martes, septiembre 07, 2010

el hijo de la pluma (2004, álvaro ojeda)

Como siempre, a muchas cosas, llego tarde. No me entero. Ayer hablaba por teléfono con Padre y, en medio de una conversación banal, ha surgido el comentario de que había fallecido. Me he detenido, como si el no estar en movimiento me hiciera escuchar y entender mejor. Una vez terminada la llamada, he pensado en ello y me he dado cuenta que se me están acabando los recuerdos de mi niñez. Bueno, no exactamente los recuerdos (que aún los mantengo), sino más bien las imágenes, las personas de esa infancia... Las fotografías mentales de esos recuerdos están mudando al blanco y negro. Y una de ellas, indudablemente, asociada a mi pueblo y a sus fiestas es “El Emperador del Bolígrafo”, del mismo otras de las que ya hablaré...


Como decía, ha fallecido “El Emperador del bolígrafo”. Fernando Velázquez López. Donan-Pher era su nombre de guerra (realmente su nombre silabeado al revés). Los tres en uno y uno en los tres. Permíteme, si no lo conociste, o si no lo ubicas, que te preste mis recuerdos. Se colocaba, en mi pueblo, junto a la Tómbola. Casi, casi, en mitad del paseo. Imagínate que tienes ahora siete, ocho, nueve años... y te encuentras con un señor vestido de explorador del siglo XIX. Con sus bermudas caquis, su chaleco con, lo que a ti te parecen cientos de bolsillos y con su salacot. Porque Donan Pher vendía bolígrafos así, vestido como quien fuese a conquistar tierras inhóspitas (y en cierto modo, lo hacía). Con un micrófono colgado del cuello y proclamando cuatro frases que hacían irresistible no desear comprar esos bolígrafos: “El boli, el mejor amigo del hombre", “Sigo con la enfermedad de vender barato”, “Imposible dar más por tan poco dinero” y “Con este bolígrafo podrá realizar 1.000 kilómetros de escritura”. Imposible, desde la primera fila, porque estabas en primera fila con la boca abierta, no buscar con la mirada a tus padres y solicitar una de esas bolsas de plástico llenas de bolígrafos y rotuladores. Y deseabas llegar a casa para probar todas y cada una de aquellas maravillas. Hace muchos años que ya no venía a mi pueblo, pero forma parte de la historia de él y de sus fiestas.


Sit sibi terra levis, Donan-Pher.....



PD: ¿La desaparición de las personas, situaciones y lugares de la infancia nos hace perder ese espíritu de niño? ¿Seremos conscientes cuando perdamos a la última persona de esa niñez?

2 ingredientes:

Maria Martin dijo...

entre mis propósitos está mantener siempre un resto de niñez

lussor dijo...

el día que, por un momento, dejemos de ser niños, estaremos perdidos....

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