé, a algo en el subconsciente, o, en el inconsciente y que, en determinados momentos, afloran.

Aparecen por mi mente en un desfile, no sé si interminable, Misha, un José Manuel Abascal corriendo tras Coe y Cram, un Ben Johnson cruzando la meta, alzando el dedo índice al tiempo, con los ojos desorbitados [luego nos enteramos que el estanozol le llegaba hasta esos descomunales globos oculares…], Antonio Rebollo disparando una flecha ardiendo, realizando una parábola interminable hasta alcanzar el pebetero y prenderlo, a Greg Louganis golpeándose la cabeza contra el trampolín al realizar un doble mortal y medio invertido, la medalla de oro de Indurain, la derrota en semifinales del UsaBasketball de John Thompson, a Moussambani nadando los 100 metros libres en una marca superior a la de 200 metros, a Merlene Ottey en Moscú, Seúl, Barcelona, Atlanta, Sidney tratando de conseguir siempre el oro, pero no alcanzarlo nunca, a Florence Griiffith con aquellas uñas imposibles y maquillajes espectaculares.…

Los Juegos de este año dejan muchos recuerdos ahora que están recientes, habrá que esperar al paso del tiempo, de los años, para saber qué es exactamente lo que perdurará en mi memoria, pero hay una cosa que, seguro, recordaré… y, no es otra, que la interacción a través de twitter con un grupo de “locos”, de MIS “locos”. Ellos y ellas. Una en Madrid, otra en Tarragona, otra en Blanes, y en Pamplona, el de allí en Barcelona, y uno más en Tortosa y ….


PD: ¿De dónde viene esa fascinación a ser “el más rápido, el más alto, el más fuerte”? ¿De dónde viene esa fascinación por ver a esos deportistas entregándose al máximo? ¿Por qué disfrutaré tanto de los Juegos Olímpicos?
jueves, junio 07, 2012

aníbal vencedor contempla por primera vez italia desde los alpes [1770, francisco de goya]

La Historia, ésa que se escribe con mayúscula y nos narra el pasado de la humanidad, con sus grandes epopeyas, con sus terribles desastres, con sus fantásticos descubrimientos e inventos… , ésa, nos ha tenido engañados. Estoy convencido que Aníbal [hermano de Asdrúbal… que también, vaya familia con los nombres…] no fue ni general, ni militar, ni estratega… Acepto que fue cartaginés. Pero ya. Nada más. Para mí, Aníbal Barca fue médico. Es más, médico y, en uno de los hechos por los que más es recordado, estaba saliente de guardia. Si no, no se entiende que a alguien se le ocurriese cruzar los Pirineos y los Alpes encima de elefantes para ir a enfrentarse a la República de Roma y crear la Segunda Guerra Púnica. ¡¡¡No me jodas!!! ¡¡Los Pirineos y los Alpes!! ¡¡Sobre E-LE-FAN-TES!!

Sólo así puede parecer normal semejante idea. Vete desde nuestra Cartagena hasta Italia, crúzala entera, llega hasta Reggio di Calabria, vuelve hasta Crotona y desde allí en barco hasta Zama [al lado de Cartago, que ahora no deja de ser parte de un suburbio residencial lujoso de la ciudad de Túnez]. Y los romanos lo vieron, claro, y también la velocidad con la que se desplazaban con los elefantes, pero suele ocurrir, que cuando te ves envuelto en una post-guardia, te dejas llevar por una vorágine de acontecimientos en los que apenas puedes actuar. Y te empiezan a ganar Aníbal y los elefantes… Y te llevan a Madrid siguiendo el camino de Santiago y de pronto, tu Aníbal particular, a la altura de Belorado, cae en la cuenta que la ruta apostólica no pasa por la capital del Reino…

Probablemente, mientras iba encima de uno de esos elefantes, el cartaginés fuera pensando en que hay que sacar el perro, rodar unos kilómetros en bicicleta estática, cambiar la ropa de invierno por la de verano, preparar la comida y cena de ese día y la de las próximas semanas… y a ser posible, hacerlo todo a la vez… Al final, gana la República de Roma, pero ¡¡¡vaya rato!!! Aníbal tuvo que ser médico. Neurólogo, concretamente…


PD: ¿Son habituales esos “ataques” de hiperactividad que tenemos? ¿Qué los provocan? ¿Qué consecuencias tienen para nosotros y para los que nos rodean?
viernes, mayo 25, 2012

con las manos en la masa (1984, vainica doble y joaquín sabina)

Hace cosa de dos o tres semanas, aunque tal vez fue hace un mes ya, aparecieron por casa, todos juntos, Belcebú, Lucifer, Luzbel, Mefistófeles, Satanás [no, éste no vino…] encarnados en una sola persona portando, en sentida ofrenda, un objeto que no puede ser otra cosa que una creación del Maligno. Se nos presentaba, además, en forma de usufructo vitalicio sin que existiera opción al rechazo, a la negativa, a no aceptar tamaño agasajo…. Así que este artefacto, capaz de cortar, mezclar, amasar, cocer a fuego lento, hervir y cocer al vapor… se ha hecho fuerte en la cocina y no hay manera de sacarlo de ahí, ha tomado como rehenes a dos sartenes y una olla exprés, amenazando con rayarles el antiadherente si no lo utilizamos con regularidad. Y así estoy, sometido a la voluntad de la p*t* Thermomix…

Recuerdo con añoranza cuando era apolíneo, bien fibrado, mis facciones recordaban a los modelos griegos [por el tema de la nariz…], vamos, que me acuerdo de cómo era hace mes y medio… y ahora soy, más bien, parecido a Sancho Panza, bueno, en realidad más a Panza que a Sancho [y sí, me estoy refiriendo al Sancho Panza de los dibujos animados con la voz de Antonio Ferrandis]. Porque resulta que este invento del Demonio hace masas para tartas y pasteles, y pollo al chilindrón, y lentejas, y garbanzos, y …. salsas, hace ¡¡SALSAS!! Si yo, en el fondo, me conformo con poco. Me das una olla de arcilla, un trípode de madera y un fuego y soy feliz. Si no pido más…

De modo que así me encuentro, en plena “dieta de la Thermomix”. Sufriendo cada día, en cada comida o cena, por ver qué ha preparado, con qué me sorprenderá el dichoso artilugio y preocupado por el estado de salud de los secuestrados, temiendo en que en cualquier momento puedan oxidarse por el no uso, pensando en cómo liberarles y en cómo librarme yo de esta esclavitud… Lo cierto es que a este artilugio le veo muchas pegas, y la principal y fundamental es que… ¡¡NO HACE CAFÉ!!


PD: ¿No es la cocina probar, calcular, subir el fuego, bajarlo? ¿No alteran estos aparatos esa “ciencia” del cocinar? ¿Me he quedado en el siglo XVII?
martes, marzo 13, 2012

el último vals (2007, pablo moro)

“Rocky, una vez leí una historia de boxeo. Contaba la pelea de un viejo boxeador con más de cien combates a la espalda y una joven promesa. El viejo boxeador había hecho buenos combates en el pasado, pero ahora sus nudillos estaban rotos, sus cejas era de papel de fumar y sus arterias ya no tenían elasticidad. El tipo había resistido más que nadie. No quedaba ni uno solo de sus antiguos compañeros. Su rival no sólo era joven, sino bueno. Un boxeador rápido, inteligente, de pegada seca y los pies tan ligeros que apenas tocaban la lona. La pelea era desigual. El viejo boxeador sabía que iba a perder, pero tenía que luchar, tenía que aguantar. Lo hacía por él, ¿entiendes? Por sobrevivir…”

En algún momento, todos nos hemos sentido un poco Marvin Hagler, Harry Greb, Marciano, Chuvalo, o, incluso, como Carlos Monzón. Recibiendo golpes sin saber por dónde podría venir el próximo e intentando mantener el equilibrio ante el recibido. Y no sabemos si ha sido un jab, un cross, un uppercut o un crochet lo que hemos recibido, ni sabemos qué será lo siguiente. Y, menos aún si el slipping, el bobbing o el clinching nos dará alguna oportunidad de atenuar los golpes y recobrarnos, y cuál de ellos será el apropiado. Claro, no se tratan de golpes reales como los que recibían Kid Gavilán, LaMotta, Basilio, Fullmer o Tommy Farr. No, no son de esos…. Son de los que duelen en el alma, los que vienen envueltos en traición, desengaño, decepción…. De esos golpes, todos hemos tenido y hemos sufrido… En ocasiones nos hemos preguntado por qué a nosotros, quién o qué nos ha hecho subir a ese ring y por qué nos encontramos ante ese Walcott, Archie Moore, Alí, Frazier, Joe Louis o Sugar Ray Robinson que golpea sin cesar…

Decían de Marciano que "uno puede, al igual que con un oso montañés enfurecido, hacerle bajar el ritmo y lograr que sacuda su cabeza si se lo golpea con suficiente fuerza como para lastimarlo, pero nadie puede hacerlo retroceder"… Quizás eso es lo que haya que hacer…


PD: ¿En estas situaciones debemos encajar o devolver los golpes? ¿Comportarnos como un tentetieso? ¿A qué te aferras tú para no caer definitivamente?
viernes, junio 24, 2011

pongamos que hablo de madrid (1980, joaquín sabina)

Todo empezó aquí. O aquí. Lo cierto es que no sé exactamente cuál de los dos momentos es el primero que debo considerar como inicio, aunque suelo contar como tal, el DÍA CERO. Seiscientos cincuenta días exactos después, esto termina. O mejor dicho, terminó el lunes. Cuatrocientos cuatro kilómetros. Lo cierto es que desde hace cuatro días, mi habitación de aquí, de mi pueblo, ésa que durante años he compartido con mi hermano, es un auténtico caos de maletas, bolsas, cajas… que contienen cientos de experiencias vividas, decenas de personas conocidas, miles de pasos por las calles de la capital intentando conocerla, meterme en ella… Todo desperdigado por ese cuarto.

Sin embargo, ni una sola de las maletas, de las cajas, de las bolsas… he abierto…. Necesariamente tendré que hacerlo, quizás en las próximas horas, pero algo, dentro de mí, me impide hacerlo. Como si abrirlas algo de eso supusiera desprenderme de todo o parte de estos casi dos años. Y, en estos momentos, no tengo ninguna gana. Releyendo el párrafo anterior, me doy cuenta que he simplificado todo en cifras y lo cierto es que no puedo resumirlo sólo en eso. Hay más. Mucho más. Sentimientos, emociones, alegrías, tristezas, luces, sombras, euforia, desesperación… Y, ni aún así, alcanzo para abarcar todo lo sucedido en este tiempo.

Madrid se ha quedado con una parte mía. No sé exactamente qué, pero tiene ya algo de mí. No creí que eso fuese a ocurrir. No pensaba que esa ciudad y sus gentes me iban a atrapar de esa manera, pero me he ido dejando apresar. Poco a poco ha ido cautivándome hasta convertir todo, en determinados momentos, en un sueño del que uno no quiere despertar. Pero, no quiero engañarme tampoco, también han existido pesadillas, básicamente dos…. Ahora, pensándolo bien, creo que no echaré de menos a la ciudad en sí, sino a las personas que en ella viven y con las que me he relacionado. Y, naturalmente, a las conversaciones, encuentros, desencuentros… con ellas vividas. Pensar en Madrid supone, ahora, el recuerdo de personas que me han acompañado en esta experiencia…


PD: ¿Por qué, en ocasiones, resumimos todo en números? ¿Qué mecanismo nos hace relacionar situaciones con personas concretas? ¿Qué hace que la nostalgia se active?
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