domingo, enero 21, 2007

al diablo (2004, lucas masciano)

Tengo la tremenda suerte de que mis padres y abuelos me han educado muy bien, o, por lo menos, lo han intentado, que si no ... Si no fuera por eso, saco la espada y me quedo solo (por cierto, no tiene nombre aún, y ya he comentado que una espada que se precie debe tener un nombre). El caso es que hay situaciones en las que pongo a prueba a mis nervios, a mi paciencia y a mi educación, pero me dan unas ganas de desenvainar .... Todo esto viene a cuento de que estoy hasta los mismísimos de las paradas de autobús. Bueno no exactamente es así. Concretamente de las señoras que llegan las últimas a la marquesina, justo cuando llega el autobús que estás esperando, y en un pis-pas, se te han colado, entran en posición de podio, se sientan y aún tienen los santos ovarios de guardarle el asiento de al lado a la amiga que como va con bastón no puede correr como ella y ha subido en posición de diploma olímpico, porque eso sí, siempre entran entre las siete primeras personas (la duda que me surge es si la que llega más rezagada tiene alguna lesión producto de un abordaje "autobusil" anterior).
Pues no, señora, no. Si llega de las últimas se jode y espera, como hemos hecho los demás. ¿Y qué es eso de guardar el asiento a otra persona? Puedo entender que suba, que coja el asiento y que se lo ceda a esta amiga suya (o a su madre, o a su tía con dificultades motrices, o a su santa abuela) pero eso de quedarse con los dos, no. ¡Faltarías más! Los chavales esperando que llegue el transporte urbano, los entrañables abuelitos, con sus nietos asidos de la mano, aguardando en la marquesina, para que llegue usted y, tras una demostración de adelantamientos temerarios (que tendrían que quitarle puntos del carnet de peatón), les quite la ilusión de poder realizar el trayecto sentados, no, señora no. Y lo peor aún está por llegar. No soporto que después de todo esto, aún tenga la desfachatez de hablar con la voz en grito felicitándose por la suerte que han tenido usted y su íntima de llegar a tiempo a subir al autobús y de encontrar un par de asientos libres, para acto seguido que todo el mundo se entere que a la pobre de su amiga Mari, el niño le ha suspendido dos, que qué pobre, que qué mala suerte ha tenido con el chaval, que a su vecina el otro día se la encontró en el Caprabo y le contó lo malito que está un tío suyo (de su vecina, digo) en el pueblo. Pues no señora, me importa un carajo. De hecho, todo eso eso la va a contar usted a mi amiga de acero, tranquilamente, pronunciando bien todas las palabras, ahí de pie, junto a la ventanilla, mientras el señor, sentado, le cuenta a su nieto, también sentado, qué harán cuando lleguen a casa. Y a su amiga, que le vayan dando, si no ha llegado, no ha llegado y punto. Que el señor conductor tiene un horario que cumplir y si no lo hace, le van a regañar sus jefes. Además su amiga será, como lo llaman ahora, un daño colateral. Que hubiera tenido más cuidado la última vez que decidió subir a un autobús.
Tengo que reconocer que estas situaciones se repiten con mayor frecuencia, los días de lluvia. Así que, que una señora trate de hacerme esta pirula y, además lleve una bolsa translúcida en la cabeza, me enerva.


PD: ¿Por qué no se pide la vez en las paradas del autobús? Facilitaría mucho las cosas y la señora no se hubiese ido pálida a casa después de haber conversado con mi espada.

1 ingredientes:

IÑAKI dijo...

a mi una vez en madrid y siendo los primeros en llegar a la parada pero como llevabamos bultos nos hicimos un poco al lado y cuando vamos a subir nos salta es conductor que a esperar en la fila a que llegue nuestro turno que nada de colarse.... ¿pero si llevamos esperando aqui un rato enorme y hemos sido los primeros en llegar!!!! Yo generalmente en las villasesas prefiero ir de pie que asi no me tengo que preguntar si debo dejar mi sitio a la señora "mayor" de turno.

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