viernes, julio 29, 2016

algo para recordar (1993, nora ephron)

[inspirado a partir de un escrito de Dani]

Ella siempre se iba la primera a dormir. Caía dormida en una duermevela en el sofá, hasta que el cuerpo le pedía meterse en la cama y estirarse allí. Él, por el contrario, era de los que se cargaban de energía por la noche, y, sin embargo, por ella, se estaba “reformando”. Ella bromeaba diciéndole que, en realidad, tenía miedo a dormir. Le costaba quedarse dormido y, por no molestarla, mientras cogía sueño, esperaba, hasta que consideraba que estaba profundamente dormida y, entonces, se deslizaba dentro de la cama. Siempre, siempre, siempre acababa despertándola unos segundos y, entre ensoñaciones, la besaba y le deseaba buenas noches y felices sueños. La razón por la que la despertaba era que, al meterse dentro de la cama, no podía evitar abrazarla desde su espalda, rodeándola entera con sus brazos.

Mentía, por supuesto. Decía que era porque tenía frío. Mentira. Daba igual que fuese octubre o marzo, un día nevado o el más caluroso del año… Mentía. Le mentía. No quería reconocer que ese momento, ese abrazar nocturno, alevósico y premeditado, ese momento era tan íntimo para él… el instante en que más próximo, más unido se sentía a ella… también el que más seguro se encontraba, el ratito en que nada temía, en el que ni fantasmas ni monstruos podían alcanzarle, los segundos en que se sentía invencible. Él solía decir que ése era el mejor momento del día. Ahí no mentía. Era totalmente sincero.

Después de eso, él se daba la vuelta y dormían espalda con espalda, como si un duelo al sol se tratase, y, sin embargo, ella no era consciente que él procuraba que siempre hubiese un punto común de contacto. Un lugar en el que ambos cuerpos estuvieran tocándose, porque ella no sabía, que era la toma a tierra de él, la persona que le daba la seguridad que necesitaba para cada día, el punto de unión con la realidad. Y, girado, con ese contacto y una sonrisa dibujada en los labios, se dejaba mecer en los brazos de Morfeo. Ella no lo sabía en ese momento. No sabía…


PD: ¿Existe mejor sensación que meterse en la cama cuando se han colocado sábanas limpias? ¿Todos sentimos esa relajación cuando nos metemos en la cama y podemos estirarnos del todo? ¿En qué postura acostumbramos a dormirnos?
viernes, enero 08, 2016

adoración de los reyes magos (1568, doménikos theotokópoulos "el greco")

Aunque este blog nunca fue pensado como un medio de opinión, sino, más bien, para evitarme un psicoanalista y sacar parte de las pedradas que tengo en la cabeza... voy a soltar cuatro ideas que pienso. Yo SÍ CREO en los Magos de Oriente. No en las personas físicas que los representan, sino en el espíritu que conllevan... Creo en la ilusión, creo en la esperanza, creo en la felicidad que se refleja en los ojos de los niños, creo en los zapatos junto a la ventana o bajo el árbol, creo en la leche con galletas para los Tres Reyes, creo en el recipiente con agua para los camellos, creo en dormir con los puños apretados esa noche, creo en....

Pero resulta, que todo el mundo ha decidido si debo creer o no. Si Baltasar tiene que ser negro o blanco “pintado”... ¿De verdad ese es el mayor problema? ¿Qué pediremos luego? Un pelirrojo real, imagino... [tengo una amiga que dice que deberían extinguirse, pero eso ya es otro tema...] Porque si vamos a hacer discriminación positiva, no nos quedemos en la superficie, hagámosla del todo. Después, supongo, que melenas y barbas sean de verdad... Tal vez, más adelante, que los ropajes sean lo más fieles posibles a los que pudieran llevar hace más de dos mil años y no estos lujos actuales... Posteriormente, digo yo, que no deberán arrojar caramelos y globos, sino polvo de oro, incienso como si no hubiese un mañana y mirra a espuertas, a puñados pediremos que nos lancen esa resina...

Y todo ello sin hablar que la epifanía aparece en la Biblia, que en ella no se mencionan ni nombre, ni que perteneciesen a la realeza, ni número... Es más, el “Magos” debería ser sustituido por “Sabios”... pero monárquicos, republicanos, católicos, ateos... todos dan su opinión y parece que lo más importante es que Baltasar sea negro... Ajá... porque los adultos necesitamos que las cosas sean de verdad, para creerlas, para tener ilusión, es eso, ¿no? En definitiva, que un jersey, es eso que se pone un niño cuando la madre tiene frío...


PD: ¿En qué momento se nos ha ido la cabeza? ¿Por qué ahora hay que ser tan políticamente correcto en todo? ¿Por qué el “problema” es un “color” de piel?
miércoles, noviembre 25, 2015

había una vez un circo (1972, enrique carreras)

He perdido mi nariz, mi nariz de payaso. Era una de esas narices de payaso rojas, grandes, blanditas, esponjosas, brillantes… De hecho, si cierras los ojos y repites esta descripción, posiblemente seas capaz de recordarla… o al menos, eso es lo que me ocurre a mí, que aparece vivamente en mi cabeza… No fue ayer, ni el día anterior, ni el anterior del anterior, ni… bueno, en realidad, no sé cuándo pasó.... Fui consciente hace varios días, sin embargo, uno tiende a pensar que, dada su capacidad “desorganizativa”, la ha dejado en otro sitio, la ha colocado fuera del lugar habitual y que, más tarde, la encontrará…. Pero esta vez no ha sido así. No sé dónde está. He mirado por todas partes, en casa, en el trabajo, en los últimos lugares que recuerdo haber estado con ella… y nada no aparece.

Hasta fotos me había sacado con ella, fotos que ahora miro con cierta nostalgia. Imágenes llenas de luz, de color, de sonrisas… tal vez, porque alguna vez le había comentado que, ver la vida desde detrás de ella, te permitía sonreír con tranquilidad… es más, creo que si alguien nos ha visto juntos, también sonrió…. No quiero pensar que me la han quitado, simplemente que, por mi mala cabeza, la he perdido. Quizás, dentro de un tiempo, aparezca de nuevo…. quizás, no…. Supongo, también, que la esperanza es lo último que se pierde, con la utópica idea que se hallará lo extraviado.

Le doy vueltas a la idea que se me escapase, huyese de mí, quisiese alejarse y, dando vueltas haya llegado a otras manos, a otras personas a las que quiera hacer sonreír e, incluso, esas personas se sientan del mismo modo en que tener esa nariz de payaso me hacía sentir a mí…. Sí, lo sé, las narices de payaso no tienen vida propia… pero no dejo de dudar si ésta la tuviese y además, la capacidad de dar calor interno a quien la guardase y cuidase…. Lo mismo, era una nariz mágica y por eso ya no la tengo. Porque no la cuidé suficientemente bien….


PD: ¿Alguna vez has tenido un objeto fetiche? ¿Algo que sabías que no te daba suerte, pero que te hacía sentir bien? ¿Lo perdiste, lo olvidaste, lo conservas?
viernes, septiembre 11, 2015

boom boom (1961, john lee hooker)

Frágil… en singular… en plural… Una palabra que, a lo largo de las últimas semanas, me ha venido con cierta frecuencia a la cabeza. Se ha paseado por dentro sin que tuviese, en ocasiones, un motivo concreto para hacerlo. Y cuando lo hace, la primera imagen que aparece es una mano femenina sosteniendo una copa de champagne hecha de un cristal finísmo y como se resbala entre sus dedos y, a cámara lenta, desde un plano cenital, va cayendo hasta estallar en mil pedazos al contactar con la baldosa del suelo. Está claro que original en mis pensamientos no soy….

Y eso me ha hecho pensar en lo débiles e indefensos que somos en general, cómo una decisión, propia o ajena, puede revelar todas nuestras debilidades, cómo puede ocurrir que mostremos nuestros miedos, nuestros temores, nuestros “fantasmas”… cómo el exponernos así al resto de la gente nos da una sensación de desprotección que nos angustia, que nos provoca ansiedad, que nos duele en ese ligerísimo hueso de los sentimientos… y cómo, para ello, nos protegemos, buscamos corazas, armaduras, máscaras, caretas, cascos, yelmos, golas, guanteletes y grebas… Cualquier cosa que nos defienda, posiblemente, de nosotros mismos… y, probablemente, el modo que tenemos de negarnos esas “taras” para no vernos enteros. Eso, claro, cuando decidimos afrontar las cosas y no huir o hacer el avestruz…

Supongo que ir por la vida a pecho descubierto, tampoco es la solución, como, imagino, no lo es, escudarnos en que no lo hacemos porque tenemos los hombros cargados o la espalda ancha y podemos con todo y con más, o aprovechar el agua de la ducha para que se confunda con las lágrimas cuando ya estamos a rebosar buscando esa intimidad tan personal…. Reconozco que poquísima gente me ha visto llorar por algo que sentía muy dentro, que no soy de lágrima fácil, pero, reconozco también, que han sido esos momentos, los de mayor libertad interna e interior que he tenido, que esa sensación de ser un pingajo, al mismo tiempo, me daba una tranquilidad conmigo mismo que pocas veces he conseguido. Paradojas de la fragilidad….


PD: ¿Por qué ese momento de fragilidad se produce cuando mejor estamos anímicamente? ¿O simplemente creemos estarlo? ¿Por qué tapamos nuestros sentinientos?
domingo, agosto 09, 2015

la rendición de granada (1882, francisco pradilla)

Mi entorno más próximo [curioso, todo él es femenino] conoce la atracción que siento por los perdedores, por quienes permitieron a otros vivir la gloria y pasar a la historia [e, incluso, a la Historia]. Soy un rendido admirador de Bugno y Chiappucci en 1991 y 1992, de Robert Scott, de Boris Spaski, de George Foreman en Kinsasa, de Dominique Wilkins en los concursos de mates, de Sepp Maier frente a Panenka, de cualquiera de los que pelearon contra Rocky Marciano, de George Mallory, de Stirling Moss, de Raymond Poulidor, de Deborah Kerr, Peter O’Toole y Richard Burton en las noches de los Oscars, de….

Bueno, pero también soy un incondicional de personas anónimas que permiten a otros conocer los laureles del éxito de manera cotidiana… de quien con paso decidido se dirige al último taburete libre del bar o asiento del autobús y es ocupado en el instante final por otra persona, del muchacho totalmente enamorado que “pierde” a la chica porque se va con otro y ambos [el muchacho y ella] saben que se equivoca, de quien recibe un “vuelvo en media hora” y espera, permanece ahí aunque los minutos se transformen en horas, días, meses... de quien no llama por no molestar.... Soy y seré un defensor de quienes pierden pequeñas batallas, y eso no les impide luchar por ganar el combate final...

Quizás esta fascinación viene dada porque, en el fondo, sólo uno puede ganar y eso nos iguala al resto... tal vez, porque estos perdedores siguen levantándose, se sacuden el polvo, cogen el pico y la pala y vuelven a la carga, intentando que, en la próxima ocasión, ser ellos los triunfadores... posiblemente, porque se enfrentan a todo sin armaduras ni máscaras, aunque les puedan partir la cara... sin duda, porque van con todo, y creen que sólo quedan en la memoria los triunfos más honestos y que aunque no siempre gane el mejor, creen que el mejor saldrá ganando... y principalmente, porque se niegan a conformarse, a pensar que las cosas sólo salen bien en las películas o en los libros de Corín Tellado...


PD: ¿Cuántas veces necesitamos caer para ganar? ¿Hay quien gana siempre? ¿Nos ganan en igualdad de condiciones?

Posiblemente, la banda sonora de esta entrada, si la relees, pueda ser ésta.
jueves, julio 23, 2015

más dura será la caída (1956, mark robson)

En los últimos días me he sentido como el viejo boxeador que se aferra a un nosesabequé interno para dejarlo todo a sus espaldas e irse sin mirar atrás. Me he sentido como esa vieja gloria que lanza sus puños hacia adelante pero no consigue que impacte ninguno, provocando una imagen de balanceo que, visto desde el graderío, no deja sino una secuencia ridícula y absurda y, por el contrario, siente recibir jabs y uppercuts de distintas partes, uno tras otro, y que cuando casi se ha recuperado del anterior, llega el siguiente, en las costillas, que le deja sin aire y, aun así, se niega a abandonar el centro del cuadrilátero, como si salir de ahí fuese una huida que le avergonzase…

Piensa, el ya canoso deportista, que se enfrenta a rivales más jóvenes, y quizás no lo son, y se trata, simplemente, que las piernas ya no son tan veloces, que los brazos ya no tienen tan fuerza y que cada vez le cuesta más esquivar las ofensivas del rival que él siente cada vez con más fuerza. Cree el maduro contendiente, enrabietado, con el fin de ir ganando tiempo y algo de resuello, que la única táctica valida en estos momentos, sea abrazarse al contrario para impedir que siga golpeando. No obstante, bien es sabido, que los veteranos de las doce cuerdas, son buenos encajadores y, salvo aquellas veces que doblan las rodillas, dado que el golpe ha sido demasiado fuerte o inesperado, no tocarán la lona. Son, los miembros de esta vieja guardia, gente que no se quejará, que no se inmutará ante los crochets recibidos y seguirá recibiendo puñetazo tras puñetazo. Algo en su interior, les obliga a permanecer en pie…

Queda un último asalto. El viejo púgil, sentado en el taburete, en su esquina, sostiene, sobre sus cuarteados y despellejados guantes, con la mirada perdida en ella, la toalla. Está en trance. Miles de imágenes se le agolpan antes de que suene la campana. Y duda… Duda si tirar esa tela al suelo y abandonar. Piensa que le sobran ausencias… que le faltan presencias….


PD: ¿Por qué hay veces que un grano de arena se nos antoja una cordillera inalcanzable? ¿Cuántas veces somos capaces de caernos y levantarnos? ¿Alguno de los golpes será el definitivo o será la suma de todos ellos?

PD: creo que a esta entrada le va ideal, como banda sonora, esta canción...
viernes, abril 04, 2014

evasión o victoria (1981, john huston)

Hace un par de semanas, Vitor Borba Ferreira Gomes [vamos, Rivaldo] anunció que lo deja, que se retira, que ya no sigue. Lo hace faltando menos de un mes para cumplir cuarenta y dos “castañas”. Y, claro, teniendo en cuenta que él es mayor que yo, eso me ha hecho pensar que aún tengo una posibilidad, ya que como decía Publio Sirio “la oportunidad se presenta tarde y se marcha pronto” y me estaba preguntando si no será éste mi caso y, resulta que, simplemente, estaban esperando mi momento de máxima madurez para hacerme una oferta irrechazable, a la cual no me pudiera negar…

Con ocho o nueve años me hicieron una prueba para un equipo de fútbol [bueno, en realidad, insistí a mis padres en ir…] Con tan tierna edad, remataba como "Santillana", el mismísimo Arconada parando, galopaba por la banda con medias bajas cual Gordillo en el Betis… o eso, creía yo… La audición para el noble arte de darle patadas a un balón se saldó con un "ya te llamaremos…". Y en ello estoy… Creo que se les ha debido traspapelar el número de teléfono y tampoco es cuestión que sientan que les hago un reproche si les llamo ahora, más de treinta años después, pero el caso es que acabo de alcanzar los cuarenta y ya sólo me queda el último contrato bueno… Y primero… Y único… Bueno, eso, e instalarme en la depresión y crisis de los cuarenta...

El caso es que, si Rivaldo con cuarenta y dos lo va a dejar, yo, más joven y muchísimo menos castigado por las lesiones que él, tengo una oportunidad. Lo mismo, ahora, alguien, al leer esto, se acuerda y dice “¡¡Ostras!! ¡¡Sí!! ¡¡El chaval éste!! Que no lo llamamos…” Bueno, que no guardo rencor, que aún estoy disponible, que un despiste así nos puede pasar a cualquiera…. Ocurre que, si no llaman pronto, tendré que hacer como el marqués de Del Bosque allá por 2003 [con fotógrafo de Marca, por supuesto] e ir al INEM. Y no queda bien, decir que aún no tengo experiencia como futbolista…


PD: ¿Por qué hay cosas que se nos quedan marcadas desde críos? ¿Por qué, al recordarlo, sigue habiendo un cierto regusto amargo? ¿Será que aún nos duele?
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