viernes, junio 24, 2011

pongamos que hablo de madrid (1980, joaquín sabina)

Todo empezó aquí. O aquí. Lo cierto es que no sé exactamente cuál de los dos momentos es el primero que debo considerar como inicio, aunque suelo contar como tal, el DÍA CERO. Seiscientos cincuenta días exactos después, esto termina. O mejor dicho, terminó el lunes. Cuatrocientos cuatro kilómetros. Lo cierto es que desde hace cuatro días, mi habitación de aquí, de mi pueblo, ésa que durante años he compartido con mi hermano, es un auténtico caos de maletas, bolsas, cajas… que contienen cientos de experiencias vividas, decenas de personas conocidas, miles de pasos por las calles de la capital intentando conocerla, meterme en ella… Todo desperdigado por ese cuarto.

Sin embargo, ni una sola de las maletas, de las cajas, de las bolsas… he abierto…. Necesariamente tendré que hacerlo, quizás en las próximas horas, pero algo, dentro de mí, me impide hacerlo. Como si abrirlas algo de eso supusiera desprenderme de todo o parte de estos casi dos años. Y, en estos momentos, no tengo ninguna gana. Releyendo el párrafo anterior, me doy cuenta que he simplificado todo en cifras y lo cierto es que no puedo resumirlo sólo en eso. Hay más. Mucho más. Sentimientos, emociones, alegrías, tristezas, luces, sombras, euforia, desesperación… Y, ni aún así, alcanzo para abarcar todo lo sucedido en este tiempo.

Madrid se ha quedado con una parte mía. No sé exactamente qué, pero tiene ya algo de mí. No creí que eso fuese a ocurrir. No pensaba que esa ciudad y sus gentes me iban a atrapar de esa manera, pero me he ido dejando apresar. Poco a poco ha ido cautivándome hasta convertir todo, en determinados momentos, en un sueño del que uno no quiere despertar. Pero, no quiero engañarme tampoco, también han existido pesadillas, básicamente dos…. Ahora, pensándolo bien, creo que no echaré de menos a la ciudad en sí, sino a las personas que en ella viven y con las que me he relacionado. Y, naturalmente, a las conversaciones, encuentros, desencuentros… con ellas vividas. Pensar en Madrid supone, ahora, el recuerdo de personas que me han acompañado en esta experiencia…


PD: ¿Por qué, en ocasiones, resumimos todo en números? ¿Qué mecanismo nos hace relacionar situaciones con personas concretas? ¿Qué hace que la nostalgia se active?
martes, junio 14, 2011

match point [2005, woody allen]

La culpa de todo la tiene el tipo ése que se sienta en las gradas escudado con unas gafas oscuras de sol, una gorrita de un hotel, la mano apoyada en el mentón, que parece estar hastiado de lo que ve y que parece que disfrutaría más con un paseíto por la playa de Levante [o mejor por la de Oriente] en Benidorm, por la orilla, remojándose los pies. El tipo ése que cada vez que lo veo me parece un pre-jubilado en eternas vacaciones, que se aburre y que no sabe qué hacer con las horas muertas. La culpa de todo, la tiene “TíoToni”.

TíoToni [se pronuncia así, todo seguido] es el responsable de que el muchachito le pegue unos zaborrazos terribles [en el Reyno decimos palabras como esas…] a la pelotita amarilla y que el que esté al otro lado de la red tenga que sudar lo impensable para que Rafel [que así llama TíoToni al nene…] no llegue, apenas destense la herramienta y se vaya recogiendo los aplausos y admiraciones. Por suerte para todos, existe Federer [de nombre, Golleg] que es otro tipo peculiar. El yerno que todas las madres quisieran tener, el hijo ideal, el marido modélico y el padre ejemplar. Entre TíoToni y Golleg han conseguido crear un “monstruo”.

Ahora se discute si uno u otro es el mejor tenista de la historia o el más completo. Creo que no tiene sentido debatir sobre ello. Lo son los dos y punto. Son dos estilos distintos. Rafel acaba empapado en sudor, los músculos tensionados, los calcetines completamente manchados de arcilla. Golleg, por el contrario [como buen yerno, hijo, marido y padre], finaliza prácticamente inmaculado, con la ropa bien limpita. Pero la culpa de todo es de TíoToni, que al pequeño Nadal ya le tocó las narices bien pronto. “Nene, como eres diestro, vas a jugar al tenis con la izquierda…” Estoy convencido que a Golleg, también se lo inventó TíoToni.

[Las cosas como son, la gorrita es de la Fundación Iberostar que contribuye a la integración social de los niños y niños discapacitados de las Baleares]


PD: ¿Necesitamos de un mentor, de un guía o de un consejero? ¿O somos más autodidactas? ¿Qué es mejor?
lunes, junio 06, 2011

la habitación (1888, vincent van gogh)

Me voy a adelantar a los acontecimientos, pero creo que es necesario. Dentro de unos días lo explicaré todo, pero no ahora. De momento, digamos, que hemos puesto un anuncio para compartir el piso. Lo redactó Mau Ricio y lo copio y pego tal cual lo ha publicado [no corrijo nada, es totalmente “sic”]:

“el edificio cuenta con vigilante las 24 horas, también tiene una piscina de unos 20 mts que viene estupenda para calor que esta llegando :). posibilidad de alquilar plaza de garaje. en el salón tenemos una tv hd de 40 pulgadas, también una ps3 con muchos juegos :). no solemos hacer fiestas en casa pero si salimos de fiesta por ahí, aunque todo es hablarlo. somos dos chicos uno de 32 y quien escribe 33. tenemos muy buena relación y cuando coincidimos nos vamos de fiesta juntos, buscamos a alguien con buena onda y mas que un compi de piso termine siendo un buen amigo. por si no lo notaste quien te escribe es argentino que ya lleva viviendo 9 años en madrid. si queres venir a ver nuestra mansión no dudes en contactarnos, será un placer para nostros mostrarte el departamento. mucha suerte para todos en su búsqueda.”

La primera vez que lo leí me quedé ojiplático.... No sabía si se busca un compañero de piso o alguien con quien salir de “joda” [como dicen los argentinos]. Desde luego, creo que el piso tiene muchas más virtudes que la televisión y la consola de videojuegos. Es más, existen ambas porque estamos en el piso. pero debo ser yo el equivocado. Que el edificio apenas tenga diez o doce años, que se encuentre a seis minutos andando de la estación de Atocha, o a otros tantos minutos del Parque del Retiro, o una parada de metro [de lo que yo considero una de las líneas principales] y otra de bus prácticamente en la puerta del edificio, o … son menos importantes que tener una televisión plana…. En fin, que deben estar evolucionando las nuevas técnicas de promoción y yo me he quedado bastante anticuado y “demodé”…


PD: ¿Empieza a ser más importante lo accesorio que lo principal? ¿Me está pillando todo esto mayor? ¿Es justa una elección de un compañero de piso por una entrevista de apenas media hora?
miércoles, mayo 25, 2011

la guarida (1963, robert wise)

En alguna ocasión he hablado de lo mucho que me siento atraído por los mercados, patios interiores, estaciones o las alturas, sin embargo, últimamente empiezo a sentirme fascinado por los lugares abandonados, en mayor medida por fábricas y estaciones de tren [más que fábricas en sí mismas, es más por los lugares en los que se ha trabajado]. Leí hace unos días, una descripción que hacía Chesterton de otra situación, pero que la definía como "pasearse entre los bastidores de un teatro" y, lo cierto es que, ahora mismo, no se me ocurre un símil mejor… y tampoco es que uno haya pasado mucho tiempo entre bambalinas.

En esos lugares uno no puede menos que observar cuanto hay a su alrededor, contemplar todo aquello que se consideró prescindible antes de cerrar definitivamente las puertas e imaginar cómo eran las jornadas de trabajo, las relaciones, la vida allí… entre aquellas paredes. Cuando los veo, o en las contadas ocasiones en que he entrado en ellos, siempre me siento como un intruso, como un perturbador de la paz en que está sumergido… Ahora que lo pienso, mejor que lo dicho por el buen Gilbert Keith, sería decir que me embarga la sensación de ser un profanador de un lugar que ya está en reposo perpetuo. Tal vez pueden parecer exageradas estas comparaciones que hago tratando de plasmar sensaciones y emociones, pero es lo que siento cuando me encuentro frente o dentro de eso lugares…

Y pese a ese sentimiento envolvente, esas construcciones abandonadas ejercen el efecto de un imán sobre mí. No puedo resistir la tentación de curiosear, de mirar, de indagar, de ver, de palpar. De sentir como si fuese algo mío cuando, y es la realidad, es la primera y única vez que entro ahí. O, tal vez, sólo tal vez, lo que me llama la atención es el deseo de soñar y conjeturar qué pasó, quién estuvo allí, qué hacía, cómo lo hacía…. Pero no puedo evitar pensar que, de algún modo, esos edificios, esas construcciones… no son sino almas abandonadas. Y quizás sea eso lo que me atrae…


PD: ¿Por qué hay cosas o situaciones que nos atraen sin que exista un motivo concreto? ¿Qué es lo que nos empuja a ello? ¿Por qué no podemos resistirnos?
jueves, mayo 19, 2011

campamento flipy (2010, rafa parbus)

Tenía una preciosa entrada sobre edificios abandonados que voy a posponer. Me he dado cuenta que está de moda hablar estos días de “acampadas” y uno que es envidioso y no quiere ser menos que los demás, también se suma a esta corriente. Del mismo modo que está de moda protestar y movilizarse de un modo determinado, igual que ocurrió en la “primavera árabe”, aunque el contexto y la situación no sea la misma. Vivo en la capital del reino y no he ido a la “acampada” que se ha realizado aquí. No hay más motivo que no creo en ella. Ahora no. Entiendo el fin, el motivo, la causa, el origen… o creo entenderlo, pero, ahora mismo no me convence. En serio. Entre otras cosas porque no entiendo el mensaje. Lo veo todo muy borroso. Como cuando te despiertas de resaca y abres los ojos.

Debe ser cosa mía. En sí misma, la idea es muy buena. Hacer ver a los partidos políticos que no se está de acuerdo con su gestión y que se quieren soluciones. Bien. De acuerdo. A mí se me ocurren muchas soluciones a distintos problemas, pero, las mías, lo sé, son soluciones de cafetería y hay aspectos que se me escapan y que, tal vez, darían más luz a lo que parece tan oscuro. Hay cosas que no entiendo. Los partidos políticos apoyarán ahora estas movilizaciones [lógico, quedan tres días para unas elecciones y puede suponer algún voto más], no entiendo que sean los jóvenes quienes la impulsen cuando son ellos [somos nosotros] quienes más porcentaje de absentismo en las votaciones generan [generamos].

Se me escapa totalmente que no se permitan estas concentraciones porque "la petición del voto responsable […] puede afectar a la campaña y a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto" ¿En serio? ¿Pero no se trata de que cada cual ejerza el voto conforme a lo que considere apropiado? Para terminar dos cositas: debajo de los adoquines de las plazas no hay arena de playa… y tiene que haber otro nombre para estas movilizaciones... en serio, no sé cuál, pero no uno que evoque a adolescentes en campamentos de verano…


PD: ¿Por qué no hemos protestado y salido a la calle cuando se alcanzaron los cinco millones de parados? ¿Por qué no hemos sido capaces de decirles a unos y otros que no nos convencen con sus palabras y chanchullos? ¿Por qué ahora?
miércoles, mayo 11, 2011

tin cup (1996, ron shelton)

Se nos ha ido Seve. Digo que se nos ha ido porque era un poco de todos. Digo Seve porque tampoco necesita más, no precisa del nombre completo, ni de los apellidos. Simplemente Seve. No soy muy de golf. Para verlo, entenderlo más o menos y conocer torneos y jugadores sí, pero poco más, y mucho menos para practicarlo. Es algo que queda pendiente, además de otras cosas, junto con mi "Gran Hombre". Pero siento que necesito escribir de Seve, porque él es parte de mi infancia [e imagino que de la de muchos] porque yo también emulé ser él con un palo, una raqueta o un paraguas del revés y golpeé una pelota de tenis o una bola de papel e imaginé que la embocaba…

En cierto modo, Seve era "paisanuco" y quieras o no, eso tira mucho, pero sobre todo, era un tipo normal [y a día de hoy, es extraño encontrar eso]. Escribo de Seve porque yo he sido él con un bastón cabeza abajo y una bolita de papel de aluminio, porque fui José Manuel Abascal corriendo, porque fui Arconada o Quini o Santillana jugando al fútbol, porque fui Epi jugando a baloncesto, porque fui "Perico" Delgado encima de una bicicleta… Escribo de Seve porque me sale de dentro…

Para mí, Seve está asociado a veranos felices e interminables, a naturaleza, vacas y prados, a buscar caracoles y moras, a comer y merendar rápido para seguir jugando… Seve forma parte de esos recuerdos de infancia que, cuando aparecen de nuevo en tu mente, no puedes sino dibujar una sonrisa repleta de felicidad. La misma que me brota ahora cuando recuerdo que ganó dos Masters de Augusta, que el premio es una chaqueta verde, pero que, en Augusta, sólo hay una. La otra se la llevó a su casa de Pedreña para lucirla junto al resto de sus trofeos. Tal y como él lo entendía, era suya. La había ganado. No tenía sentido que se quedase al otro lado del Atlántico. Los organizadores le preguntaron por ella. Él se hizo el loco…
Sit sibi terra levis, Seve….


PD: ¿Hay alguien de quien seas o hayas sido un “fan-sabelotodo”? ¿Sientes pena cuando alguien famoso fallece? ¿Te hubiera gustado ser alguien concreto?
martes, mayo 10, 2011

la nuit du carrefour (1932, jean renoir)

Hace algún tiempo, a través de twitter, y con la etiqueta #aretainvestigación30añosdespués me moví por el Madrid de 2011 con los ojos del de 1981. Dicho de otro modo, atrapé fotogramas, imágenes, sensaciones, calles, edificios… que aparecen en la película "El Crack" y los comparé con los de la actualidad… Sí, efectivamente, la capital del reino ha cambiado, ya no es la misma que hace tres décadas. Es lógico. La vida, la sociedad evoluciona… Han desaparecido los almacenes SEPU, ya no existe el Frontón Madrid, y el Liceo Francés es completamente distinto al de la película ni tan siquiera hay una cabina de teléfonos enfrente ahora [en realidad ya casi no hay cabinas en ningún sitio… pero es otra historia]. Pero siguen existiendo los cines Ideal, el Capitol y muchos de los lugares siguen siendo perfectamente reconocibles…


La idea de hacer ese recorrido vino de forma espontánea, simplemente surgió. Imagino que ocurren ese tipo de cosas y una película, un libro, una canción… te marca, te llama la atención y se desarrolla en una gran capital y uno es un simple muchacho de provincias… Ya hice algo similar en otros momentos. Una fue cuando viví en Kaliópolis y fue Serrat y sus fantasmas del Roxy quienes me empujaron a ello… Me presenté en la plaza Lesseps e imaginé ese cine que no olía a zotal… no lo vi, pero sentí a Clark Gable y su sonrisa ladeada y socarrona, a Fred Astaire bailando el "Continental" y a George Raft pidiendo fuego… La otra vez fue en París… Necesitaba conocer el Quai des Orfèvres donde Maigret trabajaba, los lugares en los que tomaba esos grogs, por dónde paseaba, qué veía desde la ventana del despacho… Hasta me pareció verlo, anocheciendo, doblando una esquina con su sempiterna pipa…


Supongo, imagino, que aún me quedan más sitios por descubrir por revivir… O, mejor dicho, lo sé. Todavía no he paseado por Baker Street, ni he recorrido la Lisboa de “Sostiene Pereira”, y deseo sentarme en las gradas de Rucker Park e imaginar ahí a Manigault, Knowings, Hammond o Kirkland…. Las leyendas también cuentan…



PD: ¿Por qué un lugar desconocido puede cautivarnos tanto? ¿Influye nuestra imaginación? ¿Tienes tú también uno de esos lugares o ciudades?
viernes, abril 22, 2011

la saeta (1969, joan manuel serrat)

Hoy es Viernes Santo. Día de procesiones por excelencia. Al menos, en mi pueblo, que somos pocos y no nos da para más de una cofradía y, por tanto, una única procesión. Sí, lo sé, hable de este día y estos actos, pero fue ya hace cuatro años y no pasa nada por comentar algunas cosas que, en aquel momento me dejé en el tintero. Partiendo de la idea que no soy especialmente religioso, ni particularmente anti-religioso, me gustan estas fechas, de manera concreta, el día [o la noche, mejor] de la procesión. Supongo, o creo, o no sé cómo describirlo, que puedo percibir esa devoción o, tal vez únicamente se trata de respeto, en las personas que acuden a este acto y, quizás, no sea exclusivamente un fervor religioso, lo que les hace presenciar o participar en ello.


Cada ciudad, cada pueblo, cada localidad del reino tiene, estoy convencido de ello, su sobriedad, su templanza, sus sentimientos contenidos… pero, personalmente, donde más he disfrutado de la Semana Santa y de las procesiones ha sido en Sevilla. Por todo. Por la ciudad. Por su gente. Por el aroma a azahar. Por la pasión. Por el respeto. Por… Y enamorado, desde que la vi, de Esperanza de Triana y del Cristo de las Tres Caídas. Tampoco sé el motivo concreto, no sé porqué, pero fue entrar en la calle Pureza y sentir, notar, percibir algo distinto, diferente… Presentarme ante esa capilla de los Marineros y percatarme de que allí ocurría algo difícilmente de describir y que, sin embargo, te atrapaba por dentro.


No sé qué me cautivó, ese legionario romano con la capa al viento… ese Cristo que parece andar realmente con el paso de los costaleros… esa Esperanza caminando entre la muchedumbre… esos aplausos… esas flores… o ése “¡¡TRIANERAAAAAA!!” “GUAPAAAAAAAAA y GUAPAAAAAAAAA”. A pesar de esta devoción declarada aquí y ahora de manera pública, estoy dispuesto a apreciar cualquier otra procesión o Semana Santa de cualquier lugar… Sólo necesito que me inviten… Aceptaré gustosísimamente…. Posiblemente, sólo se trata que tengo pocas experiencias de éstas y me aferro a las conocidas…



PD: ¿Sueles acudir a procesiones o actos religiosos estos días? ¿Los aprovechas como realmente días de vacaciones? ¿Y las torrijas y demás gastronomía de estas fechas las degustas?
miércoles, abril 20, 2011

you're the one [una historia de entonces] (2000, josé luis garci)

Hace mucho tiempo me inventé un pueblo. Camoira. En él, vivía, vive aún, Martín y, también, Bernardo. Camoira no existe. Mejor dicho, no como tal, no figura en ningún mapa, en ningún plano, con la única excepción de un archivo en mi ordenador y el dibujo mental que yo tengo de él. Camoira no es distinto ni igual a ninguno de los pueblos, villas o aldeas que cualquiera pueda conocer. Tiene mar y montañas. Oficios artesanos y modernidades, tren, carretera comarcal y parada de autobús. No tiene cine, eso no, pero tiene tabernas de madera con serrín en el suelo. Entre sus habitantes hay de todo, amables, desprendidos, gruñones, avaros, socarrones, impacientes, descreídos, escépticos…


El otro día pensé en lavarle la cara. Pensé que podría tener río y cascada, incluso. Pensé que la carretera que la atraviesa pudiera ser general y no una comarcal. Que podría tener más habitantes en lugar de apenas poco más de dos o tres centenas. Que las casas podrían tener la fecha en que se erigieron grabadas con un buril en la piedra en lugar del número de portal. 1879, 1787, 1903… También podría tener más callejuelas y placitas y más balcones a la calle y que siempre luciese un sol cálido y agradable. Incluso, en lo alto, un mirador y casas decoradas con piedras de río en sus fachadas…. Y alguna casona abandonada, y además del aroma a salitre, podría oler a caballos, a vacas, a hierba recién segada, y oírse redoblar de campanas, cencerros a lo lejos, gallos que tratan de llamar la atención…


Pero, a pesar de todo ello, las sensaciones que se vivían en él, que aún se viven, los sentimientos que florecen estando allí, no varían sea cual sea la fisonomía del pueblo. Camoira [o como tú lo quieras llamar] te atrapa, te adormece, te hace sentir feliz, vivo, libre, tranquilo…. El tiempo se detiene allí y vives en un estado permanente de serenidad. Nada de lo que suceda en el resto del mundo tiene importancia suficiente y, aunque solamente lleves unas horas, sientes como si hubieras nacido allí…. Yo llamo a ese sitio Camoira y está en Catatonia… pero podemos llamarle de otra manera, si quieres, y ubicarlo en otro lugar…



PD: ¿Existe un lugar así real? ¿Un pueblo, una aldea en la que el tiempo parece detenerse? ¿Conoces o tienes tu propio Camoira?
martes, abril 19, 2011

cabaret (1972, bob fosse)


Alguna vez me he planteado si contar las vivencias con Efe Lipe está bien. No conoce la existencia de este blog. Bueno, en realidad, sabe que lo tengo, pero digamos, que pasa de mí y de este cuaderno de bitácora. Me lo cuestiono por la entrada de hoy. La situación ocurrió hace diez días y he estado pensando si publicarla o no. Al final, dado que tú [quienquiera que seas] lees estas líneas, obviamente, ha vencido el sí. Como decía, hace diez días, el sábado, concretamente, Efe fue junto a una misteriosa mujer [misteriosa porque no ha comentado ni su nombre…] al teatro a ver la obra “40 El Musical”. Hasta ahí, nada anormal, ni extraño, ni nada reseñable. Luego se fue con Mau Ricio de fiesta por ahí, dado que la enigmática mujer tenía la celebración de un cumpleaños. Como digo, nada paranormal, hasta el momento.


El domingo le pregunté qué tal el teatro, si le había gustado… esas cosas banales que uno pregunta en el cuarto de estar de su casa a un compañero de piso. la conversación, si me dicen que la firma don Miguel Mihura, me lo creo. Fue, poco más o menos, así… “Efe, ¿qué tal en el teatro? ¿Te gustó? ¿Estuvo bien?” “Buffff… Fue un coñazo. Casi tres horas cantando. Era un musical ¿sabes?” “…” “Sí, era de unos pavos, de los cuales, dos son hermanos, que se van por ahí y, por ejemplo cuando se van de su casa, al padre le cantan eso de ‘adiós, papá’” “…” “No me gustó nada, es que a mí no me gustan los musicales” “…”. Fin de la conversación. Miles de dudas me asaltaban, pero, ojiplático como esta fui incapaz de pronunciar ninguna.


Quizás el título de la obra no le dio ninguna pista. Tal vez no leyó en ningún sitio el argumento y no pudo enterarse de que había casi CIEN canciones en directo. Y, lo mismo, el hecho que la emisora “Los 40 principales” esté íntimamente ligada a la obra no fuese significativo. Efe Lipe es así. Y por eso le queremos… o no….



PD: ¿De verdad existe gente así en el mundo o mi compañero de piso es un “superdotado”? ¿Hacemos cosas que nos no gustan únicamente por las apariencias, por quedar bien? ¿Tenemos una cultura de musicales en el reino o sólo son influencias anglosajonas?
sábado, abril 16, 2011

vine del norte (1998. ismael serrano)

A ver, que, entre pitos y flautas [más flautas que pitos, la verdad sea dicha…] tengo esto, #emepetrés y #barbatriste algo abandonado y no puede ser. Se me ocurren mil cosas para contar, pero, al final, no logro plasmarlas por escrito. Apenas unas notas en la moleskine [estoooo…. sí, tengo unas cuantas, de las de verdad, en las que anoto ideas, dibujos… esas cosas…] y poco más. Intentaré centrarme en contar cada día una cosita diferente y no mezclar asuntos distintos, pero, conociéndome, no sé si será posible. Uno es consciente de que tiene muchos pájaros en la cabeza… En fin… Hace unos días creé una nueva etiqueta. La que da nombre a esta entrada. Desde luego, no tiene el significado que el autor quiso darle. O, tal vez, de un modo remoto, sí lo tenga. Bajo ella pretendo englobar las situaciones que vivo [normales y anodinas, ya lo puntualizo ahora] y me gustaría, también, unir con esta etiqueta, aquellas ideas que me surgen a partir de lo que veo en la calle, en casa, en una cafetería, en el metro...


Este “vine del norte” es otro “maestro de esgrima” o “capitán barbatriste”, desde otro prisma, quizás, más personal. El significado es sencillo. En otras ocasiones ya lo he contado, nací, crecí y he vivido casi todo el tiempo en el Reyno; mis ancestro proceden de allí o bien del “Pueblo que habita en las peñas”. Por tanto, tengo una visión [como otras muchas personas] muy particular de las cosas, de la vida, de las personas. Ni mejor, ni peor que las de quienes viven de Despeñaperros hacia abajo, o bañados por el Mediterráneo, o en una gran urbe. Simplemente es mi punto de vista. El de alguien de provincias y, además, del interior.


Poco a poco, aquellas entradas anteriores que pudieran auspiciarse bajo este epígrafe, las iré incluyendo. Sin prisa ya aviso. Al fin y al cabo, sólo se trata de un modo de organizar mis pensamientos, ilusiones, desesperanzas, sentimientos…. Tampoco le va la vida a nadie, pero, con la tontería, he llegado a las trescientas cincuenta palabras…



PD: ¿Tienes alguna vez la sensación de que piensas distinto que el resto de tu entorno? ¿Crees que las experiencias nos marcan en nuestra forma de pensar? ¿La propia filosofía de vida puede venir marcada por aspectos puramente geográficos?
viernes, abril 08, 2011

una novela de barrio (2007, francisco gonzález ledesma)

En mi día a día estoy rodeado de personas anónimas que, sin embargo, me hacen la vida más fácil. Vale, de acuerdo, nada diferente a lo que pueda tener cualquiera en sus vidas. En mi caso es un poco más acentuado, dado que vivo en una ciudad que no es la mía, no se trata del entorno en el que me he desenvuelto de manera habitual. Hablé en otro momento de Gerardo y, creo que, moralmente, les debo una entrada a José Luis, Francisco y Andy, los porteros/conserjes/seguridad de mi edificio. Desde luego, también que tendrán su correspondiente cuota de protagonismo Ángel, Antonio y José, mi habituales camellos de cafeína. De igual modo que Elena y Jorge, que, con menor frecuencia, también se preocupan de que mi sangre no note la falta del café.

No puedo olvidarme de José Luis, el guarda de seguridad del supermercado, ni de la señora brasileña [a la cual nunca he conseguido entenderle el nombre] que se encarga de la limpieza de rellanos, escaleras y portales en mi edificio. De Antonio ya hablé, pero, quizás deba hacerlo también de su señora y de sus empleados. No puedo olvidarme de Carmen, esa dulce mujer que estudia francés junto a un refresco en un bar y que sueña con ver publicados alguna vez esas líneas que cada noche escribe en cuadernos de espiral. Sería injusto que me olvidase de los guardas jurados de la parada de metro con los que cada día me detengo unos minutillos para charlar sobre banalidades, pero que me agradecen la conversación con una amplia sonrisa y un sentido apretón de manos.

Tal vez deba escribir sobre Amalia, la veterana cajera colombiana del supermercado y, desde luego, Efe Lipe y Mau Ricio también deben tener sus trescientas cincuenta palabras en exclusiva. Aunque, claro, Álex, Miguel, Juan, Samuel, Dani, Robert y Ramón tendrían que tener una mención especial… Ahora que lo pienso, empieza a ser mucha gente, pero si me planteo que cuando viví en Kallipolis, en mis primeros tres meses ya tenía trato frecuente con más de un centenar, quizás no sea tanto….


PD: ¿Nos damos cuenta de la cantidad de gente que tratamos frecuentemente cada día? ¿Nos molestamos simplemente en saludar o preguntar qué tal va el día? ¿Y si no girasen a nuestro alrededor y somos nosotros los que lo hacemos en torno a ellos?
miércoles, abril 06, 2011

el hombre sin sombra (2000, paul verhoeven)

Aprovechándome de un comentario que hizo Ros en una entrada hace unos días, desarrollo una idea que llevaba rondándome desde hace tiempo por la cabeza. Existen pero no se ven. Hacen su vida con normalidad, con total cotidianeidad, sin más sobresaltos de los que supone el mero hecho de vivir. Están pero parecen ausentes, olvidados, desaparecidos… Y, sin embargo, cuando necesitas de ellos, de su sabiduría [porque un hecho común a todos ellos es que son sabios], de su visión de las cosas o, simplemente de su compañía, para sentirlos cerca… aparecen. Toman cuerpo y forma. Quizás su aspecto físico ha cambiado… llevan el pelo más largo, han engordado o adelgazado desde la última vez, se han teñido el pelo… Son los AMIGOS INVISIBLES.


En mi caso, tengo dos o tres de ellos por cada sexo. Lo sé, supone que tengo más amigos invisibles que reales. Nunca dije que yo fuese un tipo fácil. Y con amigos me refiero a los que lo son con A mayúscula. Esas personas en las que puedes confiar plena y totalmente. Sin miedo. No los veo mucho. Ni tan siquiera le llamo. Sí, soy bastante rarito… Pero si, en algún momento preciso de ellos, bastan unos pocos minutos para ponernos al día de los meses o años que hace que no nos vemos. Y al cabo de ese ratito, todo encaja perfectamente, como si ese tiempo de “incomunicación” no hubiera existido nunca, como si ayer hubiésemos cafeteado juntos….


Me siento afortunado por contar con ellos, por tenerlos en mi entorno más cercano. Y, pese a todo, me he dado cuenta de que, por alguna extraña razón, voy acumulando más amigos invisibles que de los “palpables”. Incluso aquí, en la capital del Reino. Si mamalussor tuviese conocimiento de este blog, le diría que tranquila que estoy bien, y que simplemente me estoy refiriendo a … Bueno, ella sabría a quiénes me refiero, pero disculpa que no dé sus nombres, pero son… mis AMIGOS INVISIBLES y, quizás, quieran seguir siéndolo. Soy afortunado decía… y es que sé positivamente, que yo soy también uno de los suyos.



PD: ¿Existen o es algo que me he inventado para escribir una entrada? ¿Tú los tienes? ¿Cuánto hace que ejercen como amigos invisibles?
viernes, abril 01, 2011

lavadora blues (1988, ilegales)

Ahora, viviendo en la capital del reino, comparto piso [y gastos] con dos muchachos, Efe Lipe y Miau Ricio [lo sé, son raros, pero no sé si es prudente dar los reales]. Miau lleva poco nosotros, apenas un mes, así que aún estamos conociéndonos y poco puedo decir de él, salvo que es argentino [lo cual, me parece hasta una profesión… tiene que ser duro ser argentino siempre]. De Efe ya conté una anécdota de él. Es de Ciudad Real [es descriptivo, no descalificativo]. Es una fuente inagotable de vivencias… para los demás. Y luego quedo yo, que soy… yo… En fin, me considero un tipo de fácil convivencia, las cosas fáciles y claritas. Miau se asemeja bastante a mí en ese sentido. Efe… Efe no es de este planeta… o algo así.


Viene a cuento porque estoy pensando en citarlo tras la catedral de mi pueblo, cuando los primeros rayos comiencen a despuntar y batirnos. Llevaré a "Silbadora", naturalmente. Mi querido “ciudarealeño” lleva dos días de desencuentros conmigo. Esto es, la lía y procura que no nos encontremos. Y, al final, como siga así, voy a acabar haciéndome el encontradizo… Entiendo que la convivencia puede ser difícil entre extraños, cada uno es como es y tiene la educación que ha recibido, pero con un poquito de buena voluntad… El caso es que Efe hizo colada el lunes por la noche y decidió dejar secar la ropa en un tendedero plegable en lugar de en las cuerdas. El martes por la mañana la hice yo y cuando estaba a puntito de acabar el programa, a la hora de comer, en un descuido mío, recogió la ropa del tendedero y la puso en las cuerdas.


Bueno, no pasa nada, pensé… Ya tenderé a la tarde… Doce horas después me fui a dormir. Su ropa seguía en la cuerda. La mía, en la lavadora. El miércoles por la mañana su ropa ya no estaba. La mía tampoco. Había decidido sacar mi colada de la lavadora, meterla en un barreño y dejarlo en el salón. En la lavadora, más ropa suya, daba vueltas en el tambor…



PD: ¿Nos resulta tan difícil decir las cosas que sabemos que pueden molestar? ¿Nos movemos por la vida a nuestra “bola” sin importarnos el resto? ¿Realmente nos cuesta convivir y socializarnos?

miércoles, marzo 30, 2011

el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886, robert louis stevenson)

Ven. Acércate. Siéntate. Aquí. A mi lado. Déjame que te cuente una historia, una fábula si lo prefieres, un cuento en definitiva. Trata sobre dos pícaros, sobre un par de pillos, una pareja de truhanes al fin y al cabo. Pongámosles nombre. Dime una letra. La que quieras. ¿La ge? Hmmmm… Está bien. Se llamarán… Gonzalo y… Ginés. Buenos nombres ¿no te parece? Son amigos, casi me atrevería a decir que buenos amigos. Y unos excelentes timadores. Desde luego, no son honrados, en ocasiones, ni tan siquiera el uno con el otro, pero son buenas personas. Lo que a mí me gusta llamar buena gente. Son la noche y el día, y, sin embargo, todo lo que les diferencia, es lo que les une.


Ginés es un ratero de poca monta, un trilero. Casi sin estudios, simpático y campechano. Se cree un Casanova [no sé porqué, pero me recuerda a José Álvarez “Juncal”] y, en ocasiones, se excede con la ingesta de alcohol. Gonzalo, por su parte, es todo lo contrario, un hombre de negocios, un estafador distinguido [con un aire a Arturo Valdés, pero más natural, menos forzado]. Culto, educado y sofisticado. Como te he dicho, son muy diferentes y, al mismo tiempo, son casi idénticos. En uno prevalece el lenguaje de la calle, el haber vivido a través de las experiencias; en el otro, prima la apariencia, la imagen, el que los demás no se enteren de la verdad. En ambos, fluye la idea de una vida mejor, sin trampas, sin escaramuzas… Son dos pero forman un uno. Seguramente entiendes lo que quiero decir. Son tan diferentes y tan complementarios, que son cara y cruz de la misma moneda. Antagonistas, pero inseparables.


En la vida de los dos se cruzan vivencias, personas, ciudades. Cada uno las ve e interpreta a su modo. Las experiencias, gentes y lugares son los mismos, pero cada cual los ve desde su prisma y ellos son interpretados en función de lo que muestran y esconden. Ginés y Gonzalo son nobles, de buen corazón, con sus defectos y virtudes… En el fondo, Gonzalo y Ginés componen mi yo. Tu tú…



PD: ¿Has sentido alguna vez ser dos personas diferentes? ¿Qué te comportabas como si no fueses tú y que te resultase natural? ¿Soy el único que siendo zen, en, ocasiones estallo como un energúmeno?

viernes, marzo 25, 2011

el camarada perdido (????, gustave henry mosler)

El otro día me di cuenta. Notaba que faltaba algo, pero no sabía acertar con qué era. Era esa sensación que te abraza, que te inunda, que la sientes muy dentro y, sin embargo, no eres capaz de encontrar, de discernir el motivo. En este caso, uno sabe que es por la ausencia de algo, por su inexistencia, pero no logra averiguar de qué se trata, hasta que, de pronto, cruza esa imagen por la imaginación y lo ve todo claro. Las brumas mentales se despejan y se vislumbra el camino de baldosas amarillas que lleva hasta esa idea perdida y no encontrada, hasta esa ocurrencia que sólo estaba difuminada y que en ese preciso momento comienza a verse diáfana.


Y ahora lo veo claro y nítido. Veo, paseando por la calle de cualquier ciudad o pueblo, contenedores donde depositar el cartón, el papel, el vidrio, los restos de comida, el plástico… incluso, donde dejar ropas que ya no usaremos… pero echo de menos la presencia de contenedores de tristeza. No tenemos contenedores de tristeza. No hemos sido capaces de crear unos recipientes en los que arrojar aquello que no queremos, que nos sobra, que nos daña… No hemos creado nada donde poder deshacernos de la pena, el desconsuelo, la aflicción, la amargura, la melancolía, la pesadumbre, el pesar, el quebranto, la tribulación, la desdicha o la nostalgia...


Le doy vueltas al tema y [forzando un poquito] me planteo cómo será nuestra evolución si no hemos sido lo suficientemente inteligentes como para crear un depósito en que acumular congojas, desconsuelos, abatimientos, angustias, desolaciones, ahogos, desesperaciones, desánimos, pesimismos, melancolías, morriñas, añoranzas... para poder reciclar todos estos sentimientos y darle nuevos usos, nuevas aplicaciones. Sí, lo sé... no pido una desaparición total y completa de la tristeza. En el fondo es lo que equilibra a nuestras alegrías, venturas y satisfacciones y lo ideal es punto medio. Acepto todo eso, pero... tengo la sensación que los momentos de “felicidad” son más cortitos y los aprovechamos menos que los de “infelicidad” que se nos hacen eternos y nos duelen más....



PD: ¿Cuál es tu solución cuando estás triste? ¿En qué o en quién te refugias? ¿Cuánto dura esa sensación?

martes, febrero 22, 2011

paseo por la playa (1909, joaquín sorolla)

El viernes de la semana pasada, bueno, mejor dicho, hace diez días, hizo buen día aquí, en la capital del Reino. No fue un día de verano, pero sí que se aproximaba a los recuerdos primaverales que uno guarda en la memoria. Estuve paseando, poco importan las calles o los lugares. Y me senté en un banco, en una larga avenida. Junto a mí, compartiendo aquel asiento, un anciano con su perro [lo siento, soy malísimo para las razas de perros pero parecía un cocker]. Y ahí estábamos los tres. Sentados. Dejando que el sol nos calentara la cara. Y, estando ahí, no sé porqué extraña razón, qué curiosa relación establezco en mi cabeza... me sentí como si estuviese en una isla. Y estaba allí solo, en esa isla, que no tiene nombre y que, cuando no sé cómo denominar algo, llamo Catatonia, ese sitio en que los sueños y la realidad se mezclan, ese lugar al que acudimos cuando empezamos a dormirnos...


Mientras estuve en la Isla de Catatonia, en mis oídos, a través del emepetrés, Sinatra me cantaba “Moon River” y Van Morrison me iba susurrando eso del “Bright side of the road”... Podía ver las palmeras, la marea yéndose despacio para volver con nueva furia, toallas multicolores extendidas sobre la arena o en los hombros de paseantes y bañistas.... Incluso, sentí esa brisa que acariciaba mi cara y me impedía sofocarme. Nada era verdad, desde luego, todo producto de mi imaginación...


Quizás, la lástima, es que sólo haya ocurrido en Catatonia, que sólo fuese durante unos minutos, que no haya habido realmente ni playa, ni toallas, ni bañistas, ni marea, ni... sólo sol y brisa. Aunque, bien pensado, tal vez, es lo mejor. Que exista Catatonia, como isla, como montaña, como pueblo, como país, o península, o continente, o ... Que exista un lugar, donde los sueños y la realidad puedan mezclarse y, durante un ratito, podamos alcanzar cierto grado de felicidad. Desde luego, para mí, existe Catatonia, es real, con sus árboles, flores, nubes, playa y montaña, y tiene un castillo con princesa, príncipe, hada y hasta un dragón.



PD: ¿Cuál es ese lugar imaginario en el que te refugias? ¿Dónde se encuentra ese sitio en que rozas la felicidad? ¿Imaginario o real?

domingo, febrero 06, 2011

el húsar (1986, arturo pérez-reverte)

En uno de esos múltiples paseos solitarios que suelo hacer por la Villa y Corte, mirando hacia arriba, buscando no sé muy bien qué, si balcones poblados de plantas, si unos rayitos de sol, si una gárgola o una señora asomada a la ventana, y fijándome en los nombres de las calles, uno de ellos me hizo pensar. La calle era Juan Martínez El Empecinado. Hasta ahí nada extraño. Es más, vagamente, recordaba algo leído, quizás en los años escolares, o, tal vez fue escuchado en algún programada de radio o televisión, que fue uno de los guerrilleros que encabezaron la Guerra de la Independencia. Sin embargo, el apodo, mote, alias o sobrenombre, me hizo reflexionar. ¿Cómo fue este tipo para que le llamasen El Empecinado? Es más ¿cómo eran quienes así le apodaron? ¿Se habían afrancesado?


Quiero decir, suponiendo que eran campesinos, poco leídos y, prácticamente analfabetos... me resulta más sencillo, creer que le hubiesen llamado "El terco", "El testarudo", "El tozudo" o "El obstinado"... pero no, tenía que ser "El empecinado". He llegado a pensar que, tal vez, le decían... "- Juan, no seas así, no te empecines, que esta guerra está perdida.... no hagas locuras.... no te empecines, por favor...." Bueno, poco más o menos, pero aún así, consideraba que era algo forzado. Me resultaría más factible creer que le dijesen... "-Juan, no seas cabezón, que no, que los "franchutes" nos van a masacrar... déjate de tonterías y vuelve al campo...."


La explicación es más sencilla que mis conjeturas, mucho más fácil... Resulta que Juan Martínez nació en un pueblecito de la provincia de Valladolid, donde hay un riachuelo pequeñito y sus humedales, en las afueras de la localidad, han creado unas balsas de cieno negro que se denominan pecinas. de este modo, quienes nacían a las orillas de ese barro, en los pueblos de la comarca, les llamaban "empecinados", esto es, nacidos de un arroyuelo y de tierra oscura. Ésta es la historia real... pero no sé, creo que me gustaba más lo que me había inventado yo... bueno, al fin y al cabo, la imaginación es libre....



PD: ¿Alguna vez imaginaste algo que no era real? ¿Algo que tú dedujiste sin que nadie te dijera nada? ¿Supuso una decepción comprobar que la realidad era totalmente distinta a lo que habías pensado?

miércoles, febrero 02, 2011

que se llama soledad (1987, joaquín sabina)

Fue la semana pasada. Trato ahora de recordar el día exacto, pero no lo logro. Quizás fue el miércoles, o tal vez el martes... creo que el jueves no fue… Había terminado de preparar la cena. Me senté a la mesa. Dejé el plato sobre ella. Tenedor, cuchillo, servilleta, pan… la luz encendida y, sin embargo, ese día parecía más tenue, más débil, menos brillante. Iba descalzo por la casa. Bueno, con calcetines. Me senté. Empecé a cenar y sentí frío. Mucho frío. No venía provocado por los pies descubiertos, no. Era diferente de otro tipo. No tenía el ordenador que, en ocasiones, me acompaña a la hora de comer o cenar. Un libro. Recuerdo que había llevado el libro. Y las gafas, ésas que sólo me pongo cuando de acuerdo de utilizarlas, a pesar de que, tantas horas delante de la pantalla o frente a papeles y libros me aconsejarían usarlas con más frecuencia. Ahora no sé si el libro lo abrí o no. Creo que sí. O no. No sé…


Recuerdo que me detuve, que dejé de utilizar los cubiertos y que sentí más frío aún. Sentado delante de esa mesa, con la lámpara iluminando la sala, con la comida humeando en el plato… sentí frío. Miré a la ventana… ¿Quizás, inconsciente mente la había dejado abierta o mal cerrada? ¿Vendría de ahí ese aire gélido que notaba que me estaba abrazando? No. Cerrada. Bien cerrada. Me quité las gafas. Miré al frente. A esa silla vacía al otro lado del tablero. A la pared desnuda. A…


Y me di cuenta. En ese momento, con la cena a medio terminar, con el libro sobre la mesa, mientras sostenía cuchillo y tenedor. En ese momento. Lo entendí. Entendí el frío que me rodeaba. Entendí la luz que, paradojas, se iba volviendo más sombría. Entendí todo. El rompecabezas encajaba y todo tenía, de nuevo, un significado. Entendí la silla solitaria. Entendí la pared desierta. Lo entendí. En ese momento fui consciente. En ese instante lo advertí. La semana pasada, cenando, descalzo, en esa sala, me di cuenta que estaba solo….



PD: ¿Te has sentido alguna vez verdaderamente solo? ¿Has sentido ese frío que te envuelve? ¿Cómo lo combatiste?
martes, febrero 01, 2011

quiz show. el dilema (1994, robert redford)

Se me ha ocurrido hacer un experimento. No sé cuándo lo haré público… bueno, no lo sé aún, al menos al empezar a escribir estas líneas… Con un poco de suerte, al final de esta entrada quizás ya lo haya decidido. La idea es la siguiente. Quiero hacer una entrada comunal. Imagina que estás leyendo esto, pues bien, a ti, que has tenido la amabilidad de entrar en este cuaderno de bitácora, a ti que paseas la vista por estas palabras, a ti… te pido ayuda. Me gustaría que escribieses veinte, treinta, cuarenta palabras… las que quieras… Y que me las enviases al correo que aparece en mi perfil. No en los comentarios, al correo….


El tema no existe o, lo que es lo mismo, habla de lo que quieras. Cuéntame con tus palabras lo que quieras transmitir. El límite son el número de palabras que he dicho antes. La idea es, con esas colaboraciones crear una entrada congruente, mejor dicho, con esas frases escritas crear una entrada que aporte algo. Si falta texto hasta las trescientas cincuenta palabras habituales, me encargo yo de completar. Si, por el contrario [y eso me encantaría…], sobrasen palabras, ningún problema, esa entrada pasará de la cantidad acostumbrada. La ocasión creo que merece la pena. Vale, quizás pienses que estoy como una cabra.


Tuve esta idea hace unos días y pensé que podía utilizarlo para conmemorar algo, sin embargo, después creí que no era necesario un motivo extraordinario para hacerlo. Simplemente quiero intentarlo. Si sale, perfecto, genial, fantástico. Mi ego y yo te estaremos eternamente agradecidos por habernos ayudado. Si no participas, bueno, no pasa nada, seguramente, inventaré algo que, quizás, la próxima vez, te motive más. Esto para mí es un reto. La pregunta es… ¿lo es para ti, escribirme veinte o treinta palabras? O, tal vez podría preguntarte… ¿me ayudas a conseguir este reto que he creado? Al principio decía que no sabía cuándo publicaría. Bien, ya lo he decidido. Una semana. Dentro de una semana exacta. El martes que viene publicaré lo que haya recibido. O lo que no haya recibido.



PD: ¿Cómo te comportas ante un nuevo reto? ¿Lo meditas, afrontas sin pensarlo, dudas? ¿Te creas nuevos desafíos?

| Top ↑ |